Estudiantes hizo historia en el Maracaná: eliminó a Flamengo y va por la gloria eterna

El Pincha empató 0-0 en los 90 minutos, resistió con diez jugadores durante todo el segundo tiempo y se impuso 3-2 en la definición por penales, con Fernando Muslera como héroe absoluto. En Río de Janeiro, el equipo de Alexander Medina demostró carácter, disciplina y una personalidad enorme para meterse en la final de la Copa Libertadores 2026, donde enfrentará a Palmeiras el próximo 28 de noviembre, en Montevideo. La ilusión de conquistar la quinta corona continental vuelve a estar más viva que nunca en La Plata.

Por Ignacio Elfratini para NLI

Jugadores de un equipo de fútbol celebrando un gol en un partido, con un ambiente de euforia en el estadio.

Hay noches que explican por qué el fútbol sigue siendo mucho más que una cuestión de presupuesto, nombres propios y estadísticas. Estudiantes de La Plata escribió una página inolvidable de su historia al eliminar a Flamengo en el mismísimo Maracaná, sobrevivir a una segunda mitad infernal con un jugador menos y resolver una semifinal continental desde los doce pasos. El equipo argentino no necesitó dominar durante los 90 minutos ni desplegar un fútbol brillante de principio a fin: necesitó personalidad, orden, solidaridad y un arquero que se convirtió en gigante cuando más lo necesitaba.

El 0-0 de la revancha, después de la igualdad sin goles en el encuentro de ida disputado en La Plata, llevó la serie a los penales. Allí apareció Fernando Muslera, quien contuvo tres remates y fue determinante para que el Pincha se impusiera por 3-2. Flamengo, con su jerarquía individual, su localía y el empuje de su gente, quedó eliminado. Estudiantes, en cambio, se ganó el derecho a disputar una nueva final de la Copa Libertadores y a soñar con una quinta conquista que lo devolvería a la cima del fútbol sudamericano.

Una semifinal de resistencia, carácter y sufrimiento

El encuentro en Río de Janeiro tuvo intensidad desde el comienzo. Estudiantes salió a disputar cada pelota como si fuera la última, sin dejarse intimidar por el escenario ni por la calidad de un Flamengo acostumbrado a las grandes noches internacionales. El equipo argentino buscó incomodar, presionar y aprovechar sus oportunidades, mientras el conjunto brasileño intentaba imponer su capacidad ofensiva.

El Pincha tuvo situaciones para abrir el marcador, entre ellas una doble oportunidad que exigió una gran intervención de Agustín Rossi. Marcos Rojo y Leandro González Pírez participaron de una acción peligrosa en el área brasileña, mientras Baltasar Rodríguez también probó desde media distancia. Flamengo respondió con sus individualidades, pero se encontró con una defensa que sostuvo la concentración y con un rival dispuesto a disputar el partido en cada sector del campo.

La lesión de Joaquín Correa antes del descanso representó un contratiempo para Alexander Medina. Sin embargo, el golpe más duro llegó apenas comenzado el segundo tiempo. A los 50 minutos, Baltasar Rodríguez recibió la segunda tarjeta amarilla y dejó a Estudiantes con diez hombres durante prácticamente toda la etapa final.

El panorama parecía ideal para Flamengo: superioridad numérica, estadio colmado y más de 40 minutos para encontrar el gol que le permitiera acceder a la final. Pero el fútbol no siempre responde a la lógica de los pronósticos. Estudiantes reorganizó sus líneas, multiplicó los esfuerzos defensivos y cerró los caminos hacia el arco de Muslera. Cada despeje, cada cruce y cada pelota dividida empezaron a tener el valor de una jugada decisiva.

El equipo de Medina entendió que debía resistir sin perder el orden. Flamengo buscó desnivelar con variantes ofensivas y mayor presencia en ataque, pero chocó contra una estructura defensiva que no se desarmó. Cuando consiguió superar esa primera barrera, encontró a Muslera. El arquero uruguayo respondió ante las oportunidades más peligrosas y sostuvo a un equipo que parecía condenado a sufrir hasta el último segundo.

Estudiantes no ganó por casualidad ni por un golpe aislado de fortuna. Ganó porque supo interpretar el partido, aceptar el contexto adverso y convertir la inferioridad numérica en una obligación colectiva de redoblar esfuerzos. Cuando el partido exigía defender con el alma, el Pincha respondió como un equipo que conoce la dimensión de su camiseta.

