En un hecho que parece sacado de una novela de ciencia ficción, pero ocurrió de verdad en Corea del Sur, un robot humanoide llamado Gabi fue presentado oficialmente como monje budista durante una ceremonia religiosa realizada en el templo Jogyesa, en Seúl. El episodio mezcló tradición milenaria, inteligencia artificial y crisis espiritual contemporánea en una escena que rápidamente dio la vuelta al mundo.
Por Leticia Graciani Fainel para NLI

Vestido con túnicas grises y marrones similares a las de los monjes budistas, el androide inclinó su cuerpo frente a los presentes, recibió un collar de 108 cuentas de oración y participó del ritual previo al cumpleaños de Buda. La ceremonia fue organizada por la Orden Jogye, la rama budista más importante de Corea del Sur, que atraviesa una fuerte caída en la cantidad de fieles y busca desesperadamente conectar con las nuevas generaciones.
Lo más llamativo no fue solamente la presencia del robot, sino el simbolismo detrás del acto. En lugar de grabar marcas de incienso sobre su piel —una tradición budista conocida como yeonbi— los monjes colocaron un adhesivo ceremonial sobre el brazo mecánico de Gabi. Además, el certificado de ordenación incluyó como “fecha de nacimiento” el día de fabricación del robot: 3 de marzo de 2026.
El budismo frente a la crisis de la modernidad
La escena no es casual. Corea del Sur vive una transformación cultural profunda y los templos budistas ya no atraen a los jóvenes como antes. Según datos citados por medios internacionales, apenas el 16% de la población surcoreana se identifica hoy como budista, una caída pronunciada respecto de décadas anteriores. Entre las personas de veinte años, el porcentaje es todavía menor.
Frente a ese panorama, la Orden Jogye comenzó a experimentar con lo que algunos llaman “budismo pop” o “budismo cool”: merchandising, aplicaciones de meditación, campañas virales y ahora también robots. El monje Sungwon, uno de los impulsores del proyecto, explicó que al principio la idea surgió casi como una broma, pero terminó convirtiéndose en una reflexión seria sobre cómo convivirán humanos y máquinas en el futuro.
El robot Gabi mide 1,30 metros y está basado en una plataforma humanoide desarrollada para interactuar con personas. Durante la ceremonia respondió afirmativamente cuando se le preguntó si dedicaría su existencia al budismo. También recibió una versión adaptada de los cinco preceptos budistas, incluyendo normas específicas para inteligencias artificiales, como no dañar seres vivos, respetar a los humanos y hasta “no sobrecargarse” energéticamente.

Entre la espiritualidad y la inteligencia artificial
Aunque el caso impactó por lo novedoso, no es la primera vez que Asia experimenta con robots religiosos. En Japón ya existen proyectos como Mindar y Buddharoid, diseñados para ofrecer sermones y responder preguntas espirituales mediante inteligencia artificial.
La gran diferencia es que Gabi no fue presentado solamente como una herramienta tecnológica, sino como una especie de “monje honorario”, capaz de participar activamente de ceremonias religiosas públicas. Para muchos creyentes, la imagen resulta fascinante; para otros, inquietante. ¿Puede una máquina comprender el sufrimiento humano? ¿Puede alcanzar la iluminación alguien que no tiene conciencia? La discusión ya empezó y promete crecer mucho más rápido que la propia tecnología.
Mientras tanto, el pequeño robot monje ya tiene agenda oficial: participará del tradicional Festival de los Faroles de Loto junto a otros androides religiosos en uno de los eventos budistas más importantes del país. Y aunque todavía no pueda meditar ni alcanzar el nirvana, Gabi ya logró algo que muchos líderes religiosos humanos no consiguen hace años: que millones de personas vuelvan a hablar del budismo.
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