La doctrina Macri-Bullrich reforzada para tiempos preelectorales 

Por Alejandro Enrique para La Insuperable

Para los planes oficialistas, las elecciones de medio término son un obstáculo a remover, como suele decirse en lenguaje empresarial pseudocientífico. La sobrecarga de CEOs y aspirantes a líderes motivacionales en la rancia “nueva política” explica imposiciones discursivas de esta naturaleza. Las ensayan desde la vicepresidenta hasta los funcionarios de más baja categoría. La esperanza es que prendan, por ósmosis de identificación verbal, hasta en las discípulas de Lita de Lázari. La batalla cultural, sin embargo, no da las mismas certezas que una guerra ganada. Una estrategia probadamente efectiva genera mayor tranquilidad, máxime si cuenta con una doctrina compatible con la adición de ideas ligadas a la imposición artera. A la sombra del discurso de autoayuda de sesgo empresarial, entonces, se aplica con flamantes tentáculos el pulpo de la doctrina Macri-Bullrich (DMB). Comencemos por la prehistoria doctrinal.

La exhumación de un video permitió acceder a las claves de una estrategia de gobierno que se vislumbraba pero no podía clarificarse plenamente. Expresiones del tipo “vamos aprendiendo sobre la marcha” o “reconocemos los errores y los rectificamos” ensombrecían la esencia del modus operandi de un estilo de administración autodenominado moderno e innovador. En foros de discusión y redes sociales se acuñaron frases como “errorismo de estado” o “si pasa,  pasa”, que no llegaban a caracterizar con precisión el fenómeno. El video en cuestión (1) es del  4 de agosto de 2014, pero el hallazgo clarificador se difundió con fuerza recién en febrero de este año. Las imágenes muestran a Esteban Bullrich, entonces ministro de educación porteño, disertando junto a Mauricio Macri en la Academia Nacional de Educación. Bullrich detalló brevemente la estrategia del PRO para quebrar la resistencia sindical e imponer recortes en crudas frases que la prensa alternativa juzgó sincericidas. Rusticidad y cinismo altamente efectivos con fachada académica.

La síntesis estratégica del actual ministro de educación cobró fuerza significativa porque clarificaba lo que antes sólo podía vislumbrarse: “¿Qué es lo que hacemos para vencer la resistencia? Primero, lanzar varias iniciativas al mismo tiempo, porque el gremio focaliza, entonces cuando el gremio focaliza en una y le abriste doce, las otras once avanzan. Cuando se dieron cuenta de que alguna ya se implementó, van atrás de esa y avanzás con la que no habías avanzado”. Esta forma de actuación, que Bullrich considera infalible para desahuciar resistencias docentes, se proyecta fácilmente en forma general y se replica para imponer cualquier tipo de medida impopular.  El ministro, ufano, no se lamentó por haber develado el abecé de su metodología: “no importa porque es una estrategia poco atacable igual”, justificó. No se abstuvo, tampoco, de la metaforización chabacana: “Es un partido de ajedrez o de damas medio complejo, pero que funciona”.

Indigna de estadistas, la DMB funcionó desde el vamos. Los primeros meses de gobierno de Mauricio Macri disiparon las dudas, débilmente razonables, que pudieron haberse planteado sobre las características de la nueva administración quienes no simularon olvidos sobre los antecedentes del presidente y sus funcionarios de mayor exposición mediática. La esperanza de no padecer otra restauración conservadora se esfumó pronto. Los personajes y los ciclos históricos se alinearon nuevamente. Las viejas prácticas oligárquicas de ascenso al poder a través del fraude o el golpe militar mutaron en las formas pero no en su carácter esencial: una campaña electoral falaz que desembocó en segunda vuelta, un avasallamiento institucional puesto en marcha desde el primer día de gobierno y una serie de medidas fulminantes para asegurar un plan económico de rápida transferencia de recursos, endeudamiento, fuga de divisas y especulación favorable a la elite representada por las nuevas autoridades políticas. Todo, desde luego, en el sobrecargado marco de la simultaneidad de ataques: doce pasos al frente y sólo uno hacia atrás.

La experiencia adquirida en la Ciudad Autónoma de Buenos, desde 2007 laboratorio privilegiado para el desarrollo y financiamiento de la doctrina ya descripta, explica en gran medida el éxito de la estrategia en el terreno táctico nacional. Un año y medio de Cambiemos, que es lo mismo que decir una alianza de partidos —entre ellos la UCR— subyugados por la impronta ideológica del PRO y los clanes que lo sustentan, mostró a la sociedad un veloz despliegue de resoluciones, decretos simples y de necesidad y urgencia, vetos presidenciales, purgas y arbitrariedades. También la cara más oscura del capitalismo de prebendas y la corrupción estructural mimetizada con el uniforme del conflicto de intereses, eufemismo ideal para propiciar interminables discusiones de panel —o tribuna— en planos pseudofilosóficos, alejados del lenguaje forense y los verdaderos tribunales, gracias a la muletilla predilecta de la Oficina Anticorrupción: “técnicamente no es delito”. Llevar cualquier debate, intercambio o discusión a la categoría de bizantina es otro excelente ornamento doctrinal: que la duda sobre el sexo de los ángeles opaque el brillo de los colmillos de los elefantes que desfilan, impertérritos, más que ornamento es recurso eficiente.

