No es lo que parece

En Argentina las medidas económicas implementadas por los dueños del país son como los cuadros del griego Zeuxis, quien podía pintar uvas de manera tan convincente que los pájaros intentaban comérselas.

Por Lic. Alejandro Marcó del Pont

Si piensas que a nadie le importa si estás vivo, trata de saltear por un par de meses el pago de una deuda (John Belushi)

Crear fantasías no es el objetivo de toda medida económica; más allá de las consecuencias que pueden oscilar entre credibilidad y confiabilidad o su reverso, ocultar sus efectos (la idea depende del objetivo que se quiera lograr). El establishment, con su enorme poder mediático, ha vuelto el ilusionismo económico un tema recurrente en occidente. En Argentina las medidas económicas implementadas por los dueños del país son como los cuadros del griego Zeuxis, quien podía pintar uvas de manera tan convincente que los pájaros intentaban comérselas.

Las Letras del Banco Central (Lebac) son un instrumento de esterilización monetaria creado en el 2002 con unos pocos millones que llegó a tener ($1.4 billones) y que generó intereses durante 2016 y 2017 por U$S 21.000 millones, periodo que coincidió con el Régimen de Sinceramiento Fiscal (Régimen de Sinceramiento Fiscal blanqueo de capitales del macrismo). Algunos expusieron este robo, que, por cierto, persiste en la actualidad (por eso este escrito), como una política económica amigable para la inversión, tan amistosa que arregló con los fondos buitres, eliminó el cepo, realizó el blanqueo antes dicho y engaño a la sociedad afirmando que muchos argentinos se ilusionaron con volver a traer el dinero al país.

El Banco Central, conducido por Federico Sturzenegger, se encontró con un dilema: con el Régimen de Sinceramiento Fiscal ingresaron muchos dólares al país para hacer negocios, en su mayoría fondos de inversión, empresas líderes conocidas por la fuga de capitales, así como amigos y parientes del presidente. Mientras esperaban el tiempo burocrático para que leyes y proceso administrativos dieran el marco legal a los fondos para realizar negocios, se les ocurrió generar ganancias, y no tuvieron mejor idea que la expansión monetaria forjada por cambiar dólares por pesos se convirtiera en un monumental beneficio.

Así, se echaron a andar estas letras (Lebac) que tenían distintos plazos, pudiendo ser mecanismo de inversión para los ahorristas en general. Esto le permitía al Banco Central absorber el dinero en pesos excedente por haberlo canjeado por dólares. Con tasas de interés sideral y un dólar planchado, generaba interesantes rendimientos en moneda dura, lo que invitaba a invertir en la bicicleta financiera. Esto significaba cambiar dólares por pesos, invertir en Lebac, y en algún tiempo volver al dólar.

Este mecanismo pasó de tener un stock de unos 350.000 millones en 2016 a unos 1.4 billones en junio del 2018. Las altas tasas incentivaron las operaciones de carry-trade y mantuvieron elevados rendimientos en moneda local. Veamos un ejemplo: suponiendo un escenario en el cual un inversor externo hubiera invertido en enero de 2016 un monto equivalente a USD 1.000 millones en LEBACs y reinvertido los intereses, Y hubiera cerrado su posición en abril de 2018, lo habría hecho por USD 1.400 millones, según “La flexibilidad de un instrumento de política monetaria: El caso de las LEBAC en Argentina

En diciembre de 2016 el dólar estaba en $15.85, en diciembre de 2017 ya alcanzaba en $18.77, y cuando comenzaron los problemas, en diciembre del 2018, llegaba a $37.81. El tiempo de volver al dólar para tomar las ganancias y fugar los capitales llegó, pero sin reservas. La solución fue que el gobierno de Macri comenzó a negociar un préstamo con el FMI por unos US$ 50.000 millones para poner a resguardo en el exterior las ganancias realizadas con las Lebacs.

Al final, el Fondo Monetario Internacional (FMI) desembolsó un préstamo récord de U$S 44.500 millones, lo que aceleró la salida de capitales que, a partir de mayo de 2018, alcanzaría los US$ 45.100, según el informe del BCRA. No todos los fondos pudieron salir y otros decidieron quedarse a seguir realizando negocios, son los que ahora están etiquetados con el trágico título de “atrapados en pesos.

Ahora bien, cuando todo estalló por los aires, las Lebac se convierten el Letras de Liquidez Bancaria (Leliq). Una Letra del Banco Central es como un préstamo que toma el Banco Central con los bancos por una semana. A diferencia de las Lebac, que las podían adquirir cualquier persona, las Leliq tienen menor plazo, más interés y solo están disponibles para las entidades bancarias. En decir, negocio pura y exclusivamente financiero.

