A propósito del calor…

De acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial, los últimos veinte años estuvieron entre los 22 más cálidos de la historia; los últimos cuatro encabezan el ranking.

Por la Redacción de Noticias La Insuperable

2018 estuvo marcado por eventos climáticos extremos como los incendios forestales en Grecia y California, olas de calor en Medio Oriente, inundaciones de Nigeria a Japón, o un supertifón en Filipinas. Argentina no quedó afuera de la lista: las inundaciones en el litoral del país fueron la demostración inequívoca del impacto del cambio climático, sumado a la destrucción de los bosques que reducen la absorción de la tierra.

En un artículo escrito por Mauro Fernández, Coordinador de Clima y Energía, Greenpeace en Argentina, Chile y Colombia, el autor nos explica que de acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial, los últimos veinte años estuvieron entre los 22 más cálidos de la historia; los últimos cuatro encabezan el ranking, en 2017 siguieron aumentando y el año que acaba de terminar llevó las emisiones a su máximo histórico. La última vez que el planeta había tenido una concentración de CO2 comparable a la actual, fue hace alrededor de tres y cinco millones de años, cuando el nivel del mar estaba veinte veces más elevado y el hombre aún no habitaba estas tierras.

Según el informe sobre riesgos globales del Foro Económico Mundial, las tres principales amenazas a la economía global están vinculadas al cambio climático causado por la actividad humana. Y, sin embargo, la comunidad global está haciendo muy poco para revertir la crisis, o incluso para evitar que siga profundizándose.

El último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), máxima autoridad científica en materia climática, demostró que es posible mantener el aumento de la temperatura global por debajo del umbral de 1.5°C en relación con la era preindustrial —meta acordada por la comunidad global en el Acuerdo de París—. Para lograrlo, estamos obligados a reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad para 2030. Esto implica un cambio revolucionario y que las numerosas reuniones climáticas globales dejen la zona de confort y tomen medidas transformadoras y radicales en la forma en la que producen y consumen energía.

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