En el Bajo Belgrano de los años 60, entre colegios, talleres mecánicos, revistas caseras y guitarras eléctricas prestadas, se fue gestando uno de los procesos más decisivos del rock argentino. Mucho antes de convertirse en Almendra, el grupo que cambiaría la historia, sus integrantes fueron parte de un entramado de bandas adolescentes, fusiones espontáneas y experimentos musicales que encontraron en la amistad y la curiosidad artística su verdadera raíz.
Por Carlos Alberto Resurgián para NLI

Bajo Belgrano: el laboratorio del rock
En 1965, el barrio porteño del Bajo Belgrano era un pequeño universo donde la música en inglés, el folklore argentino y las nuevas influencias que llegaban desde Europa y Estados Unidos empezaban a mezclarse en la cabeza de una generación joven. Allí, en ese cruce cultural, se formaron las primeras conexiones entre futuros protagonistas del rock nacional.

Luis Alberto Spinetta daba sus primeros pasos en la música escolar, profundamente influenciado por The Beatles, el folklore argentino y artistas como Hugo Fattoruso, en un contexto donde la creatividad se mezclaba con la rebeldía adolescente. En paralelo, comenzó a vincularse con dos bandas del barrio: Los Larkins y Los Sbirros.
Los Larkins estaban liderados por Rodolfo García, un joven baterista que trabajaba en un taller mecánico y que, pese a la cercanía geográfica, provenía de una realidad social distinta a la del entorno escolar de Spinetta. Los Sbirros, por su parte, reunían a estudiantes del colegio San Román, entre ellos Emilio del Guercio y Edelmiro Molinari, dos nombres que serían centrales en la historia posterior.
En ese ecosistema, las bandas no eran estructuras rígidas sino organismos en transformación constante. Los Larkins evolucionaron a Los Masters y luego a Los Mods (junto a García y el «Flaco» tocaban Guido Meda en bajo y Daniel Albertelli en guitarra) y , mientras Los Sbirros mantenían una identidad más escolar pero cada vez más orientada a la experimentación con guitarras eléctricas y teclados.

Fusiones, ensayos y el nacimiento de Almendra
La relación entre los grupos fue creciendo de manera natural. Spinetta no solo participaba en distintas formaciones, sino que actuaba como puente entre mundos musicales que aún no terminaban de consolidarse. Con el tiempo, esa convivencia derivó en una fusión inevitable.
Hacia 1966, Los Mods ya habían grabado un simple en inglés (inallable) con los temas “Faces and things” y “Free”, donde incluso aparecía el seudónimo “Apócrifo” utilizado por Spinetta. En paralelo, los cruces entre Los Mods y Los Sbirros comenzaron a intensificarse hasta dar forma a un quinteto que ensayaba con creciente frecuencia.
Ese grupo embrionario estaba integrado por Rodolfo García en batería, Emilio del Guercio en bajo, Edelmiro Molinari en guitarra, Santiago “Chago” Novoa en teclados y Spinetta en voz y guitarra. En ese momento, los integrantes apenas superaban los 16 años, pero ya estaban sentando las bases de un proyecto que cambiaría la música argentina.
La consolidación definitiva llegó en 1967-1968, atravesada por un hecho clave: la conscripción de García, que interrumpió temporalmente los ensayos. Sin embargo, ese paréntesis no frenó el proceso, sino que lo maduró. Cuando García regresó de la colimba, los ensayos se retomaron en la casa de Spinetta en Arribeños, Bajo Belgrano.
Finalmente, el grupo adoptó el nombre Almendra, una denominación surgida casi de manera casual, pero que terminaría asociada a una de las formaciones fundacionales del rock argentino junto a Los Gatos y Manal.
El contexto beat y las bandas paralelas
Mientras Almendra terminaba de tomar forma, el ambiente musical del barrio seguía generando proyectos paralelos que nutrían el mismo universo cultural. Uno de ellos fue Hielo, banda integrada por su ex compañero Guido Meda, Fernando Colqui y Hugo Marturano, entre otros músicos vinculados a la escena beat.
Hielo formó parte del catálogo inicial del sello Mandioca, uno de los sellos pioneros del rock argentino, y participó del Primer Festival Beat en el Teatro El Nacional en 1969, donde obtuvo reconocimiento por su ejecución instrumental. Más tarde grabaron simples como “Monsieur Ducau” y “Buscando ese lugar”, además de presentaciones en el histórico festival BARock.
Este entramado de bandas no solo funcionaba como semillero de músicos, sino también como una escuela informal de disciplina, ensayo constante y profesionalización temprana. En palabras de integrantes de la época, los ensayos podían ser tres o cuatro por semana, con reglas estrictas de trabajo que incluían exigencias de rendimiento colectivo y una ética musical casi artesanal.
En paralelo, la escena argentina vivía un punto de inflexión con el éxito de “La balsa” de Los Gatos, que abría definitivamente el camino para el rock cantado en castellano. Ese fenómeno impactó directamente en los jóvenes músicos del Bajo Belgrano, que empezaron a imaginar que sus propias composiciones también podían tener un lugar en la industria.
El proceso que dio origen a Almendra no fue lineal ni planificado, sino el resultado de una acumulación de encuentros, amistades, bandas escolares, trabajos precarios, revistas caseras como La Cosa Degenerada y La Costra, y una pulsión creativa que atravesaba todo el barrio. De esa mezcla nacieron no solo canciones, sino una nueva forma de entender el rock en la Argentina.
Lo que comenzó como un conjunto de adolescentes tocando en garajes y aulas terminó convirtiéndose en una de las semillas más importantes del rock nacional. Almendra no apareció de la nada: fue el resultado inevitable de un ecosistema cultural en ebullición.
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