La histórica DBT de Sastre, Santa Fe, terminó de confirmar el derrumbe del modelo productivo que Milei empuja sin freno: despidió a casi toda su planta de trabajadores, apagará sus líneas de producción y se limitará a importar equipos terminados desde China. En una ciudad de apenas 6.000 habitantes, el golpe es devastador.
Por Celina Fraticiangi para Noticias La Insuperable

La localidad santafesina de Sastre, en pleno centro-oeste provincial, recibió este martes un mazazo económico: DBT S.A., también conocida como Cramaco, echó a 37 trabajadores, equivalente a casi el 90% de su plantilla. El anuncio fue transmitido al personal en una reunión sorpresiva al mediodía, donde la conducción local confirmó lo que ya se rumoreaba desde hace meses: la fábrica dejará de producir alternadores y grupos electrógenos en Argentina para dedicarse exclusivamente a importarlos desde China.
Una planta emblemática que apaga sus máquinas
Fundada en 1947, Cramaco fue durante décadas uno de los motores industriales de la región. Ya en 1999 adoptó el nombre DBT S.A., y en 2003 se integró al grupo español Himoinsa, lo que le permitió expandirse a mercados internacionales. Aún así, la fábrica mantuvo una particularidad que en la industria nacional era motivo de orgullo: fabricaba íntegramente los alternadores que luego ensamblaba en sus grupos electrógenos.
Ese proceso completo —diseño, fundición, bobinado, ensamble y control de calidad— quedará ahora reducido a cero. La empresa informó que los equipos llegarán terminados desde China y serán distribuidos directamente, sin que quede en pie ni un tornillo local.
El impacto será inmediato en Sastre, donde la planta no solo ocupaba a sus empleados directos, sino que también movilizaba actividad en talleres metalúrgicos, proveedores eléctricos, transportistas, comercios y servicios. En una ciudad de 6.000 habitantes, el cierre de una fábrica así no se siente: retumba.
Un proceso que Milei acelera
Los despidos de este martes no son un episodio aislado. En septiembre del año pasado, DBT ya había echado a 16 trabajadores, muchos con más de 20 años de antigüedad. En aquel momento la explicación fue que las ventas se habían desplomado y que la planta acumulaba 120 grupos electrógenos en stock, mientras vendía apenas 10 a 12 unidades por mes.
En una entrevista con Radio Eme, Ricardo Ozuna, de UOM El Trébol, había adelantado lo que ahora se volvió realidad cuando dijo que desde la empresa les explicaron que “les conviene ensamblar grupos electrógenos trayendo componentes de afuera que fabricar acá”.
Hoy, directamente ni ensamblan.
Importar en vez de producir
Las autoridades locales de la compañía confirmaron que adoptarán un modelo centrado únicamente en la importación. En otras palabras: la Argentina pierde otra fábrica, otra rama de conocimiento, otra cadena productiva, otros oficios, otra fuente de trabajo calificado… mientras China y España ganan un cliente que antes era un productor.
La ciudad pierde cientos de salarios indirectos. El país pierde industria. Y Milei gana titulares celebrando la apertura indiscriminada, aunque en los hechos eso signifique pueblos enteros sin trabajo y empresas históricas reducidas a depósitos de mercadería importada.
Otra postal del “modelo libertario”, ese que promete eficiencia pero deja pueblos fantasmas.
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