Trump vs. Bad Bunny: la furia xenófoba tras un show histórico

Fue tras la presentación del show de medio tiempo del Super Bowl.

Por Bruno A. Monteverde para NLI

El presidente estadounidense Donald Trump volvió a convertir un episodio cultural en un campo de batalla político. Esta vez el blanco fue Bad Bunny, quien encabezó el show de medio tiempo del Super Bowl con una presentación atravesada por la identidad latinoamericana y canciones mayoritariamente en español. Desde su red Truth Social, Trump estalló con una catarata de descalificaciones que dejaron al descubierto algo más profundo que una simple crítica musical.

El mandatario afirmó que el espectáculo fue “uno de los peores de la historia” y lanzó una frase que encendió la polémica internacional: “Nadie entiende una palabra de lo que está diciendo y el baile es repugnante”. La declaración no solo apuntó contra el artista puertorriqueño, sino que dejó entrever un rechazo explícito al uso del español en uno de los eventos más vistos del planeta.

Una reacción cargada de desprecio cultural

Lejos de limitarse a cuestionar aspectos técnicos del show, Trump vinculó la presentación con una supuesta decadencia cultural de Estados Unidos. En su mensaje sostuvo que el espectáculo fue una “afrenta” y cuestionó que un evento de esa magnitud tuviera como figura central a un artista latino cantando en español.

La reacción no puede leerse aislada del contexto político estadounidense. Bad Bunny ha sido una voz crítica de las políticas migratorias y del trato hacia la comunidad latina, lo que lo convierte en un símbolo incómodo para sectores ultraconservadores. El ataque presidencial, en ese marco, adquiere un tono claramente ideológico.

Mientras tanto, millones de espectadores celebraron el carácter inclusivo del show, que puso en el centro del escenario global a la cultura latina. La presencia del español en el Super Bowl no fue un detalle menor: representó el peso demográfico y cultural de una comunidad que ya es parte estructural de Estados Unidos.

Mucho más que un show musical

El enojo de Trump expone la persistencia de una guerra cultural en la que la diversidad lingüística y étnica es presentada como amenaza. No es la primera vez que el líder republicano utiliza expresiones artísticas para reforzar un discurso nacionalista excluyente.

Lo que para algunos fue una celebración de la multiculturalidad, para Trump fue motivo de indignación. Pero la discusión trasciende a un artista o a un espectáculo puntual: pone sobre la mesa qué significa hoy la identidad estadounidense en un país atravesado por migraciones, mestizajes y transformaciones profundas.

En definitiva, el estallido presidencial contra Bad Bunny no habla solo de música. Habla de poder, de representación y de quién tiene derecho a ocupar el escenario más visto del mundo. Y en esa disputa simbólica, la cultura latina ya no pide permiso: ocupa el centro y se hace escuchar, aunque algunos digan que no la entienden.


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