Una investigación encabezada por científicos del CONICET permitió reconstruir con mayor precisión qué hizo el virus de la influenza aviar H5N1 en los mamíferos marinos que murieron durante el enorme brote de 2023 en las costas patagónicas. El estudio comprobó daños en el sistema nervioso, el corazón y la placenta y documentó por primera vez en mamíferos silvestres la transmisión del virus de la madre al feto a través de la placenta. El hallazgo vuelve a poner a la Patagonia argentina en el centro de la investigación internacional sobre un virus que está ampliando su capacidad para infectar mamíferos.
Por Amparo Lestienne para NLI

Durante mucho tiempo, la imagen asociada a la gripe aviar fue bastante sencilla: un virus que circulaba principalmente entre aves, provocaba mortandades en poblaciones silvestres y podía afectar a determinadas especies domésticas. Pero en los últimos años esa frontera biológica empezó a volverse mucho menos nítida. El virus de influenza aviar de alta patogenicidad H5N1 comenzó a aparecer con una amplitud extraordinaria en distintas especies de mamíferos y, en América del Sur, uno de los episodios más impactantes ocurrió en las costas de la Patagonia argentina, donde durante 2023 murieron miles de lobos y elefantes marinos. Ahora, un trabajo encabezado por investigadores del CONICET aporta una pieza especialmente importante para comprender aquella mortandad: el virus no se limitó a comprometer el aparato respiratorio, sino que alcanzó órganos vitales y pudo atravesar la placenta durante la gestación.
El estudio fue realizado por investigadores del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), con la participación de especialistas del Instituto Universitario de Sanidad Animal y Seguridad Alimentaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en España. La investigación partió de necropsias realizadas sobre ejemplares de lobo marino sudamericano (Otaria flavescens) y elefante marino del sur (Mirounga leonina) encontrados durante el brote en las costas de Chubut. El trabajo acaba de ser publicado en la revista especializada Veterinary Pathology y aporta información que excede el episodio argentino: permite comprender mejor cómo se comporta H5N1 cuando logra instalarse en mamíferos silvestres.
La Patagonia frente a un virus que cambió de huésped
Para dimensionar lo sucedido hay que volver a 2023. El primer caso de H5N1 en Argentina había sido detectado en febrero de ese año en un ave silvestre, y durante los meses siguientes el virus se extendió por distintas regiones. La circulación en aves domésticas produjo decenas de focos y provocó la muerte o el sacrificio sanitario de aproximadamente 2,2 millones de aves, pero el episodio que terminó adquiriendo características extraordinarias apareció en las poblaciones de mamíferos marinos de la costa patagónica.
En Península Valdés, los investigadores observaron una mortalidad especialmente dramática entre los elefantes marinos. Un estudio publicado posteriormente en Nature Communications reconstruyó la magnitud del fenómeno: en Punta Delgada se registraron 570 crías muertas sobre 788 ejemplares observados durante una campaña de octubre de 2023, mientras que hacia noviembre solamente quedaban 38 crías con vida en esa colonia. La mortalidad alcanzó alrededor del 95% de las crías en ese sitio, una diferencia extraordinaria respecto de años anteriores. El análisis epidemiológico y genómico realizado entonces ya había aportado evidencia compatible con transmisión de mamífero a mamífero.
Aquello planteó una pregunta fundamental: ¿qué estaba haciendo exactamente el virus dentro de esos animales? Si H5N1 era conocido principalmente como un virus de influenza que afectaba las vías respiratorias, ¿por qué la enfermedad podía producir cuadros tan devastadores en animales marinos?
La respuesta que ahora aparece con mayor claridad es que la cepa que circuló durante aquel episodio tiene características que permiten considerarla neurotrópica, es decir, con una particular afinidad por el sistema nervioso. Las necropsias estudiadas por el equipo argentino permitieron encontrar lesiones y presencia viral en distintos órganos, incluyendo el sistema nervioso y el corazón. El resultado modifica la imagen simplificada de una gripe que simplemente “ataca los pulmones”: en estos mamíferos, el comportamiento fue mucho más complejo.
Y allí aparece uno de los hallazgos más inquietantes.
El virus también llegó al feto
Los investigadores encontraron evidencia de infección en la placenta y confirmaron transmisión del virus desde la madre hacia el feto a través de ese órgano. De acuerdo con el CONICET, se trata de la primera demostración de transmisión placentaria de H5N1 en mamíferos silvestres. El hallazgo ofrece además una explicación posible para la elevada cantidad de abortos observados durante el brote de 2023.
La placenta no es simplemente una estructura que conecta físicamente a la madre con su cría. Es un órgano biológico extraordinariamente complejo que permite el intercambio de nutrientes, gases y otras sustancias y, al mismo tiempo, funciona como una barrera frente a numerosas amenazas. Que un virus consiga atravesarla significa que puede alcanzar directamente un organismo en desarrollo y abre preguntas sobre los mecanismos mediante los cuales determinados patógenos consiguen superar esas defensas.
