Un día en el “Kicimóvil”, el auto en el que el candidato recorrió más de 80 mil kilómetros

La intimidad del Clio en donde Axel Kicillof recorre la Provincia de Buenos Aires junto a Carlos Bianco, su jefe de campaña.

Por Bruno Perrone para 0223

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Atrás, una bolsa de supermercado con empanadas fritas de carne, algunas gaseosas y dos camperas negras. En el medio, entre los dos asientos, asoma la matera. Al frente, el celular negro con el GPS que por primera vez en campaña marca como destino Santa Clara del Mar. En el volante, las manos siempre atentas de “Carli” Bianco. Y a su derecha, una de las máximas figuras de estas elecciones: Axel Kicillof.

-Pónganse el cinturón y arrancamos.

Y así, el Renault Clio, el mismo baluarte de austeridad y sencillez del que se supo apropiar el candidato a gobernador del Frente de Todos en su campaña, arrancó. En esta tarde, al “kicimóvil” le toca atravesar un tramo de la ruta 11 que no ofreció sobresaltos. Para la suerte del equipo del exministro de Economía, que siempre busca cumplir “a rajatabla” los horarios de su apretada agenda, el tránsito se mantiene con fluidez.

Para hablar el candidato se pone de perfil y, por un rato, abstrae su mirada del rumbo del viaje. Por obvias razones, no abandona nunca el cinturón de seguridad. Tampoco se quita la campera negra que acaba de usar en su paso por los territorios con sello oficialista de Pinamar y General Madariaga. Unos minutos antes de emprender el viaje a Santa Clara había comido algunas empanadas en un parate programado en una estación de servicio y había pedido un poco más de tiempo para descansar en la lectura. Pese al desgaste propio que nace de una jornada que arranca desde la madrugada, se advierten energías renovadas en sus gestos, y no duda en volcarlas en la charla con este medio.

-Lograste un triunfo contundente en las primarias y ahora arranca una nueva etapa de la campaña ¿Te permitís encararla más tranquilo, un poco más confiado?

-Estamos en un país que siempre te trae sorpresas. No estoy ni tranquilo ni confiado. Obviamente que sí estoy satisfecho y contento porque se hizo un trabajo muy fuerte ante una situación muy desigual y despareja. Sabíamos que el macrismo iba a hacer un gasto enorme de recursos, un trabajo en redes sociales y una campaña sucia que realmente fue apestosa. Pero también la gobernadora era una especie de candidato invencible, según todo el mundo, y parecía que nada más tenía que decidir si iba a ser presidenta o si continuaba siendo gobernadora; era como la dirigente política de mejor imagen y por eso representaba un gran desafío. Sin embargo, cuando recorrimos la Provincia en estos tres años y medio, la situación era espantosa. Y lo analizo así porque apareció el hambre en pueblos donde antes no pasaba, hubo cierre de comercios y empresas, y ves a todo el mundo con bronca, miedo e incertidumbre. La situación era muy contradictoria en ese punto.

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Macri y Vidal te dicen que hacen una campaña de cercanía porque van y tocan el timbre pero sabemos que eso es una puesta en escena. Nosotros solamente vamos en auto, avisamos en las redes sociales, nos organizamos en una plaza y hacemos reuniones con productores, comerciantes, estudiantes, maestros, sindicalistas, y vamos a ver la realidad de la situación. Esa fue una apuesta muy fuerte y te da satisfacción que haya dado resultado. Pero confiado no puedo estar porque la actitud que mostró Macri después de las Paso es una muestra de que no podés saber con qué van a salir después.

-Y en las recorridas que venís haciendo después de las Paso, ¿Qué te dice la gente? ¿Escuchás mensajes distintos a los que te llegaban antes de las elecciones del 11 agosto, con toda la devaluación que se sufrió a partir del resultado electoral?

-En parte sí porque creo que el resultado terminó siendo inesperado. Las encuestas y el Gobierno decían otra cosa; fueron varias veces consultores del Gobierno a Nueva York a decir que la elección ya la tenían ganada, que ya estaba todo. Y después, con el resultado a la vista, se generó un clima donde muchísimos argentinos y bonaerenses tomaron nota de que no eran casos individuales los que no querían votar a esta gente sino que era la mayoría. Eso es un cambio. Pero en todos lados te vas encontrando con situaciones bastante contradictorias y perturbadoras. Todo el mundo está mal: alguno perdió el trabajo, otro no lo perdió pero tampoco le alcanza, hay chicos que quieren dejar los estudios, hay comercios que ya cerraron o van a cerrar, y por otro lado también se ve que hay mucha energía, mucha fuerza y muchas ganas. Están esas dos discusiones: el recibimiento es muy caluroso cuando llego a un lugar y es muy lindo pero también eso es un termómetro que marca las necesidades que se están pasando hoy en día.