Muslera, el héroe de una clasificación inolvidable

Si la resistencia defensiva fue la base de la clasificación, la tanda de penales tuvo un protagonista indiscutido: Fernando Muslera. El arquero uruguayo, con una extensa trayectoria internacional, asumió la responsabilidad de defender la ilusión de todo un club y respondió de manera extraordinaria. Atajó los remates de Jorginho, Lucas Paquetá y Bruno Henrique, tres futbolistas de enorme jerarquía, y transformó la definición en una noche que difícilmente olviden los hinchas albirrojos.

Por el lado de Estudiantes, José Sosa, Eros Mancuso y Tiago Palacios convirtieron sus ejecuciones. Edwuin Cetré no pudo marcar en su turno, pero el equipo mantuvo la serenidad necesaria para aprovechar los errores del rival. El resultado final de la tanda, 3-2, desató la celebración de los jugadores argentinos en uno de los estadios más emblemáticos del continente.

La actuación de Muslera merece un reconocimiento especial. En una definición de esta magnitud, el arquero no solamente debe responder desde lo técnico: también tiene que leer a los ejecutantes, sostener la concentración y transmitir confianza a sus compañeros. El uruguayo hizo todo eso en una misma noche. Cada atajada acercó a Estudiantes a una final que, minutos antes, parecía cada vez más lejana.

El legado de Estudiantes vuelve a escena

La clasificación tiene un significado especial por la historia del club en la Libertadores. Estudiantes conquistó el torneo en 1968, 1969, 1970 y 2009. Aquellas campañas construyeron una identidad asociada a la competitividad internacional, la disciplina táctica y la capacidad de afrontar partidos de máxima exigencia. La clasificación en el Maracaná vuelve a conectar al equipo con esa tradición.

La referencia histórica no debe confundirse con una garantía de éxito. Cada generación construye su propio camino y la final será un desafío completamente diferente. Pero llegar a la definición después de eliminar a Flamengo como visitante, con un futbolista menos durante casi todo el segundo tiempo, representa una demostración de carácter que fortalece la confianza del plantel.

También es un reconocimiento al trabajo de Alexander Medina, que asumió la conducción del equipo en febrero y logró llevarlo hasta el partido decisivo. La semifinal exigió respuestas tácticas, modificaciones para sostener la estructura defensiva y una enorme capacidad de concentración. El entrenador y sus futbolistas supieron adaptarse a las circunstancias sin perder de vista el objetivo.

Palmeiras, el último obstáculo hacia la quinta Libertadores

Ahora espera Palmeiras, que consiguió su clasificación tras eliminar a Fluminense en la otra semifinal. El conjunto paulista ganó 2-1 en la ida, perdió 1-0 en la revancha y se impuso en la tanda de penales por 5-3, después de igualar 2-2 en el resultado global.

La final se disputará el sábado 28 de noviembre en el Estadio Centenario de Montevideo, Uruguay. Será un enfrentamiento entre dos equipos con historia y experiencia en las grandes citas continentales. Palmeiras llega con la fortaleza de un proyecto acostumbrado a competir por títulos, mientras Estudiantes tendrá la oportunidad de demostrar que su clasificación ante Flamengo fue mucho más que una hazaña aislada.

El Pincha necesitará recuperar energías, evaluar el estado físico de sus futbolistas y preparar un partido en el que cada detalle puede resultar determinante. La disciplina defensiva exhibida en Río será un recurso importante, pero la final también exigirá capacidad para atacar, controlar los tiempos y aprovechar las oportunidades que aparezcan. Frente a un rival de semejante jerarquía, resistir no será suficiente: habrá que jugar con inteligencia y ambición.

La ilusión está en marcha. Estudiantes ya superó una de las pruebas más exigentes que podía ofrecerle la Copa y ahora tiene por delante la posibilidad de volver a conquistar América. No será sencillo, pero el equipo demostró que tiene argumentos para competir hasta el final.

En el Maracaná, el Pincha se hizo fuerte cuando todo parecía jugar en su contra. Resistió, confió en su arquero y encontró en los penales la puerta hacia una nueva final. Estudiantes está a un partido de volver a ser campeón de América. La quinta Libertadores dejó de ser un recuerdo del pasado y se convirtió, otra vez, en un sueño posible.


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