Una investigación realizada desde el Instituto Argentino de Radioastronomía detectó un candidato a ráfaga rápida de radio, uno de los fenómenos más enigmáticos de la astronomía contemporánea. El hallazgo, que todavía debe ser confirmado, podría convertirse en el primer FRB detectado desde Sudamérica y demuestra que la ciencia argentina puede participar de investigaciones que buscan señales provenientes de miles de millones de años luz.
Por Redacción de NLI

Hay fenómenos del universo que duran menos que un parpadeo y, sin embargo, contienen una cantidad extraordinaria de información. Las ráfagas rápidas de radio, conocidas por sus siglas FRB, pertenecen a esa categoría. Son pulsos de ondas de radio extremadamente breves, detectados desde fuera de nuestra galaxia, cuya duración puede medirse en milisegundos. Los astrónomos saben que existen, pueden registrar sus señales y estudiar algunas de sus propiedades, pero todavía no tienen una explicación completa para todos los mecanismos capaces de producirlas. En ese territorio todavía parcialmente desconocido acaba de entrar una institución científica argentina: el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR).
El resultado fue presentado en un trabajo publicado el 4 de agosto de 2026 y constituye un acontecimiento particularmente interesante para la astronomía regional. Investigadores del IAR realizaron entre diciembre de 2024 y marzo de 2026 la primera campaña sistemática de búsqueda de FRB desde el instituto y analizaron 212 horas de observaciones utilizando una de sus dos antenas de 30 metros. En ese trabajo identificaron un candidato denominado FRB 20251018, registrado el 18 de octubre de 2025 en dirección al cúmulo de galaxias A2870, en la región del supercúmulo Phoenix.
Una señal que llegó desde un universo que todavía estamos tratando de entender
Para comprender por qué este descubrimiento resulta tan atractivo hay que imaginar qué significa realmente detectar una señal de radio proveniente del espacio profundo. Las ondas recorren distancias gigantescas antes de alcanzar la Tierra y, cuando finalmente son captadas por un radiotelescopio, pueden presentarse como un pulso extraordinariamente breve. Los FRB constituyen precisamente una de las grandes preguntas abiertas de la astrofísica moderna: qué objetos producen esas emisiones y qué procesos físicos son capaces de liberar semejante cantidad de energía en un intervalo tan pequeño.
No todos los FRB parecen comportarse de la misma manera. Algunos son observados una sola vez, mientras que otros han mostrado repeticiones. El segundo gran catálogo de CHIME/FRB, publicado este año, reunió 4.539 ráfagas procedentes de 3.641 fuentes diferentes, y encontró 83 fuentes que habían producido emisiones repetidas. Esa enorme cantidad de datos está permitiendo comenzar a distinguir familias de estos fenómenos y buscar patrones que ayuden a explicar su origen.
Entre las hipótesis que se estudian aparecen objetos extremadamente compactos y magnéticamente poderosos, como los magnetares, aunque el panorama científico sigue siendo mucho más complejo y no existe una única explicación que resuelva todos los casos. Precisamente por eso cada nueva detección es importante: permite agregar una pieza a un rompecabezas cósmico todavía incompleto.
El candidato encontrado por el equipo argentino presenta características especialmente interesantes. Los investigadores informaron una medida de dispersión de 243, una relación señal-ruido de 8,2 y una probabilidad de clasificación de 0,99 mediante el sistema de aprendizaje automático utilizado para analizar los candidatos. Pero existe una palabra fundamental que debe conservarse: candidato. El hallazgo todavía necesita observaciones adicionales y confirmación independiente antes de poder afirmar definitivamente que se trata de un FRB.
La ciencia argentina mirando hacia un fenómeno que dura milisegundos
El protagonista terrestre de esta historia está en la provincia de Buenos Aires. El Instituto Argentino de Radioastronomía es una unidad del CONICET, la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata, con más de seis décadas de trayectoria. Su infraestructura observacional incluye dos radiotelescopios de 30 metros de diámetro, utilizados tanto para investigaciones astronómicas como para desarrollos tecnológicos.
Lo interesante es que detectar una señal de este tipo no consiste simplemente en «apuntar una antena al cielo». La investigación requirió desarrollar una cadena de procesamiento capaz de identificar pulsos que pueden durar apenas unas millonésimas de segundo. Los datos fueron analizados con herramientas especializadas y los candidatos fueron clasificados mediante aprendizaje automático, después de validar el procedimiento con datos de archivo y señales artificiales introducidas deliberadamente en las observaciones.
Ese detalle resulta especialmente significativo porque muestra cómo cambió la astronomía. El telescopio continúa siendo fundamental, pero ya no alcanza con observar: hay que procesar enormes cantidades de información, desarrollar algoritmos y combinar instrumentos y conocimientos de distintas disciplinas. La astronomía contemporánea es también informática, ingeniería, estadística y ciencia de datos.
Y ahí aparece una dimensión que excede al hallazgo concreto. La investigación demuestra que una institución científica argentina puede integrarse a una de las áreas más sofisticadas de la astronomía mundial sin necesidad de estar ubicada en Europa o en Estados Unidos. La señal puede haber viajado durante millones o incluso miles de millones de años antes de alcanzar una antena situada en territorio bonaerense.
El propio trabajo plantea continuar y ampliar la campaña, incluyendo observaciones simultáneas con las dos antenas del IAR y búsquedas coordinadas con otros fenómenos astronómicos, como ondas gravitacionales y transitorios electromagnéticos.
Hay algo profundamente fascinante en todo esto: mientras en la Tierra las discusiones sobre ciencia suelen quedar atrapadas en presupuestos, salarios, infraestructura o coyunturas políticas, en algún lugar del territorio argentino una antena permanece orientada hacia el cielo esperando un pulso que puede durar menos de un segundo y haber viajado desde una galaxia situada a distancias inconcebibles.
Quizás esa sea la mejor manera de entender qué significa hacer ciencia de frontera. No se trata solamente de obtener respuestas. Muchas veces significa construir instrumentos capaces de formular preguntas que antes ni siquiera podíamos hacer.
El candidato FRB 20251018 todavía necesita confirmación. Puede convertirse en un descubrimiento histórico para la radioastronomía sudamericana o terminar siendo descartado después de nuevas observaciones. Ambas posibilidades forman parte del método científico. Lo verdaderamente importante es que la Argentina ya está mirando.
Y cuando una antena argentina consigue escuchar durante unas pocas milésimas de segundo algo que ocurrió en las profundidades del universo, queda demostrado que la distancia entre nuestro país y la frontera del conocimiento puede ser muchísimo menor de lo que a veces se piensa.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
