Vicentinización sin cuartel

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

Como era previsible, el anuncio del proyecto de reforma judicial que formalmente hizo Alberto Fernández profundizó la reacción de JxC, ya de por sí virulenta cuando todo se reducía a suposiciones especulativas, mucho antes de las palabras presidenciales.

La vicentinización y bizantinización de los temas coyuntarales e institucionales están en la base de la estrategia opositora como núcleo duro de un accionar anti-democrático sostenido. El modus operandi de la oposición de extrema derecha en Argentina y Latinoamérica  tiene un perfil  tan rígido que sólo varía en matices zonales.

La uniformidad metodológica ha llevado a que las rancias derechas que se enseñorean en Latinoamérica sigan un agresivo y falaz programa de comunicación tanto si están en el gobierno como si actúan desde la oposición. La continuidad, por lo visto, es llave del éxito.

El carácter previsible del accionar viene dado por la repetición, la virulencia y la explotación de una reducida cantidad de recursos combinables en diversas estructuras. Cada gran embate concreto tiene el refuerzo de un cúmulo de pequeñas acciones previas destinadas a la irritación generalizada, a la siembra de dudas, broncas, miedos y fobias.

A cada tema elegido como blanco de ataque se lo reduce a través de una de las formas más usadas de la figura retórica llamada sinécdoque, es decir: tomando la parte por el todo. Así, casi por regla, se opaca lo esencial para centrar el debate en un punto por el que pasará el eje de protesta e indignación.

El caso Vicentín, ejemplo cercano, quedó reducido al respeto de la propiedad privada, “parte” que suplantó al “todo” de la defraudación perpetrada contra el Estado y los productores esquilmados, y a los aspectos técnico-jurídicos de una expropiación, llevados hasta la intrascendencia de nimiedades propias de las discusiones bizantinas.

La sinécdoque funcionó a la perfección desde el principio hasta el áspero final, dado por la retractación presidencial. Quedaron el desgaste y los costos políticos. Con la reforma judicial el proceso de vicentinización tuvo su ensayo temprano al presentar la “parte” en el número de magistrados de la SCJ aunque, claro, podría mutar a conveniencia. Habrá que estar atentos a la bizantinización, que ya asoma por aspectos tales como sus costos, la “impunidad” de CFK, la pertinencia de reformas en contexto pandémico o, incluso, pospandémico.

Para las acciones cotidianas de desgaste sigue en plena vigencia lo que alguna vez denomináramos “doctrina Macri-Bullrich” (Esteban) para imponer con malas artes el proyecto educativo neoliberal en educación –doctrina extrapolada con éxito a planos políticos diversos-, desgastar a los sindicatos y precarizar a los docentes en base a la desorientación, ninguneo y humillación.

Ahora se da desde la perspectiva opositora, pero esencialmente con la misma metodología: el disparo constante de noticias falsas e innumerables difamaciones que acaparan la atención por unas horas, provocan indignación pero que al momento de la desmentida ya han sido sustituidas por otras de similar impacto que acaparan la atención gracias a la connivencia mediática.

Es tan amplio el campo de acción difamatoria, tantos los recursos espurios que la extrema derecha destina a big data, redes sociales, granjas trol, ONG, multimedios y periodismo venal que las operaciones se encadenan y multiplican en horas. Los ejemplos abundan: van desde el disparate hasta la tergiversación de diseño rápido o la suspicacia inducida a través de la mezcla de algunos datos ciertos con otros falsos.

En los temas trascendentes, cada acto de gobierno realizado o por venir es un frente abierto en el campo de batalla de la comunicación que, como puede apreciarse, está contaminado por un cúmulo de falsedades cotidianas que el avance del Covid-19 potencia.

En el contexto actual es muy difícil determinar si el corrimiento hacia la centro-derecha de gran parte de los representantes del progresismo es aparente y estratégico o es una realidad que contempla el entrecruzamiento de intereses forjados tras años de compartir espacios decisorios. Lo cierto es que el desequilibrio comunicacional persiste. En ese campo jamás se compartirán beneficios.

Las consecuencias políticas de la devastación humana que el Coronavirus dejará aún no pueden preverse. Si las vidas cegadas pesarán más que las pérdidas económicas, o viceversa, es todavía un interrogante abierto. Que todo se decidirá en el territorio de la comunicación podría considerarse casi una certeza.

Sea real o fingido, el debilitamiento del discurso propio del campo popular e inclusivo significa resignar espacio simbólico en un ámbito en el que ya de por sí se juega con desventaja. La experiencia regional, además, ha mostrado con bastante claridad que la nueva derecha cuenta con el reaseguro de golpes institucionales blandos y duros cuando todo el poder de manipulación de voluntades que detenta no le resulta suficiente para imponer plenamente sus demandas.

A pesar de los fracasos acumulados hasta el presente, dar por perdida la lucha comunicacional sería una decisión temeraria.

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