Las autoridades de salud pública se han abstenido de describir el COVID-19 como pandemia, pero algunos dicen que es solo cuestión de tiempo y de semántica.
Por National Geographic. Foto: KIM HONG-JI, REUTERS

En los dos meses trascurridos desde que se anunció el brote de coronavirus en China, la enfermedad se ha propagado por todo el mundo. Se ha informado de brotes en más de 50 países con más de 85.000 casos confirmados y 2.900 víctimas mortales en todo el mundo. La semana pasada, las bolsas registraron su mayor caída desde la recesión de 2008 conforme se disparaban los casos de la enfermedad de nombre oficial COVID-19 en lugares como Italia, Irán y Corea del Sur. Por otra parte, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades anunciaron que es solo cuestión de tiempo hasta que el virus también prolifere en América.
«Ya no es tanto una cuestión de si esto ocurrirá, sino más bien una cuestión de cuándo ocurrirá y cuántas personas padecerán enfermedades graves en el país», declaró Nancy Messonnier, directora del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias de los CDC, en un comunicado de prensa el miércoles pasado. El sábado, el estado de Washington anunció la primera víctima estadounidense del nuevo coronavirus.
Debido a la propagación globalizada, el término «pandemia» está empezando a circular entre las autoridades y los medios.
Sin embargo, las autoridades de salud pública se han abstenido de etiquetar oficialmente esta emergencia como pandemia. En sus declaraciones, Messonnier indicó que el mundo está cada vez más cerca de cumplir los criterios de una pandemia. Por su parte, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, también declaró esta semana que estamos en el precipicio de una pandemia.
Entonces, ¿qué es exactamente una pandemia y qué ocurre cuando una de las principales organizaciones de salud pública, como la OMS, declara una? Aunque describir esta crisis sanitaria global como pandemia podría no cambiar los hechos sobre el terreno, puede suscitar miedo entre el público y provocar un cambio en la estrategia de mitigación de daños.
¿Qué es una pandemia?
Las crisis de salud globales suelen aumentar en fases. Esta cadena de acontecimientos comienza con un «brote», un aumento repentino de los casos confirmados de una enfermedad que se limita a una región geográfica pequeña, como Wuhan. Si la enfermedad se propaga más allá de esa comunidad (como el nuevo coronavirus por China), entonces se convierte en una epidemia.
Según la definición clásica, una pandemia es una epidemia que traspasa fronteras internacionales y afecta a una gran cantidad de personas en todo el mundo.
«Todo depende de la geografía. No se trata de gravedad, sino de si el número de casos es alto o bajo. De si observamos una propagación por el mundo», afirma Lauren Sauer, profesora adjunta de medicina de emergencia y directora de operaciones de la Oficina de Preparación y Respuesta para Eventos Críticos de la Josh Hopkins.
No todas las epidemias extendidas se consideran pandemias. La gripe estacional, por ejemplo, cumple todos esos requisitos, pero su naturaleza cíclica es lo que la diferencia de una pandemia de gripe, que puede propagarse a cualquier parte en ambos hemisferios independientemente de la meteorología.
Una declaración de pandemia también tiene en cuenta quién está infectado y dónde. Si una persona contrae el coronavirus en China y vuelve a su país, ni ella ni las personas a las que infecten cuentan en la cifra de la que se parte para declarar una pandemia. Sauer afirma que estas limitaciones se deben a las lecciones aprendidas de la pandemia de H1N1 de 2009, cuando los viajes internacionales hicieron que pareciera que la enfermedad se propagaba con más rapidez y más ampliamente de lo que lo hacía en realidad.
En lugar de eso, las autoridades de salud pública están buscando la transmisión local de COVID-19. Esa es la etapa en la que el virus empieza a propagarse fuera de China entre personas que no han viajado recientemente a un país asiático. En las primeras etapas de una epidemia, la mayoría de esos casos pueden rastrearse hasta los viajeros procedentes del lugar de origen del brote, en este caso China. Pero conforme la transmisión local progresa, el rastreo de los contactos se rompe. En este punto de inflexión, el coronavirus puede propagarse de forma inadvertida, dificultando mucho su control.
Algunos expertos en salud pública sostienen que el nuevo coronavirus ya ha adquirido la categoría de pandemia si se compara con estas definiciones: se han confirmado casos en seis continentes, entre ellos 2.300 en Corea del Sur y 650 en Italia. En muchos de los países, los brotes se mantienen a nivel local, con los ejemplos recientes de California, Oregón y Washington.
