ASPO urbano

Con el regreso del aislamiento social preventivo obligatorio estricto cada minuto de evasión placentera cotizará muy alto en los mercados de la salud mental ciudadana.

Por Silvina Belén para Noticias La Insuperable ·

El regreso al ASPO estricto en el AMBA dejó de ser un rumor: llegará con julio. Temores, ansiedades y fobias -salvo la agorafobia, cenicienta en la pandemia- estarán de nuevo a la orden del día. Las noches de insomnio, la soledad o el exceso de compañía se presienten. El ocio ya ha confirmado que tiene sus caras oscuras; la evasión, sus secretos. La vida online, al fin y al cabo, no era la panacea que en su día nos anunciara Negroponte. Ser digital a veces se parece mucho -con perdón de la reminiscencia parmenídea- al no ser.

En el área metropolitana es, precisamente, donde más escasea el espacio en la vivienda. El metro cuadrado es preciado tesoro, igual que la luz natural, el aire libre de patios y balcones o el milagro de los jardines. No es difícil prever, entonces, que la mayoría deberá lidiar con la estrechez del hábitat, la tiranía de la luz e, incluso, el calor artificial que nos cobran a precio de oro en la densa atmósfera hogareña. Por desgracia, la inmensidad del ciberespacio no es consuelo ni oxigenación vital.

Con el covid al acecho, esta realidad es ineludible. Ni las ciencias médicas ni las artes políticas han encontrado alternativas eficientes. El ejercicio de la gregariedad es mortal en el trance pandémico. Del nomadismo, ni hablar: hasta el tour de almacén se ha vuelto un periplo temerario. Solamente trasnochados, runners, supermercadistas indolentes y libertarios-terraplanistas tienen la osadía perversa de invitar al prójimo a jugar a la ruleta rusa con cinco balas.

Así, entre la espada y la pared, sin mucho para innovar, cada minuto de evasión placentera, cada instante de fascinación cognitiva cotiza muy alto en los mercados de la salud mental. Los caminos ya transitados afrontan resistencias que en un comienzo soslayaba la novedad: el museo virtual carece de los inefables aromas del arte, al hallazgo libresco al que arribamos por Google le faltó la sal de haberlo descubierto tras un recorrido por las mesas de las librerías, las maratones de series nos dejaron con las pupilas neurales hastiadas, el teatro por streaming terminó pareciéndonos como un café recalentado mil horas en la bola de vidrio macdonaldiana… En fin, se achica el panorama.

Proponer es un riesgo cada vez mayor. Hay quienes se han animado a declarar que retornarán sin pudores a la radio AM, a la cocina con los libros de doña Petrona C. de Gandulfo -que vendió más ejemplares que el Martín Fierro-, a la relectura de clásicos y a los juegos de mesa. E invitan a sus congéneres a imitarlos. Tal vez no les falte razón.

Un tuitero más cercano a Juanita que a doña Petrona

Desde esta columna, entonces, ensayaremos también -y con riesgo redoblado por tratarse nuevamente de recursos virtuales- una que otra propuesta sabiendo, desde luego, que el fracaso podría acechar a la vuelta de la esquina cual policía exigiendo certificado de tránsito.

Para empezar, lo urbano. En esos tiempos en los que andábamos “a mil” por las calles de la ciudad seguramente dejamos pasar la oportunidad de contemplar el arte urbano, el muralismo de baldío o la magia que transformó una pared anodina con los milagros de la perspectiva. Ahora tenemos la oportunidad de observar con detenimiento esas creaciones, tanto las locales como las foráneas: hay quienes se han ocupado de recopilarlas e identificarlas.

El street art puede encontrarse en la web y en las redes sociales no sólo como mención pasajera sino también con la exclusividad que merece. Dejamos aquí tres puntos de partida: Street Art Magic, Street Art Argentina – Graffitimundo y Street Art Milano.

Como posta intermedia, la riqueza lírica del ritmo. Una fusión de música y literatura no vendría nada mal para sobrellevar las inclemencias de alguna madrugada especialmente áspera. No hablamos de ópera, claro está, sino de manifestaciones un tanto menos extensas. Reflotar el Embeleso artúrico que tiempo atrás nos dejó por estos lares Ficcional sería una de las puntas, digamos la lejana: “Escuchar la interpretación de Loreena McKennitt de The Lady of Shalott es una excelente manera de acercarse a la historia de Elaine, tan placentera como la lectura de los versos de Tennyson.”. La cercana, el contrapunto entre Sabina y Prado en la voz de Travis Birds.

Y para cerrar, lo remoto: mirar las estrellas en 100.000 Stars podría convertirse en una verdadera distensión. A falta de telescopio o visita al Planetario, esta web propone un agradable paseo por el vecindario estelar: “100,000 Stars is an interactive visualization of the stellar neighborhood”. Es cuestión de pasar por aquí https://stars.chromeexperiments.com/ y recuperar algo del olvidado placer de la serena contemplación. “Si no le cura al menos le reconforta”, diría un catalán.

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