Revelan que algunos dinosaurios carnívoros habrían tenido hábitos acuáticos

Un consorcio internacional del cual participó un investigador del CONICET diseñó el método estadístico para inferir estas adaptaciones. Se publicó en Nature.

Ilustración: Davide Bonadonna

A lo largo de la historia, diversos grupos de paleontólogos y paleontólogas hallaban restos de dinosaurios cerca de ríos y lagos, e inferían que, por ciertas características morfológicas, era posible que determinadas especies de dinosaurios hubiesen tenido hábitos acuáticos. Sin embargo, esa hipótesis nunca había podido ser corroborada de manera más o menos certera hasta ahora por un equipo de científicos de Argentina, Italia, EEUU, Marruecos, España e Inglaterra.

En un estudio publicado en Nature, del que participó el paleontólogo argentino Diego Pol, investigador principal del CONICET del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, “se desarrolló un método que permite analizar a cientos de especies midiendo la densidad ósea de los huesos largos y de las costillas para inferir si un animal tuvo o no hábitos acuáticos. Los animales, cuando se sumergen, necesitan controlar su flotabilidad. Del mismo modo que los buzos se colocan un cinturón con peso llamado lastre para poder hundirse, el animal necesita incrementar la densidad de su esqueleto para facilitar el nado subacuático.  Así, al medir ese dato, pudimos predecir este hábito en algunos dinosaurios con mucha certidumbre”, explica el científico en declaraciones recogidas por el periodista Alejandro Cannizzaro para el CONICET.

En todo el reino animal, la densidad ósea es un indicador de si un animal puede hundirse bajo la superficie y nadar”, cuenta el paleontólogo italiano Matteo Fabbri, del Museo Field de Historia Natural en Chicago, EE UU, y líder de la investigación en la que participaron 18 científicos de todo el mundo. “Los huesos densos funcionan como control de flotabilidad y permiten que un animal se sumerja. Nuestro estudio muestra que el Spinosaurus nadaba bajo el agua”, indican Fabbri desde la revista SINC.

El paleontólogo Ernst Stromer imaginó al Spinosaurus aegyptiacus como un animal parado sobre sus patas traseras, con un largo lomo erizado de espinas. / Biblioteca Linda Hall

Hemos visto muchas veces el caso de animales terrestres que evolucionan en criaturas de hábitos acuáticos y un caso muy discutido era el de los dinosaurios. A pesar de que fueron muy diversos y vivieron por más de 150 millones de años, no se había determinado hasta ahora que algún grupo hubiese sido acuático, pero los Espinosaurios eran candidatos posibles. Tenían un gran hocico como el del cocodrilo y las proporciones de los miembros también eran parecidas”, asegura Pol.

En este sentido, los resultados de los análisis arrojaron que la densidad ósea de dos especies de la familia de Espinosaurios –spinosaurus y baryonyx– son muy similares a la de animales actuales de hábitos acuáticos como el caimán y el cocodrilo.

Ilustración: Davide Bonadonna

Para poner en contexto y destacar algunos de los cambios evolutivos que protagonizaron este grupo de dinosaurios, pero también una gran cantidad de seres vivos, el científico comenta que “hace unos 120 millones de años, durante el Cretácico Inferior, ocurrieron una serie de cambios climáticos y ambientales en los ecosistemas terrestres y hubo una evolución acelerada en muchos grupos. Lo observamos en dinosaurios carnívoros y herbívoros. En esta época aparecen características cómo el híper-gigantismo. Es la época en la que emergen las plantas con flor que van a revolucionar los sistemas. Por diversas razones hay una aceleración de la evolución en muchos grupos y surgen nuevas formas de vida y adaptaciones. El caso de los Espinosaurios es un ejemplo más de nuevos tipos ecológicos que aparecen en esta época”, afirma Pol.

Para este estudio, investigadores e investigadoras de todas partes del mundo han reunido datos de más de 200 especies de animales vivientes “y la idea es hacer crecer esta base de datos para obtener más información, también de animales extintos. En el caso de los Espinosaurios, que han vivido en África, Europa y América del Sur, la expectativa es seguir colectando restos para tener cada vez más información sobre la biología y la ecología de estos dinosaurios tan fantásticos”, concluye el científico argentino.

Dinosaurio nadador

Entre los grandes hallazgos que cambiaron y ampliaron recientemente la imagen que se tenía del Spinosaurus figuran los realizados por Nizar Ibrahim. Guiado por beduinos, este paleontólogo marroquí de la Universidad de Portsmouth dio en la última década con el esqueleto más completo de Spinosaurus en la frontera entre Marruecos y Argelia, un lugar llamado Kem Kem que hace 100 millones de años era un gran sistema fluvial.

El descubrimiento de dientes rectos y cónicos –en lugar de curvos y afilados como en otros dinosaurios carnívoros– adecuados para la captura de peces; pequeñas fosas nasales ubicadas en el medio del cráneo; huesos particularmente densos; una enorme ‘vela’ dorsal; extremidades traseras acortadas; pies fuertes de garras largas y planas; y una increíble cola en forma de aleta que habría ondulado de un lado a otro para impulsar al animal, condujeron a Ibrahim y a su colega Paul Sereno a la asombrosa conclusión de haber dado con el primer dinosaurio nadador. El estudio polarizó a la comunidad paleontológica, en especial porque desafiaba la antigua hipótesis de que los dinosaurios no aviarios, es decir, aquellos que no sobrevivieron la extinción hace 66 millones de años ni evolucionaron hasta convertirse en las aves modernas, estaban restringidos a entornos terrestres. Por ejemplo, paleontólogos como David W.E. Hone y Thomas R. Holtz defienden las hipótesis de que la cola del Spinosaurus habría sido más bien una estructura de exhibición para atraer a las hembras. Y sobre todo sostienen que este depredador acechaba a lo largo de la costa, es decir, vadeaba como una garza en aguas poco profundas para atrapar presas en lugar de nadar activamente en búsqueda de peces del tamaño de automóviles.

De una manera u otra, con la evidencia disponible, había que resolver la disputa. Al paleontólogo Matteo Fabbri se le ocurrió una ambiciosa manera de hacerlo y un consorcio internacional se puso la tarea al hombro.

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