Otra persiana que baja: Cabot cerró su planta en Campana y suma 150 familias más golpeadas por el modelo Milei

El anuncio cayó como una bomba en el corredor industrial Zárate-Campana.

Por Celina Fraticiangi para NLI

El cierre definitivo de la histórica planta de Cabot en Campana volvió a exponer el costado más brutal del modelo económico de Milei: apertura importadora, caída de la producción nacional y destrucción acelerada del empleo industrial. La multinacional química confirmó el cese de operaciones después de más de seis décadas en el país y dejó a 150 trabajadores directos e indirectos en la calle, en medio de un escenario de recesión y derrumbe del mercado interno.

La fábrica producía negro de humo, un insumo clave para la industria del neumático y del caucho. Durante décadas fue una pieza estratégica del entramado industrial argentino y abasteció a empresas como FATE, Bridgestone y Pirelli. La planta de Campana, inaugurada en 1962, había sido además la primera instalación de Cabot en América Latina.

El anuncio cayó como una bomba en el corredor industrial Zárate-Campana. Según denunciaron los trabajadores, directivos llegados desde Brasil reunieron al personal en el comedor de la planta y comunicaron el cierre total de las operaciones. Desde entonces, reina la incertidumbre por las indemnizaciones y el temor a que la empresa busque aplicar un Procedimiento Preventivo de Crisis para pagar menos compensaciones.

La reacción fue inmediata. Este lunes hubo movilizaciones y protestas en Campana, con participación de distintos gremios industriales y de la CGT regional. El diagnóstico que atraviesa a todos los sectores es el mismo: caída de la actividad, destrucción del empleo y reemplazo de producción nacional por importaciones.

El impacto de la apertura importadora

El caso Cabot no aparece aislado. El cierre está directamente vinculado a la crisis que atraviesa la industria del neumático, golpeada por la caída del consumo y la apertura comercial impulsada por el Gobierno nacional. El ingreso masivo de productos importados, especialmente provenientes de Asia, redujo la competitividad de las fábricas locales y aceleró suspensiones, despidos y cierres.

En los últimos meses ya habían aparecido señales alarmantes en el sector. La crisis de FATE y la retracción general de la producción automotriz impactaron de lleno sobre proveedores industriales como Cabot. Lo que durante años funcionó como una cadena productiva integrada comenzó a resquebrajarse a velocidad récord.

Desde la Federación Argentina de la Industria del Caucho advirtieron que la salida de Cabot implica mucho más que el cierre de una planta. Alertaron sobre la pérdida de conocimiento técnico, integración productiva y autonomía industrial, además del incremento de la dependencia importadora para abastecer un insumo estratégico.

“Con este modelo económico es imposible conseguir trabajo”

Las declaraciones de los trabajadores revelan el drama social detrás de las estadísticas. Muchos empleados tienen más de 20 o 30 años de antigüedad y saben que reinsertarse laboralmente será extremadamente difícil. “Con este modelo económico está muy difícil conseguir trabajo”, resumió uno de los delegados sindicales durante la protesta.

Otro operario cuestionó la explicación empresarial y sostuvo que la planta seguía siendo productiva. Según denunció, la decisión responde a una estrategia comercial de reemplazar producción argentina por importaciones. “Quieren convertir a Argentina en un centro logístico y producir afuera”, afirmó uno de los trabajadores movilizados.

El cierre de Cabot se suma así a una lista cada vez más extensa de fábricas que bajan sus persianas desde la llegada de Milei a la Casa Rosada. Mientras el Gobierno celebra el descenso del riesgo país y la apertura financiera, en el corazón industrial del país crecen los despidos, las suspensiones y las persianas bajas. Y detrás de cada indicador económico aparecen historias concretas: 150 familias que, de un día para otro, quedaron sin futuro cierto.


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