Identifican restos de una misteriosa y avanzada cultura que vivió hace 40.000 años

Sus descubridores creen que se trata de uno de los primeros asentamientos de los ‘sapiens’ en Oriente.

Por Alcides Blanco para Noticias La Insuperable

Trabajo de campo en la cuenca de Nihewan, noreste de China Crédito: Shixia Yang.

La cuenca de Nihewan, en el norte de China, es una región rica en asentamientos prehistóricos. Sus yacimientos atestiguan la presencia de homínidos en el Extremo Oriente desde hace casi dos millones de años y ofrecen uno de los mejores terrenos de investigación para entender la evolución tecnológica de los sapiens y de sus antecesores.

Ubicación e imágenes del sitio arqueológico de Nihewan

Pero esta semana se veló allí un dato trascendente: un equipo internacional de arqueólogos anunció la existencia de una cultura desconocida, una población de Homo sapiens que vivió allí hace 40.000 años y que aporta nuevas pistas sobre el proceso de diversificación cultural ocurrido en Asia en un periodo de hibridación genética entre los sapiens y otras especies.

Pigmento

Sus hallazgos se describen en un artículo publicado en el día de ayer en la revista Nature. Los científicos han encontrado vestigios que pertenecen a uno de los primeros grupos de sapiens anatómicamente modernos en llegar a Nihewan. En concreto, los autores describen el hallazgo en el yacimiento de Xiamabei de herramientas de piedra únicas (láminas delgadas en forma de cuchilla) y de los primeros indicios conocidos de fabricación de pigmentos de ocre en Asia oriental. Los autores subrayan que el uso del ocre es uno de los rasgos culturales más significativos hallados en Xiamabei, en particular dos piezas con una composición mineral diferente, además de una losa alargada de piedra caliza con zonas alisadas y manchas de pigmento.

El análisis de estos objetos, realizado por investigadores de la Universidad de Burdeos, indica que diferentes tipos de mineral fueron llevados a Xiamabei y que se procesaron mediante una combinación de machacado y abrasión, hasta producir polvos de diferente color y consistencia cuyo uso impregnó el suelo de la habitación.

«El uso sistemático de colorantes -como óxido de hierro u ocre- es uno de los rasgos que nos permiten identificar una complejidad cultural o cognitiva«, señala Daniela Rosso investigadora postdoctoral en la Universitat de València y coautora del artículo de Nature.

El color tiene un papel esencial en nuestra percepción del mundo y en la transmisión de la información, por eso los científicos asocian el uso de pigmentos a una conducta compleja y, en algunos casos, simbólica. «Los colorantes minerales se pueden utilizar para funciones utilitarias, como la protección contra los insectos, contra el sol, para producir adhesivos o curtir pieles, pero también para funciones simbólicas como la pintura corporal o la realización de trazos o motivos«, explica Rosso.

Industria lítica

La evolución de las primeras industrias líticas en Asia oriental es un proceso en gran parte desconocido. Se sabe que hace unos 29.000 años objetos cortantes con hojas pequeñas se convirtieron en la tecnología dominante, pero se desconoce cómo se llegó a ese punto. Los habitantes de Nihewan no usaban microhojas de ese tipo, sino que fabricaban herramientas con mango y múltiples usos, lo que ya demuestra un sistema técnico de transformación de materias primas complejo, que no se observa en yacimientos más antiguos o ligeramente posteriores.

Los análisis sugieren que se utilizaban para perforar, raspar pieles, tallar material vegetal y cortar carne. Estas herramientas de piedra de Xiamabei representan una adaptación cultural única y proporcionan información importante sobre la fabricación de herramientas en un período de transición clave en el norte de China, ocurrido hace 40.000 años.

Por otro lado, aunque no se encontraron restos humanos en Xiamabei, la presencia de fósiles de sapiens modernos en los yacimientos cercanos de Tianyuandong y en los de Salkhit y la Cueva Superior de Zhoukoudian, llevan a los autores a pensar que los habitantes de Xiamabei eran Homo sapiens. «Una tecnología lítica variada y la presencia de ciertas innovaciones -como las herramientas con mango y el procesamiento del ocre- pero no de otras -como las herramientas de hueso u ornamentos- pueden reflejar un primer intento de colonización por parte de los humanos modernos«, estiman los autores.

Artefactos: a, Canto de cuarcita, losa de piedra caliza y pieza ocre identificadas durante la excavación. b, Losa de piedra caliza colocada sobre un parche de sedimento teñido de rojo intenso. c, Pieza ocre modificada por esmerilado. d, Fragmento de ocre probablemente como resultado de aplastar una pieza de ocre más grande. e, losa de piedra caliza que muestra tinción ocre. f, Microfragmento ocre recogido en la losa de piedra caliza. g, Canto rodado de cuarcita. Barra de escala en a, b, 5 cm (cada división blanca o roja es de 1 cm).

Proceso continuo de transición y evolución

Este periodo de colonización inicial habría incluido intercambios genéticos y culturales con otros grupos de homínidos, como los denisovanos, antes de ser sustituidos por nuevas oleadas de sapiens que utilizaban tecnologías más modernas (las citadas microhojas). «Todo parece indicar que hubo varios episodios de dispersión de poblaciones de H. sapiens, que seguramente tuvieron contactos e intercambios con neandertales y denisovanos en Eurasia«, explica Rosso.

«Sin embargo, todavía tenemos muy pocos datos sobre esas interacciones y adaptaciones culturales y existe muy poca información sobre cómo y cuándo llegaron al continente asiático. Este estudio nos permite aportar nuevos datos al debate«.

Dada la naturaleza única de los hallazgos en Xiamabei, los autores creen que el registro arqueológico contradice la idea de una innovación cultural lineal o de un conjunto de adaptaciones tecnológicas completamente formadas que habrían traído los grupos de humanos que salieron de África y que se dispersaron por todo el mundo. Sostienen que es más probable que se tratara de un mosaico de patrones de innovación, que mezclaba las tecnologías anteriores, las tradiciones locales y la invención de nuevas prácticas, en un proceso continuo de transiciones y evolución.

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