
Algunos la llaman la Meca del teatro. La historia concisa de los comienzos y un mini-tour a través de citas, referencias e imágenes.
Por Ficcional para Noticias la Insuperable ·
Es patrimonio que reconforta a muchos argentinos y asombro para todos los visitantes extranjeros. Irrita a los reaccionarios tanto como a los conservadores disfrazados de liberales, que a duras penas toleran el teatro comercial edulcorado.
«La capital argentina se encuentra en el ranking mundial de ciudades con más teatros, la mayoría con propuestas alternativas. Son lugares dedicados a la experimentación, al aprendizaje y al desarrollo de inquietudes, donde la crítica y la poética personal cobran vida, con precios accesibles e ideas infinitas. Muchos nacieron en tiempos de crisis y siguen creciendo con proyección nacional e internacional. Lo hacen con una gran lección: el compromiso y la pasión.» (Carmina Balaguer @carmina_balaguer )

Los tiempos de crisis, por infortunio, son casi todos. Pero no importa, el teatro independiente, a fuerza de cíclicos ataques, ha generado anticuerpos. Dramaturgos, actrices, actores, directores, en fin, todos los teatreros y teatreras han padecido la violencia explícita o disimulada, como la de hoy, de las muchas restauraciones conservadoras. Y el desconcierto en periodos de claroscuros.
Pero bueno, además de arduas luchas por sobrevivir creciendo, también hay nostalgias históricas, hitos, recuerdos…

MUCHO ANTES…
Teatro de la Ranchería
Siripo, de Manuel de Lavardén, una tragedia en cinco actos, se estrenó en el Teatro de La Ranchería durante el carnaval de 1789. Se la conoce como la primera obra de autor criollo estrenada en Buenos Aires.
La compañía de los Chiarini, alrededor de 1830, es la primera que se presenta tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Pepe Chiarini y su esposa, Madame Angelita, animan un espectáculo de pruebas de agilidad, malabares y equilibrio en la cuerda floja. También incluyen pantomimas y bailes criollos. Tiempo después, en 1842, el Circo Olímpico de Buenos Aires incorporará al espectáculo circense obras teatrales: además del picadero, aparecerá el escenario. A partir de estas experiencias artísticas nacerá más tarde el circo criollo, con sus dos partes características: la primera, con acrobacias y comicidad; la segunda, con la representación dramática.
Eduardo Gutiérrez recurrió a los hermanos Podestá para llevar al teatro su folletín Juan Moreira. Así se unió el drama criollo a la tradición circense. Al principio se representaba con mímica y musicalizado, pero en 1886 los Podestá decidieron que el drama tuviese texto. Fue un éxito que recorrió la Argentina por mucho tiempo.

«A pesar de los teatros suntuosos, yo vuelvo con ternura infinita mis ojos hacia el circo criollo, que fue la cuna gloriosa donde nació para triunfar la dramática rioplatense. Debió haber sido el circo el continente teatral único; buscamos, sin embargo, el perfeccionamiento de nuestro arte escénico en la asimilación de las formas europeas seculares. Si no hubiéramos abominado del circo, si no hubiéramos cambiado los dos sitios de acción -la pista y el tabladito- por el proscenio tradicional, hoy tendríamos la forma dramática más original del mundo». (Enrique García Velloso)

BASTANTE DESPUÉS…
En 1930, con el derrocamiento de don Hipólito Yrigoyen, surge el movimiento de los teatros independientes -con Leónidas Barletta a la cabeza y su Teatro del Pueblo- del que, como sospechaba Roberto Cossa a fines de 2019, “los argentinos y argentinas –especialmente los porteños— no tenemos idea del significado cultural que tiene.”. Y no se excluía: “Ni siquiera los que somos sus protagonistas.”.

