FIN DE CICLO: de Trump a Peña, los gobiernos de ajuste caen entre escándalos y discursos autoritarios

En menos de dos semanas, Trump perdió el Congreso, Bolsonaro perdió Brasil, Netanyahu se quedó sin mayoría, Peña renunció en Paraguay y Kast tocó su piso en Chile. Y Milei, lejos de su mejor momento, tiene a más de la mitad del país en contra. En Francia e Italia, la calle se llenó contra el ajuste. Los que venían a «limpiar» la política y a ajustarle el cinturón al pueblo terminaron hundidos en escándalos y gritando fraude.

Por Bruno A. Monteverde para NLI

Hace un año, la internacional de la derecha se sacaba fotos sonriente y prometía una ola que iba a durar décadas. La ola duró menos de lo esperado. Entre el 25 de octubre y hoy, 5 de noviembre, los principales referentes del espacio cayeron uno atrás del otro: en las urnas, en las encuestas, en los tribunales o directamente en la renuncia. Y todos con el mismo libreto: cuando aparecen los escándalos, la culpa es de la prensa; cuando pierden, hubo fraude; y cuando la gente sale a la calle, mandan a la policía.

Los que perdieron en las urnas

Donald Trump. El martes 3 de noviembre, el gran jefe de la tribu perdió el Senado y la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término, como te contamos en NLI con la paliza que recibió. Había pedido votar «como si él estuviera en la boleta». Cuando llegaron los números, descubrió que no estaba.

Los Bolsonaro. El 25 de octubre, Lula le ganó el balotaje a Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente, con el 51,79% contra el 48,21%, según el Tribunal Superior Electoral, y se quedó con un cuarto mandato. Flávio había ganado la primera vuelta y llegaba arriba en las encuestas. La respuesta del derrotado fue la de siempre: dijo que era «imposible reconocer» la victoria de Lula porque un juez había extendido dos horas la votación. Mientras tanto, su padre, Jair, sigue con prisión domiciliaria, condenado por la trama para intentar revertir el resultado de 2022. Y como te contamos en NLI, Trump también había cuestionado el triunfo de Lula. De tal palo, tal astilla.

Benjamin Netanyahu. En las elecciones del 27 de octubre, el Likud siguió siendo el partido más votado, pero cayó a 27 bancas, contra 32 en 2022. Su bloque de ultraortodoxos y ultranacionalistas sumó 53, lejos de las 61 que necesita para gobernar. ¿La reacción? El Likud publicó, sin presentar pruebas, que «¡las elecciones en Israel han sido robadas!». Todo esto mientras el primer ministro sigue sentado en el banquillo: lo juzgan desde 2020 por cohecho, fraude y abuso de confianza.

Los que se hundieron en sus escándalos

Santiago Peña. Hoy, jueves 5 de noviembre, el presidente de Paraguay presentó su renuncia mientras Diputados debatía su juicio político por el escándalo de Ueno Bank, el banco del grupo del que fue socio y que el Banco Central intervino el martes. Como te contamos en NLI, todo quedaba en familia: el presidente fue accionista, su hermano estuvo en una offshore del grupo y el ex presidente del banco manejaba el Banco Central. Lo que lo terminó de voltear fue su propio Partido Colorado, que decidió acompañar el juicio político. Se despidió con una frase: «Ninguna persona está por encima del Paraguay». Tarde, pero la dijo. Asume el vicepresidente Pedro Alliana, que también figuraba en el pedido de juicio político.

José Antonio Kast. En Chile, el presidente que asumió en marzo con un 57% de aprobación cayó al 26% según Cadem, el nivel más bajo de su gestión, y con la desaprobación en su nivel más alto. El golpe vino del caso Rabat: su ministro de Justicia, Fernando Rabat, firmó reducciones de penas a condenados por delitos sexuales contra menores, y Kast decidió sostenerlo. El 70% de los chilenos está en desacuerdo con esa decisión. El que prometía mano dura terminó cuidando a su ministro.

La calle contra el ajuste

En Europa, el malestar no pasa por las urnas sino por la calle. Francia vive hoy una huelga general convocada por la intersindical (CGT, CFDT, FO, Unsa y FSU) contra el costo de vida y los recortes presupuestarios del gobierno de Emmanuel Macron. Cerró hasta la Torre Eiffel. El Gobierno respondió desplegando 70.000 policías y gendarmes. Es la culminación de semanas de protestas: el 24 de octubre ya habían salido a la calle entre 410.000 y 800.000 personas, según cuenten el Gobierno o los organizadores.

