La sombra que inquieta

La excesiva permisividad ante la constante difamación que lleva adelante Juntos por el Cambio para degradar ética y moralmente a los representantes del gobierno del Frente de Todos profundiza oscuros interrogantes.

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

Hoy en día todo parecería indicar no solamente la inexistencia de una estrategia comunicativa oficial adecuada para contrarrestar el discurso y las operaciones orientadas a exacerbar sistemáticamente el odio e imponer difamaciones sin fundamento real, sino también la aceptación de esa modalidad sin resistencia alguna, sin voluntad siquiera para levantar la voz contra la falsedad que daña sin cesar la convivencia democrática.

Permisividad, silencio, inacción e impericia -esencial o forzada- en el arte de anticiparse son los ingredientes de un cóctel desesperanzador.

El mensaje público de JxC es una muestra clara de impunidad comunicacional, un elemento disociante más entre otros muchos que conforman el arsenal táctico de un “vale todo” que destruye personas e instituciones en base al imperio de la mentira, el engaño y la tergiversación combinados.

Los silencios e inacción oficiales ante comunicados así, o la tibieza de tardías respuestas de compromiso como la del Jefe de Gabinete, son los que en verdad hieren la institucionalidad. Permitir que se lesione sistemáticamente la convivencia republicana degrada a un gobierno democrático y desmoraliza a la ciudadanía que con su voto apostó al progresismo.

Los melifluos llamados a la reflexión dirigidos a reincidentes expertos no son patrimonio exclusivo de Santiago Cafiero, funcionario sobre el que se recargan las tintas críticas sin considerar que simplemente armoniza con el tono oficial que impera en todas las líneas jerárquicas.

El contexto del ASPO es una caja de resonancia potenciada en la que los planes de degradación contra cualquier forma de progresismo, sus representantes partidarios y adherentes como el que se pergeñó en las usinas PRO y sostiene desde hace más de una década con eficacia creciente, golpean con rápidas consecuencias políticas.

Al asumir, el gobierno de Alberto Fernández tomó el riesgo de hacer la vista gorda con los funcionarios macristas que permanecieron en cargos de importancia. Lo reforzó nombrando a otros tantos. Cabe recordar que la nueva administración gozó de un trimestre sin la Espada de Damocles del covid.

La aceptación voluntaria de una Quinta columna cambiemista con objetivos que no se dieron a conocer a la militancia -se presumían estratégicos para la gobernabilidad-, no da margen para tolerar el avasallamiento constante por medio de la diatriba orquestada mediática y judicialmente de una fuerza opositora a la que se le han concedido cargos de relevancia.

La actitud permisiva ante el continuo ninguneo de JxC respecto de la autoridad oficial -tanto en lo moral como en lo referido a gestión-, la fuerte instalación de rumores de genuflexión ante personajes rancios (“Mencionan a Melconian para suceder a Guzmán después de resolver la deuda”) y las consecuencias del accionar de los quintacolumnistas apoltronados en segundas líneas (“Acusan a un funcionario de la UIF cercano a Macri de frenar una investigación sobre Vicentín“) proyectan sobre la administración del Frente de Todos una sombra cada vez más ominosa.

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