La “sana adicción” y la huella de más de 80 mil kilómetros

Pasaron poco más de 15 minutos y las manos de Axel, cómplices de un impulso involuntario, buscan el contacto inmediato con la matera, firme entre los dos asientos, detrás del freno de mano. Por supuesto, todos los insumos mínimos e indispensables están dentro de una bolsa de material reciclable: hay termo, yerba y un pequeño mate color magenta para compartir en un intercambio de preguntas y respuestas, y risas, mientras el exfuncionario ceba. El agua tiene la temperatura justa.

“Yo soy un poco adicto al mate. Considero que es una adicción sana. La tengo desde mis épocas de estudiante, de profesor, de investigador y de cuando me tenía que poner a escribir”, confiesa.

-¿Hay algún secreto para cebar bien?

-(risas) Yo cebo muy mal. Pero no, no hay ningún secreto. La verdad que a mí me gusta el mate en todas sus formas: frío, lavado, modo sopa. No tengo ningún problema. Pero eso sí: tiene que ser amargo.

El chofer y jefe de campaña de Kicillof, Carlos Bianco, interviene y aclara que, por lo general, “se ceba atrás y no adelante”. En los viajes, el referente del Frente de Todos también cuenta con dos colaboradores indispensables, Jésica y Nicolás, que completan el reducido número de personas que lo acompañan a cada rincón de la Provincia.

“Carli”, que respeta una vestimenta de negro tradicional, es el dueño del “kicimóvil”. Por fuera de las actividades de la campaña, asegura que el vehículo lo sigue utilizando para su uso personal y por eso se le hace difícil estimar toda la distancia que recorrió junto a Axel desde el 2016. “El problema es que no es que lo usamos para la campaña el auto y después lo guardamos; yo lo uso todos los días. Pero debemos andar en los 80 mil kilómetros recorridos. Y también debemos acumular más de 150 actos y otras 500 o 600 actividades en todo lo que vamos de la campaña”, dice.

La literatura y el amor por Dylan y The Beatles

La verborragia del exministro de Economía no se calma ni por un segundo. Frente a cualquier pregunta o comentario, el candidato encuentra conceptos para profundizarlos y expandirlos. Todo el interior del Clio color gris sigue con atención el hilo de sus palabras. El estéreo está apagado y el andar por la ruta es apenas un murmullo tímido que acompaña con calma el devenir de la charla.

-Y entre tantas horas y horas de ruta, ¿Qué hacen en este mini búnker? ¿Cómo es un día acá?

-Hacemos de todo: charlamos, laburamos, repasamos la agenda, los discursos, y un poco también vamos haciendo la digestión de lo que va pasando. A veces habré dormido y hasta llego a leer. Después también hablo por teléfono, hago notas. Es una especie de oficina móvil.

-¿Qué estás leyendo?

-Ahora estoy leyendo “Historia de la Provincia de Buenos Aires” (Editorial Edhasa). Son seis tomos y voy por el tercero. Hoy, por ejemplo, pedí que esperaran un poco para seguir porque quería leer un rato.

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– Tu mujer es doctora en Letras, ¿cómo te llevas con ese mundo?

-La literatura me encanta. Obviamente con la gestión, y en la época de ministro, era muy complicado. Me gusta leer a la noche, acostarme y quedarme hasta la madrugada. Ahí me gusta leer más literatura, no tanto historia u otras cosas. Pero cuando uno está con un ritmo fuerte no llegás. Y mi esposa me inició muchísimo en literatura que no conocía. Pero lo de la literatura siempre es un problema porque uno se siente en deuda y en falta.

El “kicimóvil” sólo tiene dos puertas y comodidades claramente limitadas. El candidato kirchnerista y su equipo lo saben pero no dramatizan. Axel, entre chiste y autocrítica, reconoce que el auto “se podría lavar más a menudo”. Y dice también que siempre muestra un “ambiente cargado”, algo que parece ser verificable: se pueden observar elementos en cada rincón que garantiza un lugar mínimo como para conservarlos. Por ejemplo, él guarda el libro en un costado de su puerta.

