Industriales y economistas advierten que el atraso cambiario y el aluvión de importaciones chinas generan un “industricidio” en Argentina. Caída productiva, pérdida de empleo y falta de crédito configuran un escenario crítico para 2026.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

La industria manufacturera argentina atraviesa una de las etapas más delicadas de los últimos años. La combinación de atraso cambiario, apertura importadora y tasas de interés elevadas está configurando lo que distintos analistas definen sin rodeos como un posible “industricidio”. El fenómeno no es aislado ni coyuntural: responde a una arquitectura macroeconómica que, en nombre de la desinflación, está erosionando el aparato productivo nacional.
El diagnóstico fue expuesto con claridad por el economista Federico Poli,en diálogo con Splendid AM 990, quien describió un “efecto pinza” sobre la industria: por un lado, un tipo de cambio que funciona como ancla antiinflacionaria y encarece los costos en dólares; por el otro, una creciente penetración de productos importados —especialmente de origen chino— que compiten con precios difíciles de igualar para la producción local.
Atraso cambiario y pérdida de competitividad industrial
El esquema cambiario actual genera un fenómeno estructural: el dólar funciona como freno inflacionario, pero al mismo tiempo opera como subsidio indirecto a las importaciones y castigo a la producción nacional.
Con costos internos en alza, presión tributaria elevada y financiamiento escaso, las empresas manufactureras pierden competitividad tanto en el mercado interno como en el externo. El resultado es una caída en márgenes de rentabilidad, reducción de turnos productivos y postergación de inversiones.
La industria, que históricamente fue motor de empleo formal y valor agregado, enfrenta así una pérdida progresiva de escala. Sectores como metalurgia, textil y bienes intermedios son especialmente vulnerables en este contexto.
Invasión de importaciones y presión china
El segundo componente del “efecto pinza” es el crecimiento sostenido de bienes importados a precios altamente competitivos, en particular provenientes de China.
La entrada masiva de productos terminados impacta de lleno en ramas industriales intensivas en mano de obra. Muchas firmas locales no pueden igualar precios sin operar a pérdida. El efecto inmediato es la reducción de producción; el mediato, el cierre.
Desde el sector advierten que sin mecanismos de defensa comercial —como cuotas o medidas antidumping— el daño puede volverse estructural. Las reglas de comercio internacional contemplan herramientas de protección cuando existe daño comprobado a la industria doméstica, pero su aplicación depende de decisión política.
Tasas altas y falta de crédito: el tercer factor crítico
A la presión cambiaria e importadora se suma un tercer elemento: el crédito productivo prácticamente inexistente o inaccesible por tasas elevadas.
Sin financiamiento razonable, las empresas no pueden modernizar maquinaria, invertir en tecnología ni sostener capital de trabajo. La combinación de dólar atrasado y tasas altas configura un escenario contractivo que desalienta cualquier expansión productiva.
El problema trasciende lo empresarial: la industria manufacturera es uno de los principales generadores de empleo formal. Su retracción implica pérdida de puestos de trabajo, menor consumo interno y deterioro social.
La advertencia es clara: si la estrategia antiinflacionaria se sostiene exclusivamente en atraso cambiario y apertura importadora, el costo puede ser la desarticulación de la matriz productiva.
La discusión ya no es sólo macroeconómica. Es estructural. Y define qué tipo de país se construye: uno con desarrollo industrial propio o uno dependiente de bienes importados.
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