Todos corruptos

🍮 Hay que seguir el ejemplo de los patriotas del 21A, moderados amigos del cambiemismo justiciero que han hecho del mix entre don Claudio y el entrañable Alfredo su acaramelado postre democrático contra amargos populismos cleptómanos.

Por Onó, el Insuperable

Muy sencillo: todo populista es corrupto. Un pleonasmo, dirá usted, mujer u hombre de orden, mérito y recto pensar. ¡Claro que sí! Una redundancia para cualquiera que se informe a diario, objetivamente, con los grandes multimedios nacionales. Pero es necesario repetirlo con todas las letras y algo más. Hay esforzados vecinos que por sostener el país con el esfuerzo del que Mauricio es ejemplo se pierden las clases magistrales de un Casero, un Leuco, un Majul… Y hasta la antología de máximas pedagógicas que TN divulga a través de sus preclaros zócalos.

Lula, Amado y Glas ya están tras las rejas, igual que otros de menor talla. Faltan Dilma, Maduro, Correa, CFK y hasta la mosquita muerta de Bachelet, que aprovecha cada descuido del cándido Seba Piñera para izquierdizar la trasandinidad. La consigna que no debe olvidarse es fácil de divulgar: “Cada populista en su celda”, a imagen sintáctica pero no moral de aquella que acuñó Chiche, la consorte de nuestro estadista de emergencia: “Cada familia en su lote”, que hacía repetir a coro a sus nunca bien ponderadas manzaneras, que tuvieron su vuelta triunfal gracias al partido salvador de nuestras más nobles tradiciones, el PRO.

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Hay que seguir también, a pie juntillas, el ejemplo de los patriotas del 21A, moderados amigos del cambiemismo justiciero que han hecho del mix entre don Claudio y el entrañable Alfredo su acaramelado postre democrático contra amargos populismos cleptómanos. ¡Cuánta tolerancia en esos coros de voces maduras implorando justicia! ¡Cuánta virtud cívica en la exigencia de procesos transparentes, pruebas irrefutables y condenas ejemplificadoras sujetas a derecho!

¿Llegará el día en que veamos juntos a nuestro Mauricio, al casi emérito Peña Nieto, al esforzado Temer, al leal Lenín Moreno y al humilde Piñera cubrir de laureles a los magistrados que con la romana calibrada hasta el punto de la imparcial perfección han acorralado la codiciosa desfachatez y el latrocinio populista? ¿Veremos alguna vez a nuestra técnicamente infalible medicina contra la corrupción, Laurita, condecorar al juez Moro o, aunque más no sea, besar con devoción la calva de don Claudio, que por cierto ya merecería el bronce?

Es muy loable mimar a nuestros líderes de la nueva política, divulgar a los cuatro vientos que erradicaron el nepotismo, ensalzarlos por la honesta frescura que opusieron al bochorno kirchnerista, erigir a un Mauricio o a una María Eugenia en ejemplos a seguir por la juventud ─dicho sea de paso, muy bien encaminada por Píter─, pero sin olvidar dar muestras cotidianas de agradecimiento al heroico periodismo independiente que codo a codo con nuestros próceres forenses desentraña, sin pausa y con prisa en este trance republicano, inmundos chanchullos del populismo infame. Eso también sería justicia. ¿O no?

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