La explosión de conductores en plataformas digitales expone el lado más crudo del modelo económico actual: salarios que no alcanzan, empleo formal en retirada y miles de trabajadores obligados a manejar hasta 12 horas por día para sobrevivir.
Por Celina Fraticiangi para NLI

La economía argentina suma un nuevo síntoma de deterioro estructural: el crecimiento acelerado de trabajadores en aplicaciones de transporte. Según revela un reciente informe de Página/12, en apenas tres meses se produjo una verdadera “explosión de choferes”, con decenas de miles de personas volcándose a este tipo de actividad como última alternativa laboral.
Lejos de representar una oportunidad de progreso, este fenómeno refleja una economía en retroceso, donde profesionales, jubilados y trabajadores empobrecidos encuentran en las apps un refugio precario. La postal es contundente: personas que antes tenían empleos estables hoy dependen de algoritmos para generar ingresos mínimos.
El algoritmo como patrón invisible
Uno de los aspectos más críticos que describe la nota es el rol de los sistemas automatizados que asignan viajes y tarifas. Los trabajadores denuncian que estos algoritmos funcionan de manera opaca, con reglas cambiantes que afectan directamente sus ingresos.
En la práctica, esto implica que el chofer nunca sabe cuánto va a ganar realmente, ni bajo qué condiciones. Tarifas que bajan sin explicación, viajes menos rentables y penalizaciones encubiertas forman parte de un esquema que traslada todo el riesgo al trabajador.
La lógica es clara: las plataformas maximizan su rentabilidad mientras los conductores absorben los costos (combustible, mantenimiento, desgaste del vehículo) y la incertidumbre económica.
Jornadas de hasta 12 horas para llegar a fin de mes
El dato más alarmante es la extensión de la jornada laboral. Según el relevamiento, muchos choferes manejan entre 10 y 12 horas diarias para alcanzar ingresos que apenas cubren sus necesidades básicas.
Esto no solo implica un deterioro en la calidad de vida, sino también un aumento del riesgo vial y de problemas de salud. La fatiga, el estrés y la presión por cumplir objetivos económicos convierten al trabajo en una actividad de alta exigencia física y mental.
Detrás de cada viaje hay una realidad que el usuario no ve: horas acumuladas, ingresos inciertos y una competencia creciente entre trabajadores que compiten entre sí por un mercado saturado.
Una válvula de escape ante la falta de empleo
El crecimiento del sector no responde a una expansión económica saludable, sino a todo lo contrario. La llegada masiva de conductores está vinculada con la pérdida de poder adquisitivo y la falta de empleo formal.
En ese contexto, las apps funcionan como una “válvula de escape” para una economía que no genera puestos de trabajo de calidad. Sin embargo, esta salida tiene un costo: la consolidación de un modelo laboral sin derechos, sin estabilidad y sin protección social.
Precarización 4.0: cuando la tecnología profundiza la desigualdad
El caso de los choferes de aplicaciones sintetiza una tendencia más amplia: la llamada economía de plataformas no elimina la precarización, sino que la moderniza.
Bajo la promesa de flexibilidad e independencia, lo que emerge es un esquema donde el trabajador queda aislado, sin negociación colectiva y sometido a decisiones automatizadas.
El resultado es una paradoja: en plena era digital, miles de personas trabajan más horas que nunca para ganar menos.
Un modelo que crece al ritmo de la crisis
La expansión de los choferes de apps no es un fenómeno aislado, sino un reflejo directo del rumbo económico. A medida que caen los ingresos reales y se reducen las oportunidades laborales, cada vez más argentinos ingresan a este circuito de supervivencia.
Lo que se presenta como innovación tecnológica termina funcionando como un indicador social: cuando el empleo formal retrocede, las plataformas avanzan.
Y detrás del volante, lo que crece no es la libertad, sino la necesidad.
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