Pitanza de verano

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

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Así como en la primavera volvió a florecer la economía después de las recias tormentas que tuvo que enfrentar el equipo de marineros en tierra de Mauricio, ahora en verano estalla todo lo mejor del culto a la tradición y al mérito. Desde el refugio en La Angostura nuestro líder retempla a su marinería con la justa pitanza del bocado traducido en soldada del veinticinco por ciento redondo.

Don Oscar, hombre avezado en tecnologías punta pero respetuoso de las máximas costumbres ancestrales, respondió al incentivo con una idea brillante: devolverle a la patria el orgullo de contar de nuevo con sus reservistas. En maravillosa fusión entre su pasión por los bits y su desvelo por honrar la cartera de Defensa trabaja a toda máquina pensando en el acercamiento del civil a las fuerzas armadas para aunar ingenios contra los arteros ciberataques por venir. ¡Y pensar que los míseros populistas lo llaman despectivamente “El milico”!

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Sabedor de los esfuerzos que el estadista realiza desde su enclave vacacional para situar a la república en la vanguardia planetaria, el inefable Aguad encaró también, con ánimo de reconfortarlo, la modernización del Código de Justicia Militar. Aunque le sobra sapiencia para la tarea, su modestia, la que caracteriza a los hombres de inmensurable coeficiente intelectual,  y afán por compartir logros lo llevaron a convocar a Horacio Jaunarena, hombre que honró el Ministerio de Defensa en tiempos idos que es menester hacer volver a brillar.

Al vecino comprometido con el cambio ─y al que todavía opone resistencia obcecada─ el equipo le regaló otra oportunidad para dignificarse pagando los servicios que consume y, las más de las veces, derrocha, a un precio de primerísimo mundo. Ese empleado medio, con sueldo medio, que holgaba en playas extranjeras, restaurantes y paseos de compras subirá otro escalón hacia la virtud con la sinceridad de las nuevas tarifas que inauguran el año.

Se cierran las perversas nocturnas pero se abren mil escuelas para aprender a pescar y rechazar el humillante pescado regalado. Y a los alocados pedidos de paritarias, rémora populista si las hay, se les refriega la cordura del mérito que cuando es grande tiene su justa pitanza aunque el esforzado no patalee ni obstruya la libre circulación de bienes y personas.

A muchos les remorderá la conciencia al ver a Mauricio trabajar a destajo en vacaciones, ocupado hasta en dar el ejemplo de hacer las compras que por naturaleza corresponden a los fámulos presidenciales. Para calmar sus espíritus habría que decirles que la luz del faro que nos guía no puede apagarse jamás si se sueña con que sea redonda la pitanza. Enaltecer el mérito de los talentosos servidores públicos, incentivar a los mejor dotados intelectualmente y educar al vulgo derrochón son tareas del minuto a minuto del patriota. ¿O no?


 

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