El auge de las nuevas derechas en América Latina: la violencia como vehículo de goce.

Por Jorgelina Áster para Noticias la Insuperable ·
Mientras los políticos que hasta hace muy poco declamaban republicanismo, democracia y respeto a la diversidad se retiran a cuarteles de invierno, abrazan el ostracismo voluntario o se acoplan genuflexos a la nueva ola extremo-derechista, los intelectuales levantan la voz e intentan dar explicaciones racionales al imperio de la irracionalidad autoritaria.
La terminología disponible no ayuda: las categorías conocidas se diluyen en equívocos e inexactitudes. Recurrir a categorías políticas cuando la política misma se encuentra comatosa es una aventura incierta. Sin embargo, ciertas analogías parecen ineludibles. La atracción del término “fascismo”, nacido para caracterizar un fenómeno propio de otro contexto histórico, está en esa situación.
Un grupo de académicos latinoamericanos se decidió por una variante que, al menos en forma transitoria, podría funcionar como caracterización que remita a una experiencia conocida pero que la actualice en sus diferencias socio-evolutivas: liberfascismo.

Dicen que “si bien este renacimiento extremista es denominado en términos vagos e indicativos como “fascismo”, consideramos que, luego de un análisis detenido, las extremas derechas de ahora no son simples repeticiones de los fascismos del s. XX. Se trata de una gubernamentalidad e ideología inéditas que, por un lado, no se reducen al neoliberalismo y, por otro lado, sobrepasan a la alt-right europea-anglosajona y al libertarismo contemporáneo. Le damos el nombre particular de liberfascismo, en la medida en que trae un nuevo modo de subjetivación política: el defensor de sí.”.
Forman el colectivo autoral Jesús Ayala-Colqui, Arturo Romero Contreras, Nicol A. Barria-Asenjo, Jesús Wiliam Huanca-Arohuanca y Antonio Letelier S. En La extrema derecha como problema psicoanalítico: acerca del “liberfascismo” y sus modalidades de goce, publicado en el para Argentina fatídico diciembre de 2023, buscan caracterizar el devastador fenómeno desde sus particularidades sociopolíticas y, también, desde su funcionamiento inconsciente.
Desde el punto de vista sociopolítico, destacan la ontología social del defensor de sí. Desde lo inconsciente, consideran la fantasía de la violencia en la relación con el otro como vehículo de goce.
El liberfascista se presenta como agredido y es entonces una figura defensora-de-sí, que concibe el mercado capitalista como un baluarte a enaltecer y preservar a través de noticias falsas e hipérboles. Combina posiciones neoliberales con intervenciones estatales concretas como los aranceles u otras imposiciones. Es segregacionista y conspiracionista porque asume que ha sido privado de la expresión de su verdad.

Mientras el liberfascista no se encuentra en una posición dominante, necesita conquistar la palestra política. Si no lo logra, recurre a la violencia. Así, uno de los rasgos esenciales del liberfascismo consiste en su posición militarista, que no se reduce a la justificación de las dictaduras militares históricas sino que encumbra la figura del ejército, la violencia de sus miembros y una lógica en la que el orden social tendría que depender de una estructura castrense.
El militarismo, que debería ser espejo de las estructuras policiales represivas, implicaría también una autodefensa descendente hasta la población: el incentivo para portar y usar armas, una forma de incentivo para la creación de milicias populares: “Esto hace que el liberfascista se encuentre con un pie en la estructura política de partidos y, al mismo tiempo, en el terreno de la guerra civil.”.
Los autores entienden que el juego del liberfascista entre el sistema y su puesta en cuestión por medios violentos se hace eco en el modo en que éste se presenta, a saber, como una figura antiestablishment. Pero que en verdad no pretende cuestionar ni el sistema político ni económico, dado que “aprovecha el sistema de partidos para acceder al poder y defiende principios clave del libre mercado. Más bien representa un ejemplo más del divorcio entre capitalismo y democracia a escala global.”.

Ya en el territorio inconsciente, consideran que el liberfascista construye la fantasía ideológica en la que se auto-percibe salvador de un mundo decadente, frágil y afeminado: “En este escenario, la violencia deja de constituir un medio (no puede inscribirse ya en una relación medios-fines) y pasa a convertirse en el vehículo de goce; toda su acción estará encaminada a sostener su fantasía y su triunfo en la forma de la violencia.”.
Al trabajo completo puede accederse libremente: La extrema derecha como problema psicoanalítico: acerca del “liberfascismo” y sus modalidades de goce
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