Una llama en nuestra memoria

Gustavo Calotti, sobreviviente de la Noche de los Lápices, ofreció su testimonio a La Garganta Poderosa, en el aniversario n°43 del secuestro y desaparición de jóvenes estudiantes en la Ciudad de La Plata.

Por Gustavo Calotti, sobreviviente de la Noche de los Lápices.

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Hace algunos días me preguntaron por un recuerdo de aquella madrugada, hace exactamente 43 años, en la Noche de los Lápices. A mí me llevaron desde la oficina donde trabajaba el 8 de septiembre. Imaginaba, en mi estrechez propia de los 17 años y a pesar de la militancia, que iba a ser una cosa rápida, que me iban a matar y ya. No me esperé jamás semejante tortura, tanta crueldad y tanta perversidad imborrable. Es un dolor interminable, una agonía, porque después de la sesión de golpes te vienen a buscar de nuevo, y ya sabés que lo van a hacer una y otra vez; eso era lo más horrible.

Recuerdo a cada una y cada uno de mis compañeros con mucho cariño, pues la memoria es un músculo que sin ejercicio se atrofia. De los diez estudiantes secuestrados el 16 de septiembre, así como algunos días anteriores y posteriores, sobrevivimos cuatro. Y los 6 desaparecidos quedaron congelados en el tiempo: jovencitos. A veces pienso que eran los mejores, que por eso no están con nosotros. Juntos soñábamos hacer la revolución, sentíamos muy cerquita la experiencia cubana. Buscábamos una sociedad sin explotadores ni explotados; un país donde no sufriéramos lo que hoy tanto nos lastima: una miseria total, pibes durmiendo en las calles, cierres de fábricas, una Argentina tremendamente endeudada y los Derechos Humanos vulnerados, porque la única respuesta que este gobierno le ofrece al pueblo es la violencia.

Creo profundamente que la liberación está en la educación y en el espíritu crítico, y es por eso que la Noche de los Lápices debe permanecer en nuestra memoria como una llamita. Siempre encendida, presente, en la condena a los genocidas impunes para que no se repita. No puede avanzar la sociedad si la memoria se muere, ni si las y los jóvenes se desentienden de la política como la herramienta para cambiar la realidad. Hay que abocarse en cuerpo y alma a ello, dejando lo material de lado para cambiar el país y el mundo. ¡Eso es hacer política!

Puedo sonar utópico porque todavía tengo sueños.
Y sólo espero que la juventud siga creyendo, porque sí, las utopías son realizables.

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