Con Milei hasta la papa se convierte en un lujo: $4.000 el kilo en CABA mientras la oferta se achica

La papa negra común ya cuesta hasta $4.000 el kilo en CABA. Escasez, clima, transporte y márgenes comerciales explican el salto de precios.

Por Redacción de NLI

La papa, uno de los alimentos más básicos de la mesa argentina, empezó a adquirir un precio que hasta hace poco parecía reservado para productos considerados “premium”. En distintas verdulerías de la Ciudad de Buenos Aires, el kilo de papa negra común se ofrece en estas semanas entre $3.000 y $4.000, un valor que vuelve a poner en discusión qué está ocurriendo con los alimentos frescos y cuánto termina pagando el consumidor por un producto que atraviesa una cadena de producción, transporte, distribución y comercialización cada vez más cara. El fenómeno no es exclusivamente porteño: en Salta la bolsa llegó a duplicar su valor en pocos días, mientras que en Jujuy ya se habla de bolsas de papa blanca de 29 o 30 kilos cercanas a los $30.000.

Lo llamativo es que la papa no está atravesando simplemente un aumento aislado, sino una combinación de factores que permite observar en pequeña escala varios de los problemas que atraviesan los alimentos en la Argentina de 2026: oferta estacional más ajustada, problemas climáticos en algunas regiones productoras, costos logísticos, menor disponibilidad en determinados mercados y, sobre todo, una diferencia cada vez más difícil de explicar entre el precio mayorista y el precio que encuentra el consumidor en la verdulería. Y allí aparece una pregunta inevitable para cualquier familia que hace las compras: si en el Mercado Central la papa se comercializa a valores considerablemente menores, ¿en qué tramo de la cadena se multiplica el precio?

La papa mayorista ya aumentó, pero la brecha se vuelve el problema

Los datos disponibles del Mercado Central de Buenos Aires muestran que el aumento existe y es significativo, aunque también permiten dimensionar la diferencia con el precio minorista. Durante julio, el precio mayorista de la papa relevado por un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) aumentó 30,4% respecto de junio, convirtiéndose en una de las principales subas dentro del conjunto de verduras, tubérculos y legumbres. En ese mismo período, el promedio de las seis principales hortalizas aumentó 18,1% en el Mercado Central.

La cotización (en los papeles al menos) de la papa del sudeste bonaerense cepillada se ubicaba en el Mercado Central alrededor de $1.444 por kilo, calculado sobre una bolsa de aproximadamente 18 kilos, mientras que las bolsas se negociaban alrededor de $25.000-$27.000 en puestos. En la nave mayorista, distintas procedencias —Córdoba, Sudeste y Villa Dolores— se ubicaban entre $23.000 y $26.000 por bolsa.

Eso no significa que una papa comprada en el Mercado Central deba necesariamente venderse a $1.444 en una verdulería: hay flete, descarga, almacenamiento, merma, alquileres, salarios, impuestos y otros costos. Tampoco todas las variedades ni calidades son equivalentes. Pero la distancia entre ese valor mayorista de referencia y los $3.000 o $4.000 que pueden encontrarse en determinados puntos de CABA es suficientemente grande como para que la formación del precio minorista merezca ser discutida.

El propio informe de CEPA aporta un dato que excede largamente a la papa: la diferencia promedio entre los precios del Mercado Central y las grandes cadenas de supermercados llegó al 90,6% durante julio. Es decir, la inflación de los alimentos no se explica únicamente por lo que sucede en el campo. Entre el productor y el consumidor existe una cadena comercial cuyos márgenes, costos y estrategias de precios también pesan.

Del clima al transporte: por qué falta papa

La explicación inmediata para el salto de precios aparece en buena medida por el lado de la oferta. En Salta, Juan Russo, presidente de Cofruthos, señaló que la bolsa pasó de valores de $18.000-$20.000 a $30.000-$35.000, mientras que en las verdulerías el kilo llegó a unos $2.500. Según el dirigente, las condiciones climáticas afectaron a las zonas productoras de Balcarce, Mar del Plata y el sur de Córdoba, que en este momento constituyen fuentes importantes de abastecimiento para el mercado salteño.

En Jujuy la situación también comenzó a sentirse con fuerza. Allí comerciantes consultados señalaron que una bolsa de 30 kilos de papa blanca ronda los $30.000, mientras una de 29 kilos se acerca a los $29.000. En este caso aparece otro componente fundamental: buena parte de la mercadería llega desde el sur, por lo que el transporte y el costo del combustible terminan incorporándose al precio final. La expectativa de los operadores es que el ingreso de producción de zonas como Aguas Calientes permita ampliar la oferta y moderar las cotizaciones.

