El día que Spinetta escribió para la “Revista Anteojito”

Previo a sus días de Almendra, el genial músico colaboró en un número de la clásica revista infantil con una historia digna de su pluma.

Por Carlos Alberto Resurgián para Noticias La Insuperable

Foto de Luis Alberto y su hermana Ana sobre la ilustración de un cuento de Spinetta publicado en la Revista Anteojito en 1965

Corría el año 1965 y, el entonces quinceañero Luis Alberto Spinetta, repartía entre sus compañeros de grado la letra de una canción que había compuesto por esos días, una zamba llamada Barro tal vez, la cual tardaría varios años en presentar a su público. Lo hará recién en 1973, en ocasión de tocar sus primeras canciones para lo que sería Artaud en el Teatro Astral, pero que llevaría al vinilo recién con Kamikaze, en 1982.

Pero como a lo largo de su prolífica carrera, antes de ella aún, el Flaco supo combinar estilos diferentes en modos diferentes; eso le permitió transitar con la misma genialidad, yendo desde la crudeza de Me gusta ese tajo hasta el barroco Los libros de la buena memoria y, lo que es más importante aún, sin dejar nunca de ser auténtico.

Este prólogo viene en relación a que, mientras ese niño que transitaba su primera adolescencia desgranaba los versos de Barro tal vez, en simultáneo, en ese mismo 1965, escribía a la clásica Revista Anteojito, colaborando en una sección de cuentos de lectores bajo el título de “Mi infancia en el recuerdo”, con una narración muy personal, de su niñez junto a su hermana Ana, donde ya es posible vislumbrar los primeros pasos firmes del poeta.

El cuento se llama “El licor de Yaya” y es, tal vez, como el barro, la primera obra que conocemos de Luis.

EL LICOR DE “YAYA”

“Cuando, por las noches frías de invierno, se escuchaba el estentóreo campanilleo del viejo reloj de tía María o “Yaya”, como cariñosamente la llamábamos, mi hermanita Ana y yo saludábamos a nuestros padres y, automáticamente, corríamos hasta el dormitorio de la abuela.

Ésa era la costumbre. Una especia de rito familiar, de ceremonia que se desarrollaba en aquella sala inmensa que tanto nos impresionaba. Una sala que sólo dejaba de ser lúgubre por los cuadritos de color, iluminados, y por las paredes rosadas que, a pesar de la pintura, delataban la antigüedad de la casa.

Noche tras noche, en ese escenario, se desarrollaba ese especie de rito tan grato que ha quedado impreso en mi memoria.

“Yaya”, con su rubia cabellera, su mirada castaña y su corazón repleto de bondad y de paciencia, controlaba su reloj despertador, haciendo sonar su bullanguera campanilla. Era el instante señalado para que mi hermana y yo entráramos a la sala, saludáramos y, tras de desvestirnos frente a la estufa (¡teníamos cuatro y cinco años!), protagonizáramos el fin del día con un brindis. Pero, primeramente, la oración frente al iluminado cuadrito de San Cayetano. Luego, tía “Yaya” llenaba tres pequeños vasos con un licor dulce y añejo (¡aún siento su sabor al evocar la escena!). Un licor delicioso de no sé qué casera destilería…, y antes de sorber el néctar, “Yaya”, Anita y yo entonábamos alegremente aquella inocente copla cuya intención no entendíamos cabalmente:

“A beber, a beber, y a apurar

la copa de licor,

que el vino hace olvidar

las penas del amor”

Después, cuando desde la calle empedrada nos llegaban los ecos del rodar de algún carro rociado de noche, de frío y de luna, Anita y yo, en la gran cama de la abuela Catalina, cobijábamos nuestros cuatro y cinco años en una tibieza de nido, mientras en nuestro pechos niños retozaba inquieto el adorable calor de aquel viejo vino: el licor de “Yaya”.

Luis Alberto Spinetta (Arribeños 2853, Capital)

Curiosamente (impensable para esta época), la revista hasta publicaba la dirección del autor, el joven de 15 años que luego deslumbrará a generaciones de argentinos. Arribeños 2853. Su casa paterna, la del Bajo Belgrano, aquella donde sonarían los primeros acordes de “Muchacha” y de tantas otras joyas.

Tres cuartos de Almendra, la hermana Ana y la madre, frente a la casa de Arribeños

Tambien aquella que en su simbólico número le dio título al segundo disco de Amel, la banda donde tocan el hermano y el sobrino de Luis Alberto.

Pero el cuento en Anteojito no fue la primera colaboración de Luis Alberto con los medios gráficos. Otra de sus pasiones se le antepuso: el dibujo. Todos saben que el arte de tapa del álbum debut de Almendra (1969) es obra de Spinetta. El “Hombre de la tapa”, el de la lágrima, el ojo y la flecha-sopapa de cara tristona.

Cinco años antes, en 1964, un casi niño Spinetta enviaba un dibujo que saldría publicado en la Revista Disney Club N°9 del 24 de julio de 1964. Un payaso que, si lo vemos bien, denota el mismo pincel.

2 Comments

  1. Hola! Buenas noches. Queria hacer una consulta acerca de la nota: Saben cual es el numero de la revista Anteojito que figura el relato de Spinetta? Muchas gracias!

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