El hilo postapocalíptico

La sospecha de un inminente derrumbe del mundo tal cual lo conocimos en tiempos de civilización se acerca cada vez más a la realidad y parece validar especulaciones imaginativas antes vistas como grandes fantasías.

Por Silvina Belén para Noticias la Insuperable ·

«No sé con qué armas se peleará la tercera guerra
mundial, pero la cuarta será con palos y piedras»
– [Atribuida a] Albert Einstein

Con la idea de ampliar el campo reflexivo e imaginativo esbozado en De la distopía al realismo, volvemos hoy a explorar zonas de contacto entre los cultores de las ciencias blandas, los estudios culturales y las letras.

Estas zonas de contacto tienen mucho que ver con los avatares ideológicos del último lustro, con el giro tal vez previsible pero no por eso menos sorprendente de las formas de liderazgo político y de la conformidad -o pasividad- ciudadana frente a la pérdida de más derechos y calidad de vida.

Los indicios de involución que muestran las sociedades crecen día a día. Cuando el neoliberalismo emprendió la retirada tras haberse fagocitado a sus cómplices de buena apariencia, es decir: las democracias liberales -según Stiglitz, cerca de 2020-, su relevo ultra tuvo el campo orégano para desparramar gobiernos retrógrados e imponer la agenda del reaccionarismo más extremo.

Los que vieron venir las olas del tsunami extremista poco pudieron hacer con su prédica: la desilusión con las promesas de las democracias cómplices dejó empobrecimiento moral y material, furia y ansias de venganza. Las potenciales virtudes de una vida civilizada dejaron de seducir a los traicionados por el humanamente virtuoso capital impostado en la verba de los neoliberales.

Con interés escaso por participar en sufragios, las ciudadanías parecieron ver en el albur de allanar el camino a la desmesura una especie de antídoto contra la hipocresía que las había hundido. La cesura pandémica no trajo reflexión posterior ni cambios orientados a revalorizar solidaridad, empatía y relaciones civilizadas: lo que un puñado de soñadores profetizaba quedó en el olvido.

Mundos demasiado posibles

En Separación (Severance), novela publicada en 2018, poco antes de la pandemia del covid, Ling Ma construye una historia alternativa a la de Estados Unidos a partir de una epidemia de fiebre letal que estalla en 2011, mata a las personas después de haberlas llevado compulsiva y absurdamente a repetir comportamientos de su pasado y deja escasos sobrevivientes que deberán lidiar con el rápido avance apocalíptico.

Candace Chen, una de las sobrevivientes y protagonista de la novela, enfrenta el caos unida a un pequeño grupo encabezado por Bob, autoritario, cruel y cuasi mesiánico líder: “Él dicta y hace cumplir las reglas, reglas que solo él conoce y entiende plenamente. Nos ve como individuos a quienes premiar o castigar».

Pero la historia del presente que sufre Chen es tan significativa como la de su pasado, plasmada en flashbacks esclarecedores. La visión del trabajo de Candace durante la pre-epidemia y su escalada febril es un compendio grotesco de las modalidades y reglas laborales de un neoliberalismo que privilegia el híper-consumo -sobre el que antaño advertía T. Adorno- y las apariencias a guardar en un mundo de comatosa globalización. La parodia se impone con premonitoria fuerza apocalíptica.

La hasta hace poco tan encumbrada cultura organizacional proyecta sus taras incluso en medio del caótico terror que transmite la narración. En su interesante crítica, Michael Schaub –2018– destaca que “el personaje de Bob se presenta como el típico gerente intermedio ávido de poder; [Ling]Ma parece sugerir que, incluso en caso de apocalipsis, no se puede escapar de la burocracia inútil.” Y que “Severance es el tipo de sátira que provoca estremecimientos en lugar de risas”.

N. K. Jemisin, en sus cuentos de la colección ¿Cuánto falta para el Mes del Futuro Negro?, su trilogía de novelas Tierra Rota o La ciudad en la que nos convertimos, teje una telaraña de verosímiles traumas para las grandes urbes, sus habitantes y para el planeta en sí desde puntos tan interrelacionados como el cambio climático, la virtualidad demoledora o, entre otros, el imperio de la superstición y creencias que reconfiguran comunidades hacia el desquicio. Solo la sensación de estar frente a una fantasía ilimitada atempera la sensación de vacío en la recepción lectora.

Salvarse de la chatarra

Hay en los medios, para nuestra desgracia, un remedo de ciencia ficción que gana terreno: el de las predicciones frívolas de los mega-millonarios, que para más inri llegan con el agravante de sus propuestas salvadoras y hasta podrían ser grandes proyectos de negocios para sextuplicar fortunas.

Texto sobre la advertencia de Elon Musk sobre el fin de la Tierra y la propuesta de colonizar Marte como única solución.

