Corona locamente compartida

El Campeonato Mundial de Ajedrez Blitz se definió en Nueva York de manera irregular a pocas horas de los festejos de año nuevo.

Por Carolina Príncipe para Noticias la Insuperable ·

Algo olía mal en Nueva York este fin de año. En el marco del FIDE World Rapid & Blitz Championships 2024, el circuito Blitz culminó de manera insólita cuando Magnus Carlsen e Ian Nepomniachtchi acordaron compartir el título de campeón.

Iban empatando 3,5 a 3,5 y debían continuar la disputa hasta que uno de ellos ganara una partida, dado que estaba previsto que en caso de empate la corona se decidiera por “muerte súbita”. Ambos maestros, sin embargo, acordaron no seguir jugando y repartirse la preciada medalla de oro.

El árbitro principal del mega torneo, Alex R. Holowczak –también árbitro de cricket y, según las malas lenguas, modisto frustrado-, otrora tan estricto con el ridículo código de vestimenta, esta vez atendió las razones de agotamiento psicofísico que esgrimieron los jugadores y dejó la decisión que le correspondía tomar en manos del presidente de FIDE.

Arkady Dvorkovich no tuvo mejor idea que considerar –caprichosa y vertiginosamente-  la situación como imprevista y, amparándose en el punto 1.4 del reglamento del torneo, aceptar el acuerdo de los jugadores. Todo parecería indicar que el dirigente, sabiendo que Carlsen llevaba la voz cantante en el acuerdo, no hubiera querido seguir confrontando con el número uno del ranking mundial que, como se sabe, lo tiene contra las cuerdas y para el cachetazo con desplantes y cuestionamientos.

La decisión de permitir que se compartiese un título mundial sin disputar las partidas de desempate previstas  no  tiene precedentes en la historia moderna del ajedrez. El contexto, evidentemente, anticipaba cualquier tipo de irregularidad organizativa en horas previas al festejo de año nuevo.

Esta frutilla del postre de los dislates no sorprende en un torneo en el que Magnus Carlsen había sido descalificado en la novena ronda –también multado- del circuito Rápido al incumplir el código de vestimenta por vestir jeans, pero a su regreso al torneo Blitz volvía a ponérselos.

La arbitrariedad de Arkady implica el ninguneo al resto de los jugadores que debieron respetar a pie juntillas el reglamento del certamen. Las voces críticas, como era previsible, aparecieron de inmediato. La de Niemann no fue la única:

Queda también en entredicho la actuación de los árbitros internacionales, sobre todo la del principal. El “lavado de manos” de Holowczak lleva a pensar en una subordinación de la autoridad deportiva a los intereses de una política institucional que prioriza el espectáculo circense, la farandulización y los intereses corporativos por encima del ajedrez y de la mayoría de los ajedrecistas.


Imágenes: FIDE


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