El mate pasa de mano en mano con la naturalidad de lo añejo, con la seguridad y la tranquilidad de la justicia. Una goma arde y los chicos más pequeños utilizan la autopista como el escenario perfecto de grandes aventuras, de hazañas que en el futuro serán recordadas con orgullo por sus propios hijos.
Por Ariel Fernández para Noticias La Insuperable

Algunos medios dicen que es un piquete pero yo aseguro que es mucho más…
En una época cargada de individualismo y de una furibunda obligatoriedad de olvidar, Villa Constitución vuelve a ser la mecha de algo importante, de algo que tarde o temprano tenía que explotar. Villa toma la posta de su historia y avanza para marcar el futuro que merecemos.
“Todos juntos” arenga una voz áspera que parece quebrarse de la emoción mientras ve una multitud que marcha convencida, que no evita mirar al costado y que se reconoce en el damnificado.
El conflicto de ACINDAR puso de manifiesto el conflicto interminable y asimétrico entre los intereses de los que más tienen con respecto a la clase obrera, y Villa (creo que más que ninguna otra ciudad) está forjada mayoritariamente con el sudor y la dignidad de la clase trabajadora. Una clase trabajadora que se manifesta y busca reconstruir vínculos. El pueblo Villense reacciona como tal, como pueblo, como un corazón tibio que se rehúsa a dejar de latir. El pueblo Villense tomó el guante que tiró la historia, EL VILLAZO, ese guante que fue (que es y será por siempre) un hito histórico en la lucha de los pueblos por conseguir y mantener trabajo, por vivir con dignidad.
Ser o no ser, en eso radica la cuestión, y la cuestión excede lo que me pueden contar y las materialidades casuales a las que ella se remite. Compartir. Hacerse fuerte en la adversidad. Saber que si nos lo proponemos… nunca estaremos solos.
La ciudad debe entender que no es un problema sólo de las 900 familias como muchos nos quieren hacer creer, por eso Villa debe poner el freno y el kiosquero debe reconcerse con el docente y el verdulero y el profesional; y este simple, pero grandilocuente acto no es otra cosa que la esperanza de un mundo solidario, un mundo justo en donde la lucha es disfrutada como la agonía de las crueldades que imponen siempre los que salen ilesos de cualquier tipo de “crisis”, incluso la más cruel.
Todo lo que se olvida, en algún punto, posiblemente se muere, por eso recuerdo lo que amo, por eso soy un trozo de historia puesto en el lugar necesario.
Muchas veces se dice que no es necesario recordar, sin embargo la historia y el pasado no es más que de lo que estamos hechos, por eso y quizás simplemente por eso, Villa vuelve a reflejar su pasado en este presente resistente y combativo.
Anhelo una resolución satisfactoria, quiero la dignidad de los trabajadores y vaticino la oportunidad para que el país vuelva a hacerse eco de la lucha, la denuncia y la resistencia del pueblo Villense como antaño.
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