Que, por ejemplo, los expertos le adviertan a Elon Musk que la colonización de Marte, como él propone para salvarnos del sol que nos calcinará dentro de cinco mil años, implica un desafío tecnológico para el que todavía no estamos preparados y que la prioridad debería ser proteger la vida en la Tierra, abordar con seriedad problemas ambientales y asegurar la supervivencia humana a mediano plazo, poco importa: Musk igualmente acapara titulares de ciencia ficción chatarra.

Por eso, a ojos vista, al considerar tanta chatarrería mental viralizada, por muy inquietantes que pudieren resultar las fantasías del arte, el intelecto sufre con ellas menos afrentas. Así que, mejor, volvamos a la verdadera narrativa de ciencia ficción.

Lauren James, joven escritora británica, plantea en una novela que ha sido considerada como lectura para adolescentes, las consecuencias de un virus de la infertilidad que impone la ineludible extinción humana a corto plazo. Lowrie y Shen, únicas reliquias de juventud del mundo, son protagonistas de El silencio en el fin del mundo (2019).

Más allá de sus méritos literarios, la narración pone sobre el tapete un tema crucial que no se relaciona por ahora con un virus sino con una actitud esquiva hacia la reproducción que impera en nuestro tiempo. Un tema opacado por las preocupaciones económicas que genera el envejecimiento promedio de la población y sus costos previsionales y sanitarios al consumir recursos emanados de unos impuestos que el relato en boga de la politiquería ultra afirma que habría que abolir para acercarse al paraíso.

Pero, claro, hay narraciones publicadas hace décadas que parecen lanzarse hacia las señales que da el presente. El Último Barco (1988), de  William Brinkley, sin ir más lejos, entra en contacto con una zona del mundo que Trump en su retorno presidencial ha puesto en el ojo de la tormenta geopolítica: el Círculo Polar Ártico.

En esta novela de Brinkley, de gran factura, destacan la presencia de la armada norteamericana en el Mar de Barents, el fulminante conflicto nuclear desatado con la URSS y un mundo casi inhabitable que, en su lectura actual, revitalizan temores propios de la Guerra Fría quizá en verdad no superados. No por casualidad las artes audiovisuales siguen abrevando en los textos del autor.

Hilando fino

Por el hilo apocalíptico que une creaciones literarias inquietantes pasan o se combinan una o varias de las señales de inminente decadencia extrema que con el ilusorio optimismo de un cambio de época se tiende a reprimir o negar en nombre de alguna retropía falaz o del avance ilimitado del bienestar que impondrían la ciencia y la tecnología a pesar de eventuales resistencias.

Desde un punto de vista no estrictamente literario pero sí narrativo o, si se quiere, del relato político o la perspectiva cultural, el ineludible Bifo Berardi sentencia que “La narrativa apocalíptica describe de manera realista la situación creada por cuarenta años de neoliberalismo -apoyado y promovido por fuerzas democráticas- mucho mejor que la izquierda inconsciente contemporánea, bienintencionada pero incapaz de reconocer la realidad e interpretar. Por eso triunfa el ultra-reaccionarismo, porque está en sintonía con la percepción colectiva, con el nihilismo de masas producido por cuarenta años de absolutismo del capital.”.

Berardi

A pesar de las inclemencias de un absolutismo de al menos cuatro décadas, crece la inercia hacia la competencia despiadada, la cerrazón a lo interpersonal y el individualismo a ultranza que se fusionan con un olvido selectivo de traumas sociales y personajes siniestros de la vida pública que retornan como adalides. Una enfermedad paradojal que se resiste tanto al cultivo de la memoria como al análisis racional.

Hay, precisamente, retornando a la esfera de la literatura, una novela de Peng Shepherd centrada en el flagelo del olvido: El libro de M. Con tópicos como el de la pérdida de la sombra de A. von Chamizo, leves contactos con los efluvios amnésicos de Querig, dragón hembra de Ishiguro, y una búsqueda por desentrañar la perdida esencia de la unión entre seres humanos, este relato postapocalíptico lleva a un límite simbólico los estragos de la desmemoria.

En definitiva, con su atmósfera de coqueteo con lo legendario y lo mítico, una novela original que a pesar de las inconsistencias propias de una trama de compleja fantasía, pone el dedo en las llagas del universo de crecientes problemas cognitivos que enfrenta la humanidad.

Si sospecháramos que la senda apocalíptica parte de la desesperanza, es decir: no existe ni el más mínimo asidero al que aferrarse para esperar circunstancias mejores, serviría considerar el ánimo y la imago mundi  de generaciones jóvenes e intermedias. Apelar  a novelas que no encuadren ni en la ciencia ficción ni en las distopías no estaría nada mal para ampliar horizontes de comprensión y dar un cierre provisional al recorrido de este artículo.

