El riesgo país argentino volvió a ubicarse en torno a los 500 puntos básicos, un número que el Gobierno de Milei intenta vender como un logro histórico. Sin embargo, el dato llega después de un ajuste brutal, endeudamiento creciente y destrucción del entramado productivo, y aun así permanece muy por encima de los niveles que tuvo la Argentina durante la llamada década ganada, cuando el país crecía, se desendeudaba y ampliaba derechos.
Por Celina Fraticiangi para NLI

El Gobierno celebró en las últimas horas la baja del riesgo país, que rondó los 500 puntos básicos según el índice que elabora JP Morgan. En la narrativa oficial, ese número aparece como la prueba de que “el mercado confía” en el rumbo económico de Milei. Pero detrás del titular optimista se esconde una realidad mucho menos glamorosa: Argentina sigue siendo un país caro para endeudarse y altamente riesgoso, incluso después de un ajuste social sin precedentes.
El riesgo país mide cuánto más debe pagar un país para endeudarse en comparación con Estados Unidos. Cuanto más alto el número, más desconfianza existe. Que Argentina siga en torno a los 500 puntos significa que el acceso al crédito internacional continúa siendo limitado, costoso y condicionado, muy lejos de lo que implicaría una situación macroeconómica sólida.
Ajuste, recesión y sacrificio social
La baja reciente no se explica por una mejora estructural de la economía real, sino por políticas de ajuste extremo: licuación de jubilaciones y salarios, caída histórica del consumo, paralización de la obra pública, tarifazos y recesión profunda. A eso se suma un esquema que vuelve a colocar al endeudamiento como salida, en un contexto donde la producción y el mercado interno están devastados.
Es decir, el número no baja porque la Argentina esté mejor, sino porque el costo del ajuste lo pagó la sociedad. El mercado financiero responde a señales de corto plazo, no al bienestar general ni al desarrollo sostenible.
La comparación inevitable con la década ganada
Cuando el oficialismo intenta presentar este nivel de riesgo país como un éxito, omite una comparación clave: durante la década ganada, con crecimiento económico, creación de empleo, expansión del consumo y políticas de inclusión, la Argentina supo sostener niveles de riesgo significativamente más bajos sin destruir el tejido social.
En aquel período, además, el país avanzó en un proceso de desendeudamiento histórico, canceló compromisos con el FMI y redujo la dependencia de los mercados financieros internacionales. No era un modelo perfecto, pero sí uno que priorizaba la economía real, el trabajo y la soberanía económica, y no la aprobación de Wall Street como único objetivo.
Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, el riesgo país se movió en niveles sensiblemente más bajos que los actuales, aun sin aplicar ajustes salvajes ni destruir el mercado interno. Tras el canje de deuda y el proceso de desendeudamiento encarado por Néstor Kirchner, el indicador llegó a ubicarse por debajo de los 200 puntos básicos, un valor inédito para la Argentina contemporánea. Durante los años de Cristina Fernández, pese a los ataques permanentes del poder financiero y mediático, el riesgo país se mantuvo en gran parte del período entre los 300 y 600 puntos, muy lejos de los picos de cuatro cifras que se verían después y también lejos del relato actual que pretende presentar como un éxito un número que en aquella etapa se lograba con crecimiento, empleo y soberanía económica, no con ajuste y recesión.
Un número que no alcanza
Incluso en términos estrictamente financieros, un riesgo país de 500 puntos no es motivo de festejo. Países de la región con economías estables y previsibles operan con valores muy inferiores. Argentina sigue siendo vista como una economía frágil, vulnerable y sujeta a shocks permanentes.
La diferencia es que ahora esa fragilidad convive con una sociedad empobrecida, una industria golpeada y un Estado reducido a su mínima expresión. Todo para llegar a un número que, aun así, no alcanza para hablar de confianza plena ni de recuperación real.
La foto y la película
El riesgo país puede bajar o subir de un día para otro. Es una foto financiera, no una película de desarrollo. La película que deja Milei hasta ahora es la de más deuda potencial, menos producción, menos consumo y más desigualdad.
Comparado con los logros económicos y sociales de la década ganada, el presente muestra un contraste brutal: entonces se crecía con inclusión; hoy se ajusta para convencer al mercado. Y ni siquiera eso alcanza para salir del lote de países de alto riesgo.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
