Pepín: El Arquitecto de la Matrix cambiemita

¿Quién es el “primer prófugo” de la era Macri?

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para Noticias La Insuperable

Dicen los que saben que corría la tarde del martes 13 de agosto de 2019, y tras la apuballante derrota en las PASO, dos rostros serios, demasiado, exponían su semblante en una mesa de La Biela. Uno era el del entonces jefe de asesores presidenciales y amigo de la infancia de Macri, José Torello. El otro, su amigo y armador del andamiaje judicial que supo cuidar las espaldas de Mauricio, Fabián Jorge Rodríguez Simón, más conocido por “Pepín”, apodo que se ganó en sus épocas del Colegio Champagnat.

Allí, revolviendo un cortado, y con el resultado eleccionario puesto, se lo escuchó murmurar: “¡Qué mal esto del peronismo! Podemos ir todos presos”.

Y por primera vez sintió que se le podía derrumbar el castillo.

Meses después, conocedor de lo maleable de la arcilla que moldea al poder judicial, se refugia del otro lado del Riachuelo afirmando que, si volviera a la Argentina, sería “privado indebidamente de mi libertad, con peligro para mi seguridad personal en el marco de causas judiciales amañadas“. Y es que su temor, infundado en accionar del actual ejecutivo pero no por eso menos real para “Pepín”, se basa en pensar que “los otros”, los peronistas como los agrupa, pueden actuar como lo hizo él, desde las sombras. Y, por qué no, con desparpajo, como el que supo aplicar durante la para él, “primavera” macrista.

En el oscuro año 76 egresó del colegio. Entre ese momento y 2016, en que una “del palo”, la verborrágica Lilita Carrió afirmara en el programa de Mirtha Legrand, “Garavano no existe; la Justicia la manejan Angelici y los pepines” pasaron 40 años; que para el tango pueden parecerse a nada, pero no para “el arquitecto”, aquel que supo, cual el personaje, diseñar y poner en funcionamiento a la Matrix sobre la cual se asentó (y se asienta) Cambiemos. Un mundo que se vende como de republicanismo ideal y termina siendo una farsa basada solo en la creencia carente de análisis de quienes la sustentan.

Su primera estocada, la que sacudió todo y anunció “lo que vendría” (y cómo vendría), fue sin dudas ser el mentor del nombramiento de dos jueces en la Corte Suprema por decreto: Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, el primero de ellos, amigo de las épocas en que “Pepín” movía papeles para Clarín (y luego extirpando para “el grupo” a la Ley de Medios).

El golpe de gracia en “la Suprema” lo daría luego con el desplazamiento de Ricardo Lorenzetti y el entronamiento de su amigo en su reemplazo.

En 2015 había secundado a Mariana Zuvic en la lista a Parlamentarios del Mercosur. Pero para 2019 ya era demasiado conocido y, a pesar de rogar por fueros, todos lo dejaron de lado. Gracias a Carrió su nombre era piantavotos. En el proceso, se coló como Director de YPF.

Su primer nombramiento en el Estado fue en 2008, cuando el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, lo designó a través del Decreto 1232/2008 como Administrador del Organismo Fuera de Nivel Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), de resiente creación. “Pepín” la convirtió prácticamente en un organismo parapolicial que se encargaba de apalear a gente en situación de calle.

Junto a Macri, más por fuera que por dentro, recorrió el camino a la Rosada, asesorándolo paso a paso. Y también cuando éste se sentó en el Sillón de Rivadavia. Y le enseñó que, en la vida (en la de ellos) lo primero es uno mismo. Fue así como tras el escándalo de las offshore “Pepín” trabajo en el armado de la causa que tejió el presidente contra su propio padre, don Franco, echándole toda la basura encima a su progenitor.

Otro de “sus logros” fue el entretijido de la ofensiva judicial para acusar a los dueños de C5N: Cristóbal López y Fabián De Sousa. Casi personalmente, él le puso cerrojo a sus celdas.

Y ahora, desde Montevideo, “condenado por las irregularidades”, como eligió llamar a sus operaciones, y bajo la consigna cambiemita de salvarse uno mismo, “Pepín” juega, tal vez, su última carta.

Veremos si Servini canta retruco.

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