Incendio programado

No quedan dudas: Alberto Fernández enfrenta una oposición cuyo objetivo principal es desestabilizar su gobierno de manera rápida, fulminante si fuera posible. No se trata de crear disconformidad en el electorado a plazos cívicos, capitalizable en futuras elecciones, se trata de un plan de acciones destinado a generar un daño inmediato e irreversible, sin miramientos.

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable

En este caso, por desgracia, la expresión “oposición destituyente” no es una de esas exageraciones a las que suele apelarse con liviandad: el trabajo de acoso y derribo se incrementa día a día. La suerte está echada: ninguna concesión resultará suficiente para torcer tan férrea voluntad antidemocrática.

El medio monopólico  –y otros también- hiperactivo en operaciones desestabilizadoras que, como señala Zaiat, asumió junto a un fuerte grupo empresario la conducción política del poder económico, ha comenzado a insistir con la idea de la existencia de un voraz ”fuego amigo” que derrite cada vez con mayor intensidad el liderazgo presidencial. Esta hipótesis la presentan, desde luego, como verdad incontrastable. Así el incendio programado ganará terreno.

Los únicos puntos de anclaje real que, en ínfima proporción, podrían darle cierta entidad a la hipótesis ya fueron convenientemente  tergiversados en la cocina mediática en favor de la verosimilitud que necesita la operación para crecer. Un criterio de verosimilitud que gira en torno de prejuicios instalados por arte de repetición a lo largo de décadas.

Las advertencias de la militancia encumbrada y la de a pie sobre los peligros que implica la enorme cantidad de macristas nombrados en cargos ejecutivos de la administración gubernamental, hecho que, lógicamente, trae aparejados temores e intensos malestares, sumadas a las tensiones internas que por tradición siempre atraviesan al PJ, se sometieron a la alquimia perversa que los desnaturaliza y agiganta ante audiencias debilitadas a fuerza de noticias falsas, demonizaciones políticas e incertidumbre cotidiana.

En el núcleo de ese “fuego amigo” -que en realidad es fuego fatuo presentado como incendio-, “se intenta instalar la hipótesis de una renuncia del Presidente Alberto Fernández, y su reemplazo por la Vicepresidenta CFK, lo cual convoca todos los demonios del antiperonismo más irreductible, que ha rebrotado con la misma virulencia de las décadas de 1950 y 2000, a pesar del intento presidencial de ubicarse en un alfonsinismo conciliador.”, reflexiona Horacio Verbitsky.

Con esta realidad que desbarata el sano contrapunto republicano entre oficialismo y oposición, con la Espada de Damocles que significa la re-estructuración de la deuda y los estragos de la pandemia a cuestas, el gobierno del Frente de Todos necesita fortalecerse con rapidez.

La Ley de Medios mutilada es una puerta abierta al imperio de la falsedad, insumo básico de la industriosa movida destituyente. El disimulo oficial de la condición de enemigos de la democracia que revisten personeros de la derecha más rancia y la enorme contaminación que representa el sostenido nombramiento de funcionarios de jerarquía que responden al macrismo, entre otros males de la concesión mal entendida e inacción al servicio de aplacar energúmenos, ponen en riesgo de implosión al legítimo gobierno de Alberto Fernández.

En el campo educativo, clave para la aspiración de convertir en hegemónica la visión cultural de la nueva derecha, el laissez faire con su penetración y entrega de recursos públicos para engrosarle las arcas, representa otro de los peligros no lo suficientemente valorado en su letalidad.

Para no hacer agua en momentos tan difíciles como el que se atraviesa, las decisiones tomadas en los estratos medios del entramado ejecutivo son críticas porque podrían disparar grandes malestares en la población, en el mejor de los casos, o generar daños difíciles de revertir en el corto plazo. Las respuestas a un siempre temible intento de golpe de mercado, por ejemplo, requerirían una cohesión en los diversos planos decisorios, imposible de alcanzar con una administración permeada por opositores acérrimos, sin escrúpulos ni compromiso democrático alguno.

La humorada con la que el propio Alberto Fernández fustigó al cambiemismo podría trocar, en cualquier momento y por exceso de confianza, en amarga desdicha por consecuencias sufridas en carne propia: “En el gobierno piensan que ‘Escrúpulos’ es una isla griega”, había dicho el actual mandatario en julio de 2019, cuando la coalición encabezada por Mauricio Macri quemaba sus últimas naves.

Así las cosas, no parecería desacertado que se diera crédito a las advertencias de los propios. No son “fuego amigo” sino racionalidad política: desactivar el campo minado que dejó el macrismo, profundizar la coherencia simbólica y evitar el robustecimiento de la quinta columna del cambio en el seno de un gobierno que se precia de su carácter inclusivo y progresista sería saludable autodefensa frente a los embates que se intensificarán irremediablemente.

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