Un conflicto que parece no tener fin.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

Los trabajadores de la planta Pilar de la avícola Granja Tres Arroyos llevan ya más de una semana de paro por tiempo indeterminado en reclamo del pago de salarios, aguinaldos y otros conceptos adeudados, tras rechazar de plano la propuesta empresarial de pagar en cuotas una deuda que debería haberse saldado en término.
La medida de fuerza, que afecta a toda la actividad productiva de la planta bonaerense de La Lonja, se inició la semana pasada cuando la asamblea de trabajadores evaluó que la oferta patronal —pagar el aguinaldo en cuatro cuotas y la primera quincena de enero en cinco, con compromisos hasta mediados de febrero para completar pagos atrasados, y un cronograma que extendía algunos pagos incluso hasta mayo— era “inaceptable” para obreros que llevan meses sin percibir sus haberes en tiempo y forma.
Reclamos y testimonios
Voceros de los operarios señalaron que la deuda incluye sueldos ya trabajados, lo que para ellos no es un favor sino una obligación que la empresa no está cumpliendo. “Son sueldos ya trabajados, no estamos pidiendo un favor. Necesitamos una respuesta urgente”, expresaron delegados gremiales, remarcando que no hubo garantías reales de cumplimiento por parte de la patronal.
En relatos directos, trabajadores describieron una situación de máxima tensión y precariedad: cobrar montos ínfimos en relación a lo que se les debe, tener que recurrir a trabajos informales para llegar a fin de mes y enfrentar dificultades económicas graves en sus hogares.
Conflicto estructural y antecedentes
Este conflicto no surgió de la nada. El problema en Granja Tres Arroyos se arrastra desde fines de 2024, cuando la empresa comenzó a fraccionar salarios y reducir remuneraciones con la intención de evitar despidos masivos, manteniendo ese esquema durante todo 2025 y cerrando una de sus plantas en Concepción del Uruguay pese a las promesas de no reducir personal.
Durante 2025, cerca de 400 trabajadores dejaron la empresa entre despidos, retiros voluntarios y acuerdos, en medio de un procedimiento preventivo de crisis que no logró recomponer el flujo financiero de la compañía, según los propios trabajadores.
La producción, según testimonios de los empleados, no se ha visto reducida en términos de volumen, y pese a eso la empresa no habría cumplido con sus compromisos salariales, lo que para los operarios demuestra que la falta de pagos no se explica por la capacidad productiva sino por una falta de liquidez y voluntad para honrar las obligaciones laborales.
Sin solución y con perspectiva de escalada
Por ahora, la planta de Pilar permanece paralizada, con el paro total y sin fecha clara de resolución. Los trabajadores advierten que no retomarán sus tareas hasta que se cancelen las deudas acumuladas sin aceptar más propuestas de pagos fraccionados, que consideran insuficientes y una forma de prolongar indefinidamente el incumplimiento patronal.
El conflicto de Granja Tres Arroyos expone, una vez más, las tensiones estructurales entre capital y trabajo en un contexto donde los derechos salariales básicos de los trabajadores quedan supeditados a decisiones empresariales que dilatan el cumplimiento de obligaciones elementales.
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