Vemos cómo todas las decisiones que rodearon este robo, y lo mantienen, siempre son erróneas resoluciones que aumentan los beneficios de los bancos privados. Para entender esto, primero hay que conocer cómo trabajan las Leliq. En abril del 2019, la tasa que se le pagaba a los bancos comerciales por invertir en Leliq era del 68% anual. Mientras que los bancos pagaban a sus clientes por un plazo fijo, que luego invertirían en Leliq, una tasa anual de apenas el 40%. La abultada diferencia entre la tasa pagada por el BCRA a los bancos y la que estos les pagan a sus clientes, hacen que el sistema no tenga la más mínima intención de prestar dinero al público, eso que se llama crédito. De hecho, ganaban un 28% de interés con el dinero que la gente les depositaba. Un negocio redondo, con cero riegos.

Para que los bancos renueven la tenencia de Leliq se les paga interés. Con el fin de retirar el dinero emitido por pagar esos intereses, se sube la tasa de interés para seducir a los inversores a que inviertan o mantengan sus letras y se pueda rescatar el dinero emitido. Nuevamente, cuando el plazo vence, se tiene que emitir más dinero y pagar los intereses devengados, y volver a subir el interés para limpiar la emisión del mercado por mayores tasas de interés, un hermoso círculo virtuoso para el beneficio bancario. Lo que los diarios llaman la horrorosa emisión que genera inflación, que viene de arrastre del macrismo es, en realidad, para mantener un gran negocio del sistema financiero.

En agosto del 2019, el economista Jorge Carrera escribía un artículo en que demuestra que cuando había Lebac era un negocio de los ahorristas en general y ahora es un negocio exclusivo del sistema financiero, con los depósitos de los ahorristas. En el momento de dicho artículo, el BCRA pagó intereses de 10 meses con una tasa del 87% con capitalización mensual para esterilizar con Leliq un determinado volumen de pesos. El monto de intereses pagado fue de U$S 10.732 millones. Haciendo una cuenta muy simplificada estima que si se hubiera mantenido el sistema de Lebac el gasto hubiera sido de U$S 8.758 millones, US$ 1.974 millones menos en solo 10 meses y restan cuatro meses más de esta política de tasa altas.

Pasar de una bicicleta financiera pública a una de bancos privados le acarreó al Estado un costo mayor, al de por si desmesurado, de casi U$S 2.000 millones más, según Carrera. Los cálculos del 2019 no han cambiado, y por si no lo notaron los pagos anuales rondando entre un 2.5% y 3% del PBI, algo así como la pelea por el dolor de cabeza del déficit fiscal.

El aumento de la base monetaria desde fines de septiembre 2018 hasta la actualidad denota que los intereses pagados por los instrumentos de regulación monetaria del BCRA, fundamentalmente Leliq y pases, son el principal factor que explica el aumento de emisión. Al 12 de octubre, los intereses acumulados de Leliq y pases alcanza los $ 990.945 millones o U$S 9.566 millones. Hace dos años atrás, el entonces candidato a presidente Alberto Fernández prometió que si era electo incrementaría las jubilaciones un 20%, y este costo lo cubriría con los fondos destinados al pago los intereses de Leliq, nada descabellado, más bien una idea magnifica. La pandemia y el negocio financiero eliminaron la iniciativa. 

El presupuesto 2022 asigna transferencias, según ASAP, para el sector energético por un monto de $873.397 millones (1,5% del PIB), que el gobierno prevé avanzar en el descongelamiento de las tarifas de energía eléctrica y de gas, lo que implicará una mayor cobertura de las mencionadas tarifas por parte de los usuarios. También prevé asignaciones corrientes al sector transporte por $272.392 millones (0,5% del PIB). En total, ambas transferencias alcanzarían lo pagado por los intereses a los bancos.

Los desequilibrios provocados por la espantosa situación económica dejada por el gobierno anterior y la pandemia, que profundizó la crisis económica, recortaron los ingresos tributarios y obligaron a una asistencia monetaria récord del déficit fiscal, lo que esforzó al Banco Central para cubrir el rojo de las finanzas públicas.

El Banco Central aspira a desarmar el creciente stock de letras, ya no 1.4 billones, como las Lebac, sino 2 billones o 4 billones con pases, y transformarlos en bonos de la deuda pública. Los bancos de parabienes, suponen que pueden obtener una mejor retribución de su dinero aspirando a que los títulos públicos les rendirán por encima de las tasas de la Leliq o se les dé una salida al dólar, para los que quedaron atrapados en pesos (flexibilizar el corralito). La expansión de esa bola de nieve de las letras había sido una de las marcas registradas de la gestión de Cambiemos, como parte de un modelo que estimulaba el ingreso de capitales de corto plazo, la famosa bicicleta financiera, pero se supone que no del gobierno actual.

De haberse cumplido aquella promesa de campaña de Alberto Fernández, se le podría haber pagado a cada jubilado y pensionado un 39% más que el haber presente. La masa de pesos por los intereses de Leliq y Pases podría haber aportado unos $11.250 extra por mes para cada jubilado y pensionado en los últimos 20 meses, según un artículo de Infobae. Aun y cuando el número no sea del todo real, la pelea por lo que viene con posterioridad a las elecciones y al acuerdo con el FMI reflejado en el presupuesto 2020 deja demasiadas interrogantes sobre quiénes son los beneficiados en el país.

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