Varias inteligencias artificiales —incluida la que usamos en NLI— se animaron a proyectar el grupo de Argentina para el Mundial 2025. El resultado real fue otro. Acá te contamos qué pronosticó cada una, cuánto acertaron (spoiler: casi nada) y por qué la magia todavía no existe.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

La fiebre de las predicciones y la dura realidad del sorteo
Durante los días previos al sorteo, las plataformas de IA se llenaron de simulaciones “matemáticamente plausibles”, “estadísticamente robustas” y otros adjetivos llenos de épica algorítmica. Pero cuando la bolilla develó que Argentina iría al Grupo J con Argelia, Austria y Jordania, la respuesta fue contundente: ninguna inteligencia artificial acertó el grupo completo.
Veamos números. Tomando como referencia las cinco predicciones principales que circularon públicamente (NLI, Gemini, AS, ChatGPT y simuladores de medios deportivos), se desprende que:
- 0 % acertó el grupo entero.
- 40 % logró acertar al menos un rival (en todos los casos, Argelia).
- 60 % no acertó ni un solo equipo.
- En promedio, las IA tuvieron un índice de acierto del 16,6 % sobre 3 rivales posibles.
- Y el dato más honesto: 100 % de las IA subestimó el azar, elemento que —spoiler— sigue imperando en los sorteos.
La predicción de NLI tampoco se salvó: nuestra IA anticipó un grupo con Japón, Escocia y Ghana. Es decir: 0 % de coincidencias. Ni cerca. Pero nos reímos y seguimos, porque esto es periodismo, no futurología cuántica.
Dónde fallan las IA: la lógica que no alcanza
Para que una IA acierte un sorteo real tendría que suceder una de estas dos cosas:
- tener información directa del futuro,
- o reducir el azar a una ecuación determinista.
Afortunadamente para el fútbol, ninguna de las dos ocurre.
Las IA trabajan con probabilidades, no con certezas. Alimentadas con reglas del sorteo, distribución por bombos y restricciones de confederaciones, hacen combinaciones posibles. Pero entre “posible” y “real” hay un océano. Lo que sí puede mostrar —y mostró— es la lógica interna del sorteo: la tendencia a emparejar confederaciones diversas, evitar cruces repetidos y equilibrar niveles competitivos.
Ese patrón explica por qué Argelia apareció en varias simulaciones: figuraba en un rango probabilístico alto, dadas las combinaciones habilitadas. Pero el resto era un festival de escenarios hipotéticos.
La diferencia entre lógica y destino es la misma que entre planchar una camisa y tratar de planchar un perro: técnicamente posible, pero no recomendable.
Ríanse con nosotros: la IA no es magia y eso es una buena noticia
La falta total de acierto no es un fracaso: es un recordatorio. La IA no es un oráculo, ni una pitonisa del barrio, ni un chamán digital que te sopla los resultados del bolillero. Es una herramienta. Poderosa, sí. Razonable, también. Pero absolutamente incapaz de derrotar el azar.
¿Y sabés qué? Mejor así.
Porque si el fútbol perdiera el misterio, la sorpresa y esa adrenalina de esperar qué sale del bombo, no sería fútbol. Sería Excel.
Por eso, en NLI celebramos que la IA se haya equivocado. Significa que el juego sigue vivo, que los sorteos todavía sorprenden y que la tecnología, por más brillante que sea, jamás reemplazará la pasión, la intuición y el grito desaforado cuando aparece el rival menos esperado.
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