Dublín al sur

Sobre la desconocida historia del argentino que tradujo la obra maestra de Joyce.

Por Silvina Belén para Noticias la Insuperable

Los críticos más severos, a contramano del almanaque, consideran que el siglo XIX para la literatura concluyó el 2 de febrero de 1922, día de publicación del Ulises de Joyce. Antes, todo era decimonónico.

Quizá tengan razón: pocas obras han marcado un quiebre tan contundente en el universo de la narrativa; pocos autores han influido tanto, directa o indirectamente, en sus colegas. Pocos han sido, también, los que generaron tanta inquietud entre sus potenciales traductores.

Como era de esperar, a cien años de la publicación de Ulises, se sucedieron recordatorios y homenajes. En torno a la fecha exacta del centenario, resultó ineludible el protagonismo de los expertos en la fiesta de erudición que provocó el acontecimiento.

Ahora, meses después, con menos efervescencia de autoridad literaria, es posible evocar algunos homenajes que, no por aniversario ni fecha señalada, se rindieron a la gran obra sin el auxilio académico ni el amparo de la erudición consagrada.

La experiencia literaria forjada a través de las traducciones fue un signo distintivo de la cultura del siglo XX, una cultura que dio buenos frutos y permitió, en países como Argentina, que se ampliase el conjunto de lectores.

La traducción del Ulises de James Joyce, sin embrago, se hacía esperar más de la cuenta. En dos décadas ninguno de los hombres de letras de habla hispana que dominaba el inglés se había atrevido a acometer la traducción de una obra que generaba excesivo respeto a las dificultades que depararían sus páginas.

En los círculos literarios de mayor prestigio se hablaba mucho de la obra, pero nada se trasladaba al castellano.  Todo parecía indicar que de esos reservorios de lumbreras nada podía esperarse al respecto. Y así fue. La traducción llegó, en 1945, gracias al hombre menos pensado: José Salas Subirat, argentino, oficinista de la rama de los seguros, ignoto en las tertulias de las bellas letras.

La figura de Salas Subirat no despertó mucha curiosidad. A pesar de haber sido el artífice de la primera traducción al castellano de Ulises, algo que esperaban impacientes lectores de distintos países, su nombre permaneció camuflado entre otros tantos del colectivo de traductores.

Lucas Petersen, finalmente, hizo justicia: en 2016 publicó El traductor del Ulises. Salas Subirat. La desconocida historia del argentino que tradujo la obra maestra de Joyce. El libro, basado en una investigación rigurosa, trasciende la biografía y aporta valioso material para la historia social de la literatura argentina.

Imágenes: James Joyce, Xulio Formoso; Tapa del libro de Lucas Petersen

El recuerdo de José Salas Subirat, tal vez, haya tenido algo que ver con la inspiración de Isidoro Blaisten. Dublín al sur (1979), uno de sus grandes cuentos, tiene como protagonista a un empleado bancario que gana una enorme suma de dinero gracias a James Joyce –respondía sobre su vida y obra— en un programa televisivo de preguntas y respuestas: “Gané y cumplí mi sueño dorado. Mi sueño dorado consistía en abandonar a mi familia, escaparme a Irlanda, leer el Ulises sentado junto al fuego”.

El cuento de Blaisten, con sus absurdos, ironías e hipérboles, no deja de ser un singular homenaje desmitificador al Ulises: Joyce como disparador de las fantasías de un empleado de clase media que no se dio por vencido ante el supuesto hermetismo de un libro encumbrado.

Y la evocación, claro está, al mejor estilo Blaisten, del prócer de los traductores: “Pero cuando lo vi en las manos de Patricia mi Ulises, la traducción argentina de Salas Subirat, Santiago Rueda Editor, la única que existe en castellano, cuando vi en sus manos mi vieja, querida, ajada y subrayada traducción del Ulises que traje como único equipaje de mi Buenos Aires querido, que estoy mirando ahora sobre esta mesa, lloré. Yo, que no soy un tipo fácil para las lágrimas, lloré como una mujer.”.

Muy pero muy al sur de Dublín, un trabajador del rubro de los seguros le planta cara al Ulises; sin más trámite, lo traduce. Un empleado bancario, personaje de cuento, puede leerlo mil veces gracias a esa traducción y soñar con un castillo en Irlanda.

Salas Subirat y Blaisten también son parte del periplo que se inició un 16 de junio de 1904 en las calles de Dublín, se hizo internacional en París el 2 de febrero de 1922 e increíblemente no se detiene. Cien años para el Ulises, en verdad, no son nada.


*Petersen, Lucas (2016): El traductor del Ulises. Salas Subirat. La desconocida historia del argentino que tradujo la obra maestra de Joyce. Buenos Aires, Sudamericana.

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