Trump amenaza la paz global para quedarse con Groenlandia

La disputa por el control del Ártico dio un salto alarmante luego de que Donald Trump explicitara que su ofensiva para apropiarse de Groenlandia está directamente ligada a su enojo por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz. El episodio combina chantaje diplomático, presión militar y una nueva escalada imperialista de Estados Unidos sobre territorios estratégicos.

Por Bruno A. Monteverde para NLI

La geopolítica internacional ingresó esta semana en una fase de tensión extrema tras la difusión de una carta enviada por Donald Trump al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, en la que el presidente estadounidense advierte que, al haber sido excluido del Nobel de la Paz, ya no se siente “obligado a pensar únicamente en la paz”. La frase, de una gravedad inédita, fue acompañada por una reafirmación de su voluntad de obtener el “control completo y total” de Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa.

El trasfondo no es menor: el Ártico se ha convertido en uno de los espacios más codiciados del planeta por su riqueza en recursos naturales, su valor estratégico-militar y las nuevas rutas comerciales que se abren por el deshielo. En ese tablero, Estados Unidos busca reforzar su hegemonía frente al avance de China y Rusia, aun a costa de sus propios aliados.

“No hay documentos escritos”: la negación de la soberanía

En un gesto que tensó al máximo las relaciones dentro de la OTAN, Trump desestimó abiertamente los derechos históricos de Dinamarca sobre Groenlandia. “Dinamarca no puede proteger esa tierra de Rusia o China, y, de todos modos, ¿por qué tiene ‘derecho de propiedad’? No hay documentos escritos”, lanzó el mandatario, apelando a una lógica colonial que desconoce tratados, autodeterminación y derecho internacional.

La declaración se produjo apenas días después de que el Premio Nobel de la Paz 2025 fuera otorgado a la dirigente opositora venezolana María Corina Machado, decisión que Trump interpretó como una afrenta personal y política. Desde su entorno dejaron trascender que el presidente considera el galardón como una herramienta de presión ideológica utilizada contra gobiernos y líderes alineados —o no— con Washington.

Aranceles, tropas y un mensaje mafioso a Europa

La escalada no quedó en lo discursivo. Trump amenazó con imponer nuevos aranceles del 10% a países europeos que se opongan a sus planes sobre Groenlandia, incluyendo a Alemania, Francia y el Reino Unido. La Unión Europea respondió convocando a una cumbre de emergencia y calificó la maniobra como un “chantaje” incompatible con las normas básicas de convivencia internacional.

En paralelo, el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) anunció el envío inminente de aviones militares a la base estadounidense de Pituffik, en Groenlandia, bajo el eufemismo de actividades “planificadas”. Desde el gobierno groenlandés advirtieron que no aceptarán presiones ni militares ni económicas, y recordaron que cualquier decisión sobre el futuro del territorio corresponde a su pueblo.

El impacto se sintió también en los mercados financieros. La creciente inestabilidad geopolítica empujó a los inversores hacia activos de refugio, provocando que la plata subiera un 4% y alcanzara un nuevo máximo histórico, una señal clara de desconfianza frente a un escenario global cada vez más volátil.

Lo que queda en evidencia es un patrón conocido: cuando el poder imperial se frustra, redobla la apuesta. En este caso, el capricho personal de un presidente que reclama premios y territorios como si fueran trofeos amenaza con desatar una crisis de alcance global, poniendo en jaque la soberanía de los pueblos y la ya frágil paz internacional.


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