En ese entonces, unos cinco años atrás, siguiendo las cifras de Tito Cossa, había en Buenos Aires unas 170 salas registradas, pero llegaban a cerca de trescientos los espacios, repartidos en los barrios, fuera del circuito comercial, donde se concretaban muestras teatrales.
Pero volviendo al ’30, “cuando a Yrigoyen lo embalurdaron”, hay una joya referencial que parte de ese año: Hacia una historia integral del teatro independiente en Buenos Aires (1930-1944), de María Fukelman. Según Jorge Dubatti, es decir: con certeza, el “libro despliega el primer estudio de fuentes, amplio, completo y sistemático, sobre los primeros años del teatro independiente de Buenos Aires”. Todo sobre esta obra puede verse aquí, en NLI (“Por amor al teatro”).
En el periodo que estudia Fukelman nacieron el Teatro del Pueblo (1930), el Teatro Proletario (1932), el Teatro Juan B. Justo (1933), el Teatro Íntimo de La Peña (1935), IFT (1937), La Cortina (1937), el Teatro Popular José González Castillo (1937), La Máscara (1939) y Espondeo (1941). Al final, el Teatro Libre de Buenos Aires, creado en 1944 por Roberto Pérez Castro.

Siguieron décadas arduas. La censura tuvo protagonismo casi siempre: moralista o ideológica, solapada o violenta, también terrorífica. Ridícula, incluso: “La Municipalidad nos prohibió las representaciones porque Dostoievski era ruso. Fui corriendo a ver quién era el ignorante que así nos censuraba. El censor era Gustavo de Gainza, sobrino del director de La Prensa. Confieso que me causó placer verle la cara a la censura.”, relata rememorando sucesos de 1949 Pedro Asquini (1990, El teatro que hicimos. Buenos Aires, Rescate.).
La etapa peronista, muy compleja para el teatro, en cierta forma la sintetizó tiempo atrás Alejandra Boero: “Antes había llegado el peronismo, y todo el mundo se retiraba, esa fue conocida como la etapa negra de la cultura argentina. Todos los días La Nación o La Prensa publicaban que algún libro no iba a salir o que tal revista se cerraba, o se disolvía una agrupación. Este fue el defecto de la primera etapa del peronismo, que tal vez no hubiera sido tan grave si los intelectuales hubieran percibido que la acusación de nazismo que le hicieron a Perón no hubiera tomado tanto cuerpo si los que tenían que estar cerca para darle color a este movimiento, hubieran estado.”.

Agregaba también: “Pero se retiraron todos, porque era una cultura burguesa y oligárquica. Nosotros realmente no supimos reconocer que había un movimiento popular y que se podía aportar algo… Había una cultura clasista que habíamos mamado, y nos limitaba. Siempre lo reconozco como una actitud honesta porque nosotros no nos disfrazamos, pero nos pusimos en la vereda de enfrente.”.
Y redondeaba: “Mucha gente dejó de actuar. Aquí empieza el verdadero movimiento del teatro independiente. A nosotros el peronismo nos benefició, porque hacíamos una cultura opositora. No podíamos ni sabíamos hacer otra cosa.”. (Osvaldo Pellettieri, Escena y poder en el teatro argentino (1945-1955): peronismo y teatro. En: Théâtre et pouvoir, édité par Daniel Meyran et al., Presses universitaires de Perpignan, 2002. Págs. 59-69.)

Después, “Las administraciones posteriores, que no contaron con el legítimo aval de las urnas que podía exhibir el peronismo, o acaso por eso mismo, por su origen fraudulento, mostraron aun mayor inquina e interés en silenciar al movimiento. En este sentido circula en librerías un sabroso libro de memorias de Pedro Asquini [más arriba citado], donde cuenta con el humor de los apasionados sus éxitos y fracasos en el trance de eludir para su grupo, el mítico Nuevo Teatro que fundó junto con Alejandra Boero, la persecución ideológica del Estado y el afán puesto en conseguir una condición de visibilidad que con desdén le negaban el oficialismo y la prensa escrita.”, sintetiza Roberto Perinelli.

Como se ve, el camino de la escena independiente, que Perinelli prefiere llamar alternativa, hasta llegar a la deslumbrante Ciudad teatral, única, que vemos en nuestro siglo, tuvo un sinuoso y complejo derrotero. Hay bibliografía especializada para cubrir íntegramente la centuria que abarca. Para quien prefiera un panorama general, es recomendable un texto del mismo Perinelli, accesible en la Red: Teatro: de Independiente a Alternativo. Una síntesis del camino del Teatro Independiente argentino hacia la condición de alternativo y otras cuestiones inevitables, en: Cuad. Cent. Estud. Diseño Comun., Ensayos No. 50, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dic. 2014.

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Buenos Aires has more and better theater than any capital cit
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