Reforzada, ampliada y en pleno auge, la doctrina del ministro privatizador de la educación admite la vuelta de tuerca electoralista, no limitada a la ráfaga de medidas o recortes. Con una impagable deuda externa en el horizonte y un contexto inflacionario sostenido, de empobrecimiento y caída de derechos, empleo, industria y consumo, minimizado por los medios adictos o abiertamente favorecidos por el gobierno, y a pesar de que se calcula que superan el 85%, el riesgo de una difusión mínima pero sostenida de estas realidades enfrentaría al oficialismo con un clima de evaluación no deseado ante las urnas. Por eso se perfilan con mayor fuerza operadores que entroncan con la línea inaugurada por Lopérfido, Avelluto y Lombardi. La idea es que hechos menores pero rimbombantes, provocaciones fácticas o discursivas, sea con ribetes autocráticos o de ninguneo a la cultura popular, contaminen y saturen los intersticios por los que aún emerge información ligada a la realidad. No importa si las fugas se dan en el terreno mediático, académico o en la cotidianeidad del boca a boca, el objetivo es calafatear toda fisura o punto de drenaje.

La DMB pre electoral trabaja en la superficie y en el subsuelo. Las labores visibles son fáciles de recordar, incluso anticipar. Baste ejemplificar con declaraciones como las de Alejandro Rozitchner contra la memoria de Luis Alberto Spinetta, la intrusión constante en las internas del PJ o las mil y una variantes de la comedia del espionaje vernáculo, con escuchas intrascendentes, estrellas de la denuncia que blasfeman contra el jefe de los espías primero y lo redimen después. En el estrato menos expuesto a la luz, puede señalarse, entre muchas otras acciones de censura encubierta, el desmantelamiento sistemático  —en nombre de una legalidad difusa, una maraña de resoluciones y decisiones administrativas superpuestas— de medios comunitarios, alternativos, que sufren clausuras y decomiso de equipos de transmisión, o la postergación indefinida del perfeccionamiento de sus licencias, aunque no representen competencia alguna para los ya consolidados y hegemónicos.

La llamada estrategia comunicacional del PRO, debilitada por la repetición de eslóganes y apelaciones a la pesada herencia, tiene su complejo vitamínico ideal en la DMB extendida. Centrar las discusiones en el pasado y transportar las expectativas al futuro más lejano sigue siendo un objetivo fundamental. Los girones del presente que emerjan sólo deben ser caracterizados como transición ineludible, vía crucis de modernizadores que luchan sin descanso contra las resistencias al cambio. Por desgracia, una de las facetas más perversas de la DMB reforzada es la que se ocupa del denuesto a las políticas de derechos humanos y el ataque al imperecedero reclamo de memoria, verdad y justicia. No es necesario evocar la cantidad de declaraciones, imágenes y hechos injuriosos que se fueron sucediendo hasta llegar al fallo de la SCJN. Derechos humanos, xenofobia, violaciones a la autonomía universitaria, ridiculizaciones de la cultura popular, desvalorización de científicos, docentes e intelectuales, entre otros,  son blanco predilecto de la BMD preelectoral más intensa.

Hasta las próximas elecciones, entonces, no puede menos que augurarse un periodo intenso, sobrecargado de movimientos tácticos quizás inesperados. Más aún, claro está, a partir del momento en que se defina con todos los detalles la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. Los estrategas doctrinarios se juegan el prestigio socarronamente forjado en el seno de la cofradía. Han demostrado a sus pares que los escrúpulos son patrimonio de los perdedores. Miran por encima del hombro a sus aprendices subordinados y, no resultaría extraño suponerlo, más que a impresionar, aspiran a convertirse en modelo de sus mandantes. Sería inútil considerar vulnerable la DMB por su naturaleza reñida con la ética y la moral. Cuestionamientos semejantes son fuente de hilaridad para sus cultores, motivación e indubitable confirmación de éxito. Sacarla a la luz, exponerla, conocerla mejor, tal vez, generaría los anticuerpos necesarios para anunciar el comienzo de su decadencia.

  1. El video: https://www.youtube.com/watch?v=q2sAEl05lXA

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