El virus populista

SÁTIRA | Por Onó, el insuperable ·

Para que pudiese atravesar con dignidad las amenazas de la pandemia, Horacito tuvo la gentileza de enviarme un barbijo de esos que consiguió a precio de ganga. Tuvo además el detalle de otorgarme uno de color amarillo, igual al que luce el Estadista Mauricio cuando se reúne con sus acólitos para instruirlos a propósito de los sacrificios que implica la lucha contra el virus más peligroso de todos: el populismo.

Denuncian que Larreta compró barbijos a 3000 pesos cada uno ...

Desde mi humilde y recoleto piso de cuarentena he tenido el honor de participar de las teleconferencias que animan nuestros prohombres del cambio. A estos adalides no los amedrenta ninguna amenaza invisible. Todos sufren, sin embargo, con el avance tangible de la garra populista sobre la libertad, la propiedad privada y la buena costumbre del trabajo que dignifica e inmuniza.

Con horror percibí que la salud de estas lumbreras de la gestión pende del fino hilo que la cimitarra populista podría cortar en cualquier momento con más impuestos, más ociosidad reglamentada y más demagogia.

Mauricio Macri no supo cómo ponerse un barbijo durante un ...

Entre tanto pecho valiente se adivina la congoja que provoca la falta de libertad de comercio y la restringida circulación de changarines, mercancías y capitales. Por desgracia no es suficiente para reconfortarlos el dulce sonido de la cacerola del vecino de pro.

Pato, entre lágrimas añejadas en sus pupilas de roble, nos advirtió que los alcoholes que nuestro alcalde garantiza a precios de dumping nada pueden hacer contra el virus populista que ella se esforzó por aniquilar desde la más noble legalidad republicana cuando le tocó sacrificarse en cuerpo e intelecto por la querida patria. Ni el consuelo de la lavandina de 25 gramos dejó en pie para sostener nuestro optimismo.

Juntando las manos en plano oriental le rogué al bueno de Alejandrito, por tener él un temple de hijo de león, que nos alentara con su atildada filosofía en este trance demoníaco cuyos fuegos avivan los Fernández. Visiblemente abatido me indicó el link para adquirir con cupón de descuento un jugoso volumen de su autoría.

Por eso con mi salvoconducto para transitar por Buenos Aires Ciudad me apersoné en la morada del Estadista. El alma me volvió al cuerpo cuando con esa dicción perfecta que lo caracteriza me dijo “Onó, nuestros líderes de equipo pueden permitirse un momento de flaqueza pero, usted sabe, a todos en el corazón les late el cambio tanto como a Esteban; confíe en Marquitos, en Hernán y en los queridos periodistas independientes, nuestros antivirales contra el populismo.”.

Barbijo al viento me alejé del lar de Mauricio con ímpetu renovado. Moraleja: témale al populismo más que a las miserias del cuerpo. Eso de que la salud va y viene pero lo importante es el libre comercio debería grabarse a fuego en las neuronas de todos desde la más tierna infancia.

Luchemos entonces por el retorno del Estadista, único antídoto contra el virus más nocivo para cuerpos y almas. Ya supimos lo que era tenerlo en lo más alto velando por mantenernos en el paraíso de las sanadoras buenas ideas. No podemos permitirnos la ausencia de Mauricio. ¿O sí?

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