El mapa productivo argentino explica parte de esta sensibilidad. La papa que consume buena parte del país depende de un conjunto relativamente concentrado de regiones productoras y de un sistema de abastecimiento que debe mover toneladas de mercadería por largas distancias. Córdoba, Villa Dolores y el sudeste bonaerense tienen un papel central en distintos momentos del calendario productivo. Cuando una zona reduce su oferta, otra tiene que cubrir el faltante y eso repercute sobre fletes, disponibilidad y precios.

Pero existe además una paradoja que conviene no perder de vista. La papa viene de atravesar un 2025 de sobreoferta y precios extremadamente bajos para los productores. El propio Mercado Central explicó a comienzos de 2026 que durante buena parte del año pasado el exceso de producción había deprimido fuertemente las cotizaciones, al punto de que productores denunciaban valores de venta muy inferiores a sus costos. A fines de 2025, la papa llegó a registrar una recomposición del 50% en el Mercado Central, precisamente después de un período de abundancia.

Es decir: el productor puede pasar de vender demasiado barato a enfrentar una oferta escasa y precios altos sin que eso signifique necesariamente que esté obteniendo una renta extraordinaria. El problema está en la inestabilidad de toda la cadena, que termina descargándose sobre productores y consumidores de manera diferente.

Una papa cara en un país donde cada peso cuenta

El caso de la papa resulta especialmente sensible porque no estamos hablando de un alimento marginal. La papa es uno de los productos más habituales de la dieta argentina y tiene una característica particular: es un alimento de alto volumen y bajo valor relativo, por lo que históricamente fue uno de los productos que permitían “estirar” una compra familiar. Cuando ese producto empieza a costar $3.000 o $4.000 el kilo, la discusión deja de ser anecdótica.

Y ocurre en un contexto en el que los alimentos frescos vienen mostrando fuertes movimientos de precios. El informe de CEPA citado por Argenpapa registró para julio una suba del 17,3% en verduras, tubérculos y legumbres, con una incidencia estimada cercana a 0,4 puntos porcentuales sobre el índice general. La papa, con su aumento mayorista del 30,4%, estuvo entre los principales motores de esa dinámica.

El Gobierno de Javier Milei sostiene desde hace tiempo que la estabilización macroeconómica y la eliminación de controles terminarían generando un mercado más eficiente. Pero la góndola ofrece una discusión bastante más concreta: una familia no compra macroeconomía, compra un kilo de papa. Y cuando ese kilo cuesta el equivalente a una porción cada vez más importante del ingreso cotidiano, las estadísticas generales dejan de ser una abstracción.

Por supuesto, sería incorrecto atribuir cada aumento puntual de la papa exclusivamente a una decisión del Gobierno nacional. La producción agrícola está atravesada por ciclos biológicos, clima, disponibilidad de agua, superficies sembradas, costos de producción y estacionalidad. En este caso hay evidencia concreta de problemas de oferta y de factores climáticos que ayudan a explicar el salto. Pero también es legítimo preguntarse qué políticas existen para amortiguar esas oscilaciones, mejorar la logística, garantizar competencia y evitar que una dificultad en origen termine multiplicándose varias veces en el mostrador.

Porque la discusión de fondo no es solamente cuánto cuesta la papa. Es qué sucede cuando un producto básico aumenta mucho más rápido que los ingresos de quienes lo consumen. Y también qué sucede cuando entre el precio mayorista y el minorista aparece una distancia que convierte una dificultad productiva en una oportunidad comercial para algunos y en un problema alimentario para millones.

Por ahora, en el Mercado Central la papa todavía puede encontrarse alrededor de los $1.400 por kilo en determinadas referencias mayoristas, mientras en las provincias del norte el producto ya llegó a niveles que preocupan a comerciantes y consumidores. Y en CABA, según los precios observados en comercios minoristas, la papa negra común puede alcanzar los $4.000 el kilo.

La papa, aquella humilde compañera de la mesa argentina que durante décadas fue sinónimo de comida rendidora y barata, empieza así a convertirse en otro termómetro de una economía donde llenar el changuito exige cada vez más cálculo. Y cuando hasta la papa se transforma en un artículo para comprar “con cuidado”, ya no se trata solamente de una cuestión de mercado: se trata del costo cotidiano de vivir en la Argentina de Milei.


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1 comentario

  1. …se trata del costo cotidiano de vivir en la Argentina de Milei ….Toda pesadilla llega a su fin. Los plazos se acortan. La calle con la gente se ocupará. Sólo es cuestión de tiempo.

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