Un nuevo estudio científico publicado en la revista Communications Earth & Environment revela que la atmósfera terrestre habría viajado hasta la Luna y quedado atrapada en su suelo durante miles de millones de años. El hallazgo podría permitir reconstruir la historia del aire que respiró la Tierra primitiva y abre una ventana inédita sobre la evolución del planeta.
Por Alina C. Galifante para NLI

Imagen: Dr Gavin Leroy/COSMOS-Webb collaboration
Un registro oculto en el polvo lunar
Investigadores internacionales demostraron que iones provenientes de la atmósfera terrestre lograron implantarse en el suelo lunar, especialmente en la cara visible de la Luna, a lo largo de la historia del campo magnético terrestre. Este fenómeno ocurrió cuando el satélite atravesaba la cola magnética de la Tierra, una región donde partículas de nuestra atmósfera pueden escapar y ser transportadas por el viento solar.
El estudio utilizó simulaciones magnetohidrodinámicas tridimensionales para analizar cómo el campo magnético del planeta influyó en el transporte de partículas hacia la Luna y concluyó que la transferencia fue eficiente principalmente cuando la Luna se encontraba dentro de esa región magnética.
La Luna como archivo de la atmósfera primitiva
El trabajo explica que ciertos elementos volátiles —como hidrógeno, carbono, nitrógeno y gases nobles— presentes en el suelo lunar no provienen exclusivamente del viento solar. La proporción isotópica observada sugiere un origen terrestre que quedó registrado en el regolito lunar durante miles de millones de años de actividad del geodinamo terrestre.
Según los autores, los suelos lunares enterrados podrían preservar una especie de archivo fósil de la atmósfera de la Tierra, permitiendo reconstruir cómo evolucionó el aire del planeta desde épocas remotas, incluso durante el Eoarcaico.
El rol del campo magnético y el viento solar
El estudio también aporta una conclusión clave: el campo magnético terrestre no siempre actuó como un escudo protector, sino que en ciertos escenarios facilitó la supervivencia de partículas atmosféricas a grandes distancias, compensando su pérdida hacia el espacio.
Además, se determinó que el viento solar primitivo —mucho más intenso que el actual— pudo haber sido un factor decisivo en la transferencia de partículas hacia la Luna, independientemente de la presencia del campo magnético.
Implicancias para la ciencia planetaria
Los resultados sugieren que la Luna podría conservar información directa sobre la evolución atmosférica de la Tierra, lo que permitiría comprender mejor cómo se desarrollaron las condiciones de habitabilidad del planeta y cómo interactúan los campos magnéticos con las atmósferas planetarias.
Este descubrimiento refuerza la idea de que nuestro satélite natural no es solo un cuerpo celeste inerte, sino un archivo geológico y químico del sistema Tierra-Luna, con claves fundamentales para reconstruir la historia del sistema solar.
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