Físicos intentan demostrar que lo que sentimos como pasado y futuro podría no existir como creemos.
Por Alina C. Galifante para NLI

La idea suena a ciencia ficción, pero cada vez más físicos teóricos discuten algo provocador: el tiempo podría no ser una pieza fundamental del universo, sino una ilusión que surge de cómo funciona la física cuántica. Lo que para nosotros es algo obvio —que el tiempo pasa— podría ser, en realidad, una forma en que nuestra mente y las leyes físicas organizan la información.
Desde chicos aprendemos que el tiempo “avanza”: hay un pasado que ya ocurrió, un presente que estamos viviendo y un futuro que todavía no llegó. Sin embargo, cuando los científicos miran las ecuaciones más profundas de la física, descubren algo desconcertante: en muchos casos, las leyes fundamentales no distinguen entre pasado y futuro.
Lo que dicen las ecuaciones (y por qué generan dudas)
En la física de Albert Einstein, por ejemplo, no existe un “ahora” universal. Dos personas que se mueven a distinta velocidad pueden no estar de acuerdo sobre qué sucedió primero. Eso ya pone en crisis la idea de un tiempo absoluto.
Por otro lado, en la física cuántica, las ecuaciones básicas funcionan igual si el tiempo va hacia adelante o hacia atrás. En otras palabras, a nivel fundamental, el universo no parece tener una flecha del tiempo clara.
Entonces, ¿por qué nosotros sí sentimos que el tiempo avanza? Una respuesta clásica es la entropía: el desorden tiende a aumentar. Un vaso que se rompe no se recompone solo. Esa irreversibilidad crea la sensación de que el tiempo tiene dirección. Pero eso no termina de explicar qué es el tiempo en sí.
La hipótesis más radical: un universo sin tiempo fundamental
Algunos físicos retomaron una idea propuesta en los años 80 por Don Page y William Wootters: tal vez el universo completo no cambia “en el tiempo”, sino que es una especie de bloque donde todo —pasado, presente y futuro— coexiste.
Una comparación sencilla es la de un libro ya impreso. Todas las páginas están ahí al mismo tiempo. Sin embargo, cuando lo leemos, sentimos que la historia avanza. Según esta visión, el tiempo sería algo que emerge de nuestra perspectiva interna, no una corriente que fluye por fuera de nosotros.
La clave estaría en el entrelazamiento cuántico. Distintas partes del universo estarían correlacionadas entre sí. Al observar una parte (por ejemplo, un reloj) y compararla con otra, surge la impresión de cambio y, por lo tanto, de tiempo.
¿Se puede probar algo así?
Hasta hace poco, esto era solo una especulación teórica. Pero nuevos desarrollos matemáticos sugieren que esta idea podría ponerse a prueba en sistemas cuánticos controlados en laboratorio.
Si los experimentos confirmaran que la sensación de tiempo puede surgir sin que exista un “tiempo fundamental”, estaríamos ante un cambio profundo en nuestra manera de entender la realidad.
Eso no significa que los relojes dejen de funcionar ni que nuestra vida cotidiana cambie. Seguiremos envejeciendo y mirando el calendario. Pero a nivel profundo, podría resultar que el universo no “avanza”: simplemente es.
En definitiva, la hipótesis de que el tiempo podría ser una construcción emergente y no una base absoluta del cosmos abre uno de los debates más fascinantes de la ciencia actual. Y si se confirma, obligará a repensar no solo la física, sino también nuestra propia idea de existencia.
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