-Y en lo musical, ya sabemos que Alberto está casado con Bob Dylan y The Beatles, ¿Vos qué escuchás? ¿Cuál es tu banda preferida?

-Hay varias cosas pero igual Dylan y los Beatles también me encantan. En mi caso particular, tengo que decir que yo tuve una época mucho más musical que la actual…

-¿Sabés tocar algún instrumento?

-No, no se tocar nada. Me gustaría. Mis hijos sí van a música. Lo que sí canto muy mal; pésimo. Te puedo arruinar un fogón grande si me pongo a cantar. Pero dentro de la música que tenía que ver más con mi adolescencia puedo decir que Los Redondos me encantaban y me encantan.

-¿Y en el Clio se prende la radio? ¿Ponen música alguna vez?

-Sí, se escucha. Acá suena rock nacional, cumbia y cuarteto.

La “campaña sucia” y la familia

En General Madariaga, a la salida del café Paseo Los Vascos, Kicillof solamente tuvo que caminar una cuadra para llegar al Club Atlético Huracán, la sede del acto de campaña. Para cualquiera supone un trámite fácil; para Kicillof no: antes debió superar una barrera de cientos de seguidores que parecían atraídos casi con la fuerza de un imán. El tumulto, en una calle tan angosta, provocó que un hombre tropezara en la vereda pero ni esa caída impidió que cesara la búsqueda de una selfie con el líder kirchnerista.

La escena no resulta novedosa porque se repite en cada ciudad que pisa el candidato a gobernador. Su presencia enciende fuerte fervor en gran parte de las personas que apoyan su propuesta de Gobierno, y para otros significa también la oportunidad de hacer un dinero extra a través de la ya característica venta al aire libe de choripanes, hamburguesas, remeras con el rostro de Cristina Kirchner, libros y otro variado merchandising.

-¿No te cansa tanta vorágine e intensidad? ¿Se llega a disfrutar la campaña en algún momento?

-Disfruto muchísimo la campaña. Venía de una gestión muy exigente, pesada en términos de obligaciones y responsabilidades y de trabajo como ministro. Y extrañaba mucho poder recorrer y tomarme más tiempo para charlar y escuchar. La verdad que los bonaerenses son muy respetuosos. La grieta puede representar ideas distintas pero no hay agresiones. Y tenés casos de vecinos que te invitan a una casa del Procrear, que fue un programa nuestro, y es hermoso todo lo que te dicen. Hay cosas muy lindas que el ministerio, que es una especie de búnker, te distanciás mucho. Yo hago política desde los 13 años. Lo hice siempre así: caminando la calle y estando presente.

-Recién hablabas de las agresiones. ¿Tu familia cómo vive eso? Hace poquito te tildaron de “soviético” y “comunista”.

-Ellos están al margen. Y ese tipo de comentarios ya son de otra época. Hoy vas a Rusia y no vas a encontrar a un soviético (risas)… El Gobierno trató de reinstalar esta idea de la grieta, que todavía estamos tratando de entender qué es exactamente. Me acusaron de muchas cosas y algunos son ataques directamente porque me tratan de asociar con todo lo malo que se le pueda ocurrir. Hicieron una campaña sucia. Pero eso no es lo que pasa en la calle. En toda la campaña creo que no me han insultado. Me he reunido con sectores agropecuarios e industriales a escuchar y disentir lógicamente. Y está bien que haya diferencias y diversas posiciones. Lo importante es que se tramite de manera democrática; es parte del juego de la política.

El candidato “sexy” y su cuidado de la imagen

Si hubo un acercamiento que terminó de consolidar Kicillof en esta campaña fue con el público femenino. Mucho se habló sobre los suspiros que despierta su imagen en las mujeres. Pero en la charla con este medio, el dirigente mantiene un perfil bajo en este aspecto y le resta importancia. No sólo lo dice sino que lo confirma con sus gestos: dentro del Clio, no pierde tiempo en mirar al espejo para arreglarse o corregir cualquier otro mínimo detalle. Su chofer, incluso, le reprocha tanto desinterés. “Nunca se cuida y eso es un problema”, apunta.

-¿Te preocupa tu imagen, sos de los que se cuidan?

– (risas) Soy un desastre; nunca me intereso tanto la ropa y el pelo. Me miro muy poco al espejo y me sorprendo cuando me veo. Pero este fenómeno que dicen de la cuestión de la apariencia física creo que también es un elemento político. Por un lado, podría ser porque no soy solo una cara bonita. Pero incluso la cuestión política embellece de alguna manera. Si vos representás la esperanza o una posibilidad determinada, uno entonces trata de tener una posición política atractiva, una propuesta y una actitud atractiva, pero tampoco creo que tenga que ver con lo individual sino con lo colectivo.