En Italia, la ola llegó a mediados de octubre. El 30 de octubre hubo huelga general y marchas masivas contra el Gobierno de Giorgia Meloni, que según el sindicato organizador movilizaron a cerca de un millón de personas. La CGIL ya convocó otra huelga general para el 20 de noviembre. La respuesta de Meloni fue convocar una reunión extraordinaria de seguridad y anunciar más soldados en las calles.

Ajuste para el pueblo, privilegios para los amigos

Hay un hilo que une todos estos casos: son gobiernos de ajuste. Llegaron con la promesa de «ordenar las cuentas» y la factura la pagaron siempre los mismos. En Estados Unidos, la derrota de Trump tuvo nombre y apellido: el costo de vida y la nafta, que el día de la elección marcó los precios más altos registrados en una jornada electoral. En Italia, la gente salió a la calle por la inflación, el precio de los combustibles y los salarios congelados. En Francia, contra los recortes presupuestarios que achican los servicios públicos. En Chile, Kast asumió prometiendo ordenar las cuentas fiscales y hoy enfrenta una economía débil, con el empleo como principal preocupación.

Y cuando hay que recortar, el ajuste nunca toca a los amigos. En Paraguay, la caja de jubilaciones estatal tenía 355 millones de dólares en el banco del grupo del que el presidente fue socio. En la Argentina, la motosierra pasó por la discapacidad, las universidades y los jubilados, mientras el presupuesto de la SIDE se multiplicaba y la causa ANDIS investigaba presuntos retornos con medicamentos. Ajuste para abajo, negocios para arriba.

El manual: corrupción y mano dura

El patrón se repite con una precisión que asusta. Llegaron prometiendo terminar con la «casta» y la corrupción, y terminaron con bancos amigos, juicios por cohecho y ministros indefendibles. Cuando pierden, no reconocen: el Likud habla de elecciones robadas, Flávio Bolsonaro no acepta la derrota y Trump dice que él no estaba en la boleta. Y cuando el pueblo protesta por el precio de la comida o del alquiler, la respuesta es policía, soldados y detenciones. Esa mezcla de desprecio por el voto, persecución al que protesta y culto al líder tiene un nombre en la historia, y no es «libertad». Es el viejo olor del fascismo, ahora con filtro de Instagram.

¿Y Milei?

Mientras tanto, Javier Milei se queda sin compañeros de foto. Su principal aliado perdió el Congreso, su socio regional renunció, el candidato que bancaba en Brasil perdió y Netanyahu no logra armar gobierno.

Y la imagen propia tampoco acompaña. Según el último monitor de Zentrix, relevado entre el 19 y el 30 de octubre, la aprobación de su gestión está en el 36,2%, lejos del más del 42% que tenía a comienzos de año, y el 55,5% la desaprueba. En las encuestas, su imagen negativa ronda entre el 56% (Giacobbe & Asociados) y el 59% (AtlasIntel). El derrumbe es más fuerte donde más pega el ajuste: entre los mayores de 60, su imagen positiva cae al 27,5%, y en los sectores bajos la negativa trepa al 70,5%. Y en un balotaje, según el relevamiento de encuestas de MDZ, Axel Kicillof le ganaría 45,4% a 42%. El Gobierno festeja que la aprobación subió un punto en el último mes. Es el consuelo del que se cayó del décimo piso y celebra haber rebotado en el noveno.

Encima, el riesgo país pasó los 820 puntos, el sobreseimiento de $LIBRA no está firme y la causa ANDIS sigue sumando capítulos. La Casa Rosada, como con la derrota de Trump, eligió el silencio.

¿Tomará nota el Gobierno de que el mundo que lo aplaudía se está desarmando? ¿O va a seguir diciendo que es el líder de una ola que ya pasó?

Venían a salvar al mundo del «socialismo» y terminaron renunciando por bancos fundidos, gritando fraude y mandando soldados a la calle. Le pidieron sacrificio al pueblo y se lo cobraron a los jubilados. La ola de la derecha del ajuste se está retirando, y en la orilla quedan los escándalos.


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