El sábado el Dr. Robert Redfield, director de los CDC estadounidenses, declaró que el caso mortal de Washington no pudo rastrearse hasta un paciente infectado ni hasta un viajero procedente de China. Por otra parte, la Casa Blanca anunció prohibiciones de 14 días para cualquier extranjero que haya viajado por Irán, mientras que el Departamento de Estado emitió su aviso de máximo nivel respecto a los viajes a Italia y Corea del Sur. El presidente Donald Trump ha declarado que está considerando más restricciones de viajes en la frontera con México, aunque su vecino sureño solo tiene dos casos confirmados frente a los 62 de Estados Unidos.
Entonces, ¿por qué se abstiene la OMS de declarar esta epidemia una pandemia? «En realidad, es cuestión de semántica. Pero la semántica gana importancia cuando hablamos al público general sobre estos temas», afirma Sauer.
Por qué importan (y no importan) las pandemias
Las palabras importan. En la rueda de prensa del miércoles, el director general Ghebreyesus pidió cautela antes de apresurarse a etiquetar esto de «pandemia».
«Usar la palabra “pandemia” con descuido carece de beneficios tangibles, pero sí tiene un riesgo considerable, amplificando el miedo y el estigma innecesarios y no justificados y paralizando los sistemas», declaró.
Lawrence Gostin, profesor de la Universidad de Georgetown que también dirige el Centro de Colaboración de Derecho Sanitario Internacional y Nacional OMS, pone de manifiesto que «pánico» figura en la palabra «pandemia».
Gostin explica que en 2009, personas de todo el mundo se asustaron cuando la OMS describió la gripe H1N1 como pandemia y más adelante se criticó a la organización por generar alarma pública cuando el virus resultó no ser muy letal. Ahora, la gripe H1N1 regresa de forma estacional y se incluye en nuestras campañas de vacunación anuales.
«Así que el hecho de que esto pueda convertirse en pandemia resulta preocupante porque es mucho más letal que la gripe, pero es algo que queremos retrasar tanto como sea posible hasta que obtengamos una vacuna, que debería llegar dentro de 12 a 18 meses», afirma Gostin.
Sin embargo, desde un punto de vista legal, no importa si la OMS lo llama pandemia o no.
Gostin (que aclara que en realidad la OMS no «declara» pandemias) indica que la organización ya ha declarado algo mucho más significativo: una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII). Dicha declaración permite legalmente que la OMS haga recomendaciones sobre la gestión de la epidemia a sus estados miembros. También moviliza financiación y apoyo político.
Entonces, ¿qué ocurre si empiezan a llamar «pandemia» al COVID-19?
Aunque «pandemia» sea una mera etiqueta sin importancia legal, sí tiene valor. Una pandemia se traduce en que las autoridades ya no creen que puedan contener la propagación del virus y deben adoptar estrategias de mitigación, como clausurar colegios y cancelar concentraciones multitudinarias.
Según Sauer, esto es precisamente el motivo por el que algunos expertos en salud pública sostienen que la OMS y otras organizaciones internacionales deberían tomar esta decisión. Cuanto antes adopten las autoridades de salud pública y el personal de primeros auxilios medidas de mitigación (como las que vemos cada año con la gripe), mejor.
En Estados Unidos, los CDC ya han compartido su estrategia para proteger a las comunidades a la luz de una pandemia de coronavirus. Incluye «medidas de distanciamiento social», como clausurar escuelas y recomendar el teletrabajo para prevenir que las personas infectadas contagien a sus compañeros y colegas. Podrían llegar a posponerse o cancelarse eventos y concentraciones multitudinarias. Incluso podrían cancelarse las Olimpiadas de Tokio de este verano si las condiciones parecen demasiado peligrosas. Y los CDC recomendarían retrasar las cirugías electivas para garantizar la disponibilidad de camas en hospitales.
Gostin afirma que las medidas de distanciamiento social no son algo que una organización de salud pública recomendaría a la ligera, ya que afectan a las familias, las comunidades y las economías.
«Los niños aún tienen que recibir una educación, sus padres tienen que poder ir al trabajo y la gente también quiere salir y divertirse. Así que no es algo que queramos hacer. Solo si fuera necesario», afirma Gostin.
Las personas también pueden tomar medidas preventivas por sí mismas, como lavarse las manos con regularidad, taparse cuando estornuden y limpiar las superficies. Pero Gostin afirma que solo hay una cosa que la gente debe recordar si la OMS empieza a llamar esto una pandemia: «Lo importante es que no cunda el pánico».
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