-¿Pero hacés ejercicio o algo para mantenerte?

-A la mañana, en general, me despierto un poco antes de llevar los chicos a la escuela y en ese rato hago un poco de gimnasia. Igual hago poquito ejercicio pero trato de hacerlo todas las mañanas. Lo aprovecho más que nadad porque es un tiempo en el que estás solo, en silencio, y sin el ruido del teléfono ni la invasión del día y me gusta.

Los deseos de cumpleaños

Septiembre no sólo marca el inicio de la primavera, el comienzo de otra etapa de la campaña, sino que también coincide con el cumpleaños del referente del Frente de Todos. El 25 de este mes, Axel Kicillof cumple 48 años. Y 32 días después, si la tendencia de los votos cosechados en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (Paso) se repite, comenzará entonces una experiencia inédita y soñada en su vida: la de conducir los destinos de la Provincia de Buenos Aires.

-Esto es romper un poco con la tradición, ¿pero qué deseos pedirías y te gustaría que se cumplan?

-La verdad que vengo de escuchar realidades muy jodidas. Y no puede ser que haya una situación tan compleja en términos de trabajo, de hambre, y de perspectiva de futuro con respecto a la educación. Si tuviera que pedir deseos es que esto se tiene que terminar. En Argentina se dice mucho que conseguimos alimentos para cientos de millones de argentinos pero los pibes tienen hambre. Es una situación muy triste. Pero no es algo imposible, no es que hay que frotar la lámpara para que salga el genio; es cuestión de poner poner al Gobierno, al Estado, a la sociedad en su conjunto, encaminada para un proyecto más solidario y en conjunto. Se puede hacer; no es un deseo imposible.

-¿Creés que no hacen falta ‘genios’ para resolver esta crisis?

-Sí, es verdad que va a ser difícil. Pero la Provincia de Buenos Aires tiene un volumen, una potencialidad y una riqueza enorme; hay que tener muchas ganas de seguir abultando los balances y ganancias de sectores minúsculos que ya tienen y no necesitan. Acá se olvidaron de la clase media. Cuando dicen que la pobreza aumentó en cuatro millones de nuevos pobres se trata de gente que hasta hace poco era clase media y habían tenido mejoras en sus condiciones. No hay que olvidarse de eso.

-¿Y qué pensás que te hace falta para mejorar tu elección y que más bonaerenses se sientan incluidos en la propuesta?

-Yo estoy seguro, sobre todo en los municipios en los que gobernó Cambiemos, que todavía reina mucha confusión y que nos falta profundizar la transmisión de nuestras propuestas, de nuestro mensaje. A esta altura, es muy difícil que alguien niegue lo mal que está la cosa, la discusión o las reflexiones sobre las causas, y no me refiero sólo a quién es el culpable de esto que está pasando. Pero el Gobierno trabaja mucho todo el día, a través de medos de comunicación y sobre todo en ciertos segmentos de la sociedad, en echarle la culpa al otro, en no responsabilizarse, en seguir con el mensaje de que van a seguir por el mismo camino pero que sus políticas van a dar frutos en algún momento. Creo que nos falta trabajar, nos falta explicar la cuestión económica, porque es muy claro el daño que ha hecho y qué elementos de la política de Macri no se cambian y provocan que las cosas sigan yendo de mal en peor.

La línea verde que marca el recorrido de la ruta en el celular llega a su fin. El GPS, a veces interrumpido por constantes mensajes de Whatsapp, lo confirma: el “kicimóvil” ya está en Santa Clara del Mar. La recta final del viaje le permite disfrutar a Kicillof de un sector de playas que está desierto de personas pero con un mar lleno de vitalidad. “Ahora voy a hacer de turista”, dice maravillado el dirigente, que saca su teléfono para tomar algunas fotos del paisaje que regala la costa. Pero la soledad y la calma sólo duran unos minutos. A los pocos metros, en las puertas del complejo donde está previsto una conferencia de prensa, se divisa otra vez un tumulto de seguidores que cada vez se hace más grande. El “kicimóvil” tiene que pedir permiso para estacionar y evitar cualquier inconveniente. Y una vez que lo logra, sucede lo esperado: distintas manos y sonrisas se lanzan hacia los vidrios para dar una cálida bienvenida al candidato.

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