Hay equipo

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

El kirchnerismo quiere un país gris, sin glamour ni espectáculos de nivel internacional. Nos quita la diversión usando sus cuadros anarco-camporistas para privarnos del mejor fútbol, boicotear el G20 y aprovechar la hipersensibilidad social de Mauricio para entristecerlo con la abstinencia vecinal de gambetas y goles, más hiriente que la pasajera inflación que generan los populistas con su malicioso derroche.

Alguien debería advertirle a la jefa de la banda K que toda la maldad que despliegan sus personeros jamás será suficiente para doblegar al puñado de patriotas que con entereza se hizo cargo del destino nacional. Tienen pasta de próceres. Encaran el cambio como una cruzada que despierta la admiración de los prohombres de América.

¿Qué no darían Temer, Donald, Bolsonaro y Piñera, por nombrar a tres egregios estadistas, con tal de tener en sus equipos aunque más no fuera la mitad de nobleza que suma el de nuestro Mauricio? Pato, Oscar y Nico se venderían en el acto y por sumas siderales si se abriera el libro de pases de la más alta política continental. Habría que declararlos intransferibles para poder conservarlos.

No en vano nuestro líder pone siempre en primer plano el fútbol: es la genial metáfora que refleja la superioridad moral de los adalides que lo rodean, hombres codiciados por grandes clubes-estado. Estos mártires republicanos le ponen la otra mejilla a la diatriba cotidiana de los K sin dejar por eso de trabajar coco a codo con la flor y nata de las finanzas internacionales, enamorada como nunca del glamour bancario argentino.

Por eso, populistas apátridas, no lograrán desanimar a nuestro Presidente por más que lo priven del merecido solaz de ver a su querido Boquita desde Chapadmalal, nido transitorio de la paz familiar de fin de semana que con creces merece nuestro primer ciudadano.

Tampoco podrán desacreditar el impecable trabajo de Pato y Horacito en Buenos Aires Ciudad cargándoles el peso de la lacra inadaptada. Ellos dos acompañarán a Mauricio en el bronce que nuestros escultores ya empezaron a moldear con sus admirados rostros. Que los encumbrados huéspedes del G20 se queden tranquilos: hay equipo de sobra para cuidarlos y reconfortarlos. ¿O no?


 

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