García y los orígenes de La Máquina

La historia detrás de la formación de la mítica banda

Por Carlos Alberto Resurgian para Noticias La Insuperable

García, Fernández, Moro, Quatraro, Bazterrica y Dengis (Foto: Eduardo Nuñes)

Corría 1976 y ya el techo a la creatividad sonora que significó Sui Generis se había convertido en un hermoso recuerdo para Charly García. Los vientos sinfónicos y progresivos, tal vez más cercanos a su formación clásica, se presentaban como los nuevos desafíos. En el medio, el año anterior, el truncado proyecto PorSuiGieco (que trocó de compañía editorial a disco y pequeña gira) había sembrado algunas semillas en el bicolor. Por un lado, la participación en el álbum como sesionista del entonces bajista de Crucis, José Luis Fernández (de 18 años); por el otro, el acercamiento vía León Gieco (estuvo en su Banda de Caballos Cansados), a Oscar Moro (28 años), ex batero de Los Gatos y Color Humano.

Con ellos en mente, García empieza a lucubrar su nuevo proyecto en forma de trío y tocan en Córdoba. La falta de un guitarrista era evidente y Charly pone en práctica una salida que repetirá en varios pasajes de su carrera: “robarle” músicos a su amigo Raúl Porchetto, quien entonces atravesaba un efímero momento grupal de su prolífica carrera con una agrupación llamada Reino de Munt, que duró tanto como dos conciertos.

Así se produce el arribo de un jovencito (20 años) Gustavo Bazterrica a la ya denominada “La Máquina de Hacer Pájaros” que así se convierte en cuarteto.

Pero algo le faltaba a García (y todavía no sabía bien qué era) para plasmar lo que atravesaba su cabeza en la música que saliera por los parlantes; y su primera reacción fue sumar nuevas voces: así recaen en la banda Héctor Eduardo Dengis y Ana María Quatraro (esta última venía de formar el dúo folk Agosto junto al cantante y guitarrista Germán Escalante).

Empezamos a ensayar con Bazterrica, Jose Luis Fernandez y un coro con Ana Maria Quatraro y Hector Dengis, hasta sale la posibilidad de hacer un ciclo en La Bola Loca, un lugar para café concert en la calle Maipú, rechiquito, no sé si entraban 80 personas”, recordaba Oscar Moro en un reportaje incluido en el libro “Historias del rock de acá. Primera generación” de Ezequiel Abalos.

Es precisamente en ese “antro”, propiedad de Atilio Stampone, donde Canal 9 le realiza una entrevista a un afeitado García de 24 años.

Allí, el 6 de mayo de 1976, debuta oficialmente “Charly García y La Máquina de hacer Pájaros”, que como es sabido, su nombre deviene de una historieta de Crist de aquellos tiempos que se llamaba, precisamente, “García y la Máquina de Hacer Pájaros”

De esa época es también una entrevista que le realiza Daniel Kon para la revista “Siete Días”, donde García responde a la crítica de algunos que cuestionaron el valor musical de sus interpretaciones: “Mirá —explica García— yo me recibí de profesor de piano a los 12 años. Luego estudié armonía y contrapunto y recién ahora comienzo a comprender que muchas de las cosas que me decían que no debía hacer eran en realidad posibles. En música hay cosas prohibidas (como las cuartas aumentadas, o las quintas descendentes). Pero se pueden hacer; quizás no suenen matemáticamente perfectas, pero el asunto no es mostrar siempre el lado perfecto de las cosas. Todo artista debe reflejar con su creación, a la par que sus virtudes, sus propias imperfecciones. De pronto, yo necesito tocar cosas de las llamadas imperfectas, entre comillas. Pienso que la técnica, o las costumbres, en todos los órdenes, no tiene que limitar al hombre. No estoy en contra de la técnica, pero siempre y cuando no se use para encasillar o limitar la imaginación humana.

Poco después de las presentaciones en La Bola Loca, se produce el retiro de la banda estable de Ana Maria Quatraro y Hector Dengis (pero que luego aportarían sus voces en «No puedo verme más» del primer LP de la banda). La serie de recitales le sirvieron al bicolor para congeniar sus ideas con el resultado. Así se produce el ingreso de un segundo tecladista (algo totalmente nuevo a nivel local) que sería Carlos Cutaia, diez años mayor que García, y que venía de romperla en Pescado Rabioso.

Y así, del laboratorio que experimentó García en su cabeza y en pequeñas presentaciones previas, nace el sonido que todos conocemos (y disfrutamos) en los dos discos que resultaron de “La Máquina”. Pero eso ya es historia conocida.

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