En este caso, la importancia científica del hallazgo no reside únicamente en explicar por qué murieron tantos animales durante aquel brote. También aporta información sobre la capacidad de adaptación de H5N1 a nuevos huéspedes. El virus que originalmente asociamos con las aves ha demostrado durante los últimos años que puede infectar mamíferos de muy diferentes especies, y los análisis genómicos realizados en ejemplares argentinos ya habían identificado mutaciones asociadas con adaptación a mamíferos.
Eso no significa que el virus esté inevitablemente avanzando hacia una pandemia humana ni que cada contagio entre especies anuncie una nueva amenaza sanitaria. La ciencia no permite establecer semejante conclusión a partir de este trabajo. Sí permite afirmar que H5N1 está mostrando una capacidad de adaptación entre especies que merece vigilancia científica permanente, especialmente allí donde aves, mamíferos silvestres, animales domésticos y seres humanos comparten ecosistemas.
Y la Patagonia ofrece precisamente uno de esos escenarios.
Cuando la fauna se convierte en sistema de alerta
Los mamíferos marinos no fueron solamente víctimas del brote. También se transformaron, involuntariamente, en una fuente de información extraordinariamente valiosa sobre la evolución del virus. El estudio argentino demuestra hasta qué punto una investigación de campo, realizada sobre animales encontrados muertos en una playa, puede terminar aportando conocimientos relevantes para la epidemiología internacional.
Esto también explica la importancia de instituciones como el CESIMAR y el CENPAT-CONICET, que trabajan desde la Patagonia sobre ecosistemas marinos que muchas veces parecen alejados de los grandes problemas sanitarios globales. En realidad ocurre exactamente lo contrario: observar qué sucede con las poblaciones silvestres permite detectar transformaciones que podrían tardar mucho más tiempo en hacerse evidentes en otros sistemas.
La investigación científica funciona muchas veces de esa manera. Primero aparece una anomalía; después llega la pregunta; luego la recolección de muestras, las necropsias, los análisis moleculares, la comparación con años anteriores y finalmente una explicación que puede modificar lo que se sabía hasta ese momento. En 2023, las playas patagónicas mostraban una escena de mortandad masiva. Tres años después, esas mismas muestras están ayudando a explicar cómo se comporta un virus que continúa siendo estudiado en todo el mundo.
La Argentina ya había aportado evidencia decisiva sobre el comportamiento de H5N1 durante aquel episodio. El estudio publicado en Nature Communications mostró que los virus encontrados en pinnípedos y aves de Argentina pertenecían a un linaje relacionado con los detectados en mamíferos marinos de Perú, Chile, Brasil y Uruguay y que compartían determinadas mutaciones vinculadas con adaptación a mamíferos. Los investigadores encontraron además evidencias que respaldaban la hipótesis de transmisión entre mamíferos.
El nuevo trabajo agrega ahora una dimensión diferente: no solamente importa saber de dónde vino el virus y cómo circuló entre animales, sino también qué órganos puede comprometer una vez que entra en un mamífero y hasta dónde puede avanzar dentro de su organismo.
Por eso la historia del H5N1 en la Patagonia no debería quedar reducida a una vieja noticia sobre animales muertos. Es también una historia sobre cómo se construye conocimiento científico a partir de una crisis ecológica y sobre el valor de disponer de equipos capaces de estar allí cuando ocurre. En septiembre de 2026, mientras nuevas investigaciones continúan analizando el comportamiento del virus y sus posibilidades de adaptación, aquella mortandad de 2023 sigue hablando desde las muestras conservadas en laboratorios patagónicos.
La ciencia argentina consiguió convertir una catástrofe ambiental en conocimiento. Donde las playas mostraron miles de animales muertos, los investigadores encontraron preguntas sobre evolución viral, transmisión entre especies, neuroinfección y reproducción. Y algunas de las respuestas obtenidas en la Patagonia ya no pertenecen solamente a la historia sanitaria argentina: forman parte de la evidencia que el mundo científico necesita para entender hasta dónde puede llegar un virus que aprendió a saltar las fronteras entre especies.
La escena tiene, además, una enseñanza que suele perderse cuando la ciencia se discute solamente en términos presupuestarios o administrativos: un laboratorio no empieza necesariamente detrás de una puerta con tubos de ensayo; a veces empieza en una playa patagónica, frente a un animal muerto, cuando alguien decide que aquello que está ocurriendo merece ser investigado.
La pregunta que queda abierta no es solamente qué ocurrió en 2023. Es qué nuevas señales podrán detectar los científicos argentinos la próxima vez que la naturaleza vuelva a mostrar algo que todavía no sabemos interpretar.
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