Cuando no está en juego la verdad

Por Juan Cabandié para Nuestras Voces

Las redes sociales son el reemplazo de la calle para el macrismo, con Durán Barba y Marcos Peña a la cabeza de la manipulación digital. Cuando la falta de relato se hace sentir, llega la hora de la manipulación, robando la información de bases de datos oficiales, como la de ANSES.

“No tenemos la calle pero tenemos las redes” se ufanan en el macrismo para responder políticamente frente a las demandas cotidianas del debate público. Esa frase que repiten como un mantra, sin embargo, esconde mucho más de lo que aparenta decir.

El macrismo, a más de 500 días de haber empezado, tiene un serio problema de relato, esa palabra mágica que como oposición soberbia denostaban y ahora, que gobiernan, buscan como el aire. Algunos cientistas políticos llaman a eso mito de gobierno, es decir, la manera en que una gestión elije contarse a sí misma y presentarse ante la sociedad. Frente a esto el macrismo tiene un problema aún más grave: no ha conseguido en estos larguísimos dieciséis meses una sola medida que genera empatía social.

Sin medidas positivas de gestión, sin relato ni mito de gobierno, lo que queda es hacer campaña electoral, es decir, usar todo el poder de comunicación.

Cuando Marcos Peña o Durán Barba argumentan acerca de su decisión de trabajar comunicacionalmente en las redes sociales como nunca antes se había hecho, todo lo barnizan con una pátina de modernidad cool que en realidad oculta que estos dispositivos se han convertido en novedosas máquinas de manipulación de la opinión pública.

El mundo de la comunicación está desde hace meses en el centro del debate político y sociológico sobre todo a partir de la mega estrategia de manipulación en las redes desplegadas en dos campañas que produjeron resultados que sacudieron al mundo: el triunfo del Brexit en el Reino Unido, y el de  Donald Trump en las presidenciales de Estados Unidos.

Combatimos la decisión del Gobierno de traspasar las bases de datos de Anses a la la Jefatura de Gabinete, porque sabemos que serán usadas para intoxicar, manipular y operar artificialmente

Inmune a todo debate -no deberíamos esperar otra cosa del PRO-, mientras el mundo discute los alcances de estos dispositivos informáticos, aquí el Jefe de Gabinete festeja y llama cínicamente “conversación individual masificada” y “horizontalidad asimétrica” a un modo de la comunicación política que está poniendo en emergencia los cimientos mismos de la democracia moderna tal y como la conocíamos hasta ahora.

Por eso es central para nosotros discutir y denunciar la decisión del Gobierno de traspasar las bases de datos de Anses a la órbita de la Jefatura de Gabinete, porque sabemos que lejos de  usar los datos personales de jubilados y trabajadores para “mejorar” la comunicación gubernamental, ese insumo valiosísimo será usado para intoxicar, manipular y operar artificialmente sobre el estado de los debates que se expanden en las redes. Además, las bases de datos que obran en el estado, como por ejemplo la información financiera, el ingreso salarial, los beneficios sociales, los movimientos bancarios e información patrimonial, junto a la georreferenciación del lugar donde vivimos cada uno de nosotros, configuran un cóctel de datos para manipular decisiones de todo tipo y de cientos de miles de ciudadanos, o de consumidores, o de electores, según la conveniencia o la coyuntura. En el mundo todos hablan de la era de la Big Data, y son muchos los debates sobre el uso responsable, por parte de los Estados, en el manejo de esta información. Así, por ejemplo, nos enteramos que en cada conflicto político o reclamo sectorial o gremial, el macrismo utiliza una serie de “páginas satélites” creadas por Cambiemos en la campaña 2015 para vehiculizar noticias falsas y difamatorias. Estas páginas, que se continúan en perfiles de Facebook, trabajan contenidos no vinculados inmediatamente al debate político, lo que les permite sumar miles de seguidores, y distribuir entre ellos contenidos falsos que son viralizados por el ejército de trolls que trabaja en la órbita del Jefe de Gabinete Marcos Peña.

La proliferación, durante el conflicto docente, de noticias falsas sobre supuestos viajes o festejos millonarios de algunos de los referentes sindicales, es un ejemplo entre decenas del paisaje de la disputa político comunicacional en la Argentina de Cambiemos. Más interesante aún, es pensar cómo esa lógica de la falsedad se reproduce también en los medios tradicionales. Pensemos en la famosa causa Los Sauces. Se afirma taxativamente que es una causa en la que se denuncia a Cristina por lavado de dinero, sin embargo al mismo tiempo se informa que todas las operaciones inmobiliarias  que se investigan fueron hechas a través de cheques o depósitos en cuentas bancarias. O Cristina inventó una forma revolucionaria de lavar dinero por home banking o lo que se dice es mentira.  Pocos reparan en el escándalo lógico que estas dos afirmaciones presentan. Pocos lo hacen porque, simplemente, en la nueva lógica de la comunicación, la verdad no importa.

También es necesario ver de este modo los timbreos (¡en la que las fotos de los encuentros con los vecinos se sacan desde adentro de las casas!), las escenas montadas en colectivos, fábricas o supermercados.  

Sin embargo,  pienso que la sola denuncia del carácter ficcional de estos montajes no alcanza, que hay un nuevo estatuto de la (post)verdad que juega allí y que vuelve a estos artefactos intervenciones novedosamente sofisticadas, aunque enormemente dañinas para la vida democrática.  

La derecha en argentina gobierna desde 2015 y ha intentado desde entonces presentarse con nuevos ropajes de modernidad, que a poco de andar se han mostrado como lo que son, meras máscaras detrás de la cual se oculta la misma derecha de siempre, que gobierna para los mismos intereses de siempre. La novedad, si la hay, es el rol de los nuevos y viejos medios de comunicación y la confesión sorda pero estruendosa a la vez, de  que nada de lo que se comunica puede ser sometido a condiciones de veracidad o falsedad, simplemente porque ya no importa.

Para el cierre, una autocrítica, tanto que se piden estos ejercicios. El otro día me descubrí llamando “conflicto de interés” al caso de un funcionario de Cambiemos, uno de tantos, que está lisa y llanamente de los dos lados del mostrador. En el momento que lo llamé así me di cuenta que el macrismo había triunfado momentáneamente sobre mí, que me había llevado a su campo de sentido. Un funcionario del Estado que opera para los privados es corrupción, no conflicto de interés.

Cuando tomé conciencia de esto, también pensé todo lo que se juega en el modo en que nombramos a las cosas. Ahí hay una batalla que dar. Y tal vez una de las más importantes para quienes creemos que hay que construir un futuro distinto para las mayorías que están sufriendo las políticas de este gobierno elitista y antipopular.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s