La fábula de Patricia y Dante

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

Las dos caras de la moneda del Cambio: mérito y holganza. Ella, alumna aventajada; él, duro de entendederas. La hormiga Patricia y la cigarra Dante.

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Una aprovecha hasta los recreos para absorber las enseñanzas magistrales: así accede al posgrado con la tutoría de María Eugenia; otro aguarda con impaciencia la campana para gastar sin criterio su mesada en insalubres helados de crema del cielo; es repetidor, cocorito e increpa a Mauricio que, magnánimo a pesar de la insolencia, lo abraza con su inmenso amor pedagógico.

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Educar al vulgo en el consumo moderado, el ahorro y la austeridad ha sido una de las grandes metas del equipo que lidera El Estadista. Javier dio la arenga inicial al empleado medio con sueldo medio, maleducado por un populismo festivo: vacaciones, celulares e indiscriminadas refrigeraciones hogareñas. No llegó, sin embargo, al obrero que demanda derroche a espuertas.

Juanjo no se quedó atrás en la tarea docente. En el aula taller de la patria de precios justos aprovechó las tarifas como recurso didáctico. Allí Pato, con esmero, hizo la pata ancha y los deberes.  La impronta sarmientina del Cambio no puede discutirse aunque el Presidente  en persona se vea obligado a dar clases de apoyo a los rezagados, a los bueyes corneta que nunca faltan. Siempre hay Dantes que no son Sicas.

Hasta los medios serios e independientes contribuyeron a educar al soberano en el desprecio al derroche. Con la más alta ciencia de su lado enseñaron que hasta la tierra que, muchas veces, muere de risa en macetas arrumbadas puede nutrir al siempre famélico menesteroso, insaciable por naturaleza, una vez agotadas las latas falsamente vencidas que aún pueblan nuestros dantescos contenedores de basura.

Metales - Donde Reciclo

Pero por más que los esfuerzos sean enormes, la labor docente jamás se acaba. Esta vez tuvimos frente a frente, cual aleccionadora fábula, a la hormiga y la cigarra. El Director tuvo que convertirse en Esopo para devolverle la visión al obrero díscolo, para rescatarlo de los cuervos del larroquismo que casi le arrancan los ojos del entendimiento. Moraleja: la gran Escuela del Cambio siempre avanza.

María Eugenia tuvo su gratificación con la hormiga Patricia. A Mauricio, por el contrario, le tocó bailar con la más fea: la cigarra Dante, reacia a comprender que, como dijo el prócer don Álvaro, “hay que pasar el invierno”. Igualmente, al final, ambos pedagogos salieron airosos. El máximo responsable curricular, Jaime, quedó también muy satisfecho con esta clase magistral de literatura.

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La ventaja de contar con un Estadista letrado es un plus para el republicanismo didáctico que abrazamos todos los amigos del orden y el saber. Esopo, La Fontaine y Samaniego nos hubiesen mirado con envidia. Es la garantía para mantener este ilimitado bienestar basado en la austeridad del que gozamos por obra del dulce cambio. Amor y pedagogía. Es por ahí. ¿O no?


 

 

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