De la amnesia al desencanto

Fuera de la narrativa en lengua inglesa –prolífica en todos los subgéneros pero sobre todo en distopías-, puestos a elegir con ineludible arbitrariedad, Interior cero (2022) tendría suficiente potencial. La novela de la escritora rumana Lavinia Braniste no pasó desapercibida y su repercusión quizá haya gratificado a los editores más de lo que en el fondo esperaban.

La primera impresión notable de Interior cero que se percibe es la universalización del hastío, el desencanto y el agobio alumbrando desde una capital inesperada: Bucarest, ciudad que si en alguna ocasión se evoca es para recordar el  yugo dictatorial que dejó huellas indelebles pero que ya es historia que se presume, tal vez con ingenuidad, no volverá.

En su crítica, Andrea Núñez  hace hincapié en que “el bicho” del que habla Braniste a través de las impresiones de Cristina, la protagonista, “no vive solo en Bucarest, sino que carcome el planeta entero: el tardocapitalismo”.

Cristina narra su vida de rutinas sin provecho ni mínimo placer. Sus escasas ilusiones de trascender la precariedad material que la agobia se desvanecen frente al muro infranqueable del progreso personal y del reconforte afectivo. Con humor ácido y un trasfondo de resignación, se acopla sin expectativas al transcurrir de los días.

Los personajes de su entorno, desde el principio,  delinean un arco de posturas con extremos que van de la intolerancia a un áspero realismo vital de época: “Mi jefa odia a los españoles. Y a los judíos, a los húngaros, a los homosexuales, a todas las secretarias, a todos los funcionarios, a todos esos obreros gitanos de Dinamic…”, o bien “Otilia, mi mejor amiga, que por otra parte no deja de repetirme, para consolarme (a mí, y de paso a sí misma), que el amor es un constructo cultural y que la humanidad se extinguirá como especie antes de haber encontrado la manera de huir de la Tierra.”.

Aunque la autora haya declarado en entrevistas posteriores a la publicación que cambiaría el tono de su novela por uno menos fatalista y más esperanzado, que dejaría puertas abiertas a la valoración de las riquezas interiores de su alter ego ficcionalizado y que, en definitiva, intentaría mostrar que hay una felicidad posible si se acepta lo que se es y el lugar que se ocupa en el mundo, la fuerza del sentir de una generación permanece como las huellas que iniciaron un camino que sigue alargándose hacia lo incierto.

Intuiciones

Así como Menos que cero (1985) y American Psycho (1991) de Bret Easton Ellis –especialmente esta última- le dieron vida literaria a la oscuridad de la cultura yupie propiciada por el auge del capitalismo financiero, la nueva etapa que nos toca sufrir tiene una relación literaria más estrecha con la ciencia ficción que con el humor negro, las voces narrativas poco fiables y el relato de escándalo y desafío al buen gusto que caracterizó la obra de Ellis.

A pesar de que el noventismo y la actual etapa de extrema derecha hegemónica no han roto su ligazón genética, la proyección de sus sombras en las letras ha cambiado sin la intervención de ninguna fuerza relacionada con Mendel ni sus epígonos. A lo mejor el origen del drástico giro tenga su explicación, provisional si se quiere, en el territorio de las intuiciones humanas.

La intuición, desvalorizada  como recurso indefinible de acceso al conocimiento, como herramienta de anticipación y sexto sentido, parece hoy más que nunca obstinada en advertirnos enérgicamente la cercanía de la inexorable decadencia. No tuvo esa fuerza en los devastadores años de tiranía neoliberal, pero ahora da la impresión de haberse plantado en sus trece.


Obras relacionadas con este artículo y otros textos de interés

FICCIÓN: Separación (Severance), de Ling Ma | ¿Cuánto falta para el Mes del Futuro Negro? (colección de cuentos), Tierra Rota (trilogía) y La ciudad en la que nos convertimos, de N. K. Jemisin (Nora Keita Jemisin )*| El silencio en el fin del mundo, de Lauren James (Wren James) | El Último Barco,de William Brinkley | El libro de M, de Peng Shepherd | Interior cero, de Lavinia Braniste | Menos que cero  y American Psycho, de Bret Easton Ellis. |||  NO FICCIÓN: J. Stiglitz (2019): El fin del neoliberalismo y el renacimiento de la historia: https://nuso.org/articulo/crisis-neoliberalismo-historia-elites-capitalismo-protestas/ | NLI: De la distopía al realismo | Blog ILDESERTORE, de Franco Bifo Berardi. | Berardi, Franco: Desertemos, Buenos Aires, Prometeo, 2024. Traducción de Darío Bursztyn. | Forti, Steven: Extrema derecha 2.0, México, Siglo XXI, 2021.

NK Jamisin

*Premios HUGO: a la mejor novela en 2016, 2017 y 2018, a la mejor novela corta en 2020 y en 2022 a la mejor historia gráfica por Far Sector. Premio Nébula 2017 a la mejor novela. También ganó tres premios Locus.



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