En un nuevo capítulo del experimento destructivo de Milei, el Gobierno impulsa una “Ley de Libertad Educativa” que dinamita la Ley Nacional de Educación e instala un modelo donde el Estado se corre, las familias quedan a la deriva, la religión vuelve por la puerta grande, los docentes pierden derechos básicos y la precarización se convierte en política de Estado.
Por Leticia Graciani Fainel para Noticias La Insuperable

Un proyecto hecho para borrar al Estado
Mientras la crisis golpea a cada escuela pública del país, Milei avanza con un borrador que, disfrazado de “libertad”, pretende convertir la educación en un sálvese quien pueda. La ley reemplaza la estructura vigente desde 2006 y reduce el rol estatal a algo “subsidiario”, una palabra que en boca de este Gobierno es sinónimo de desaparición.
El proyecto menciona 27 veces la palabra “libertad”, pero solo 22 veces al Estado, un detalle que no es técnico: es ideológico. Milei busca transformar la educación en una mercancía, donde cada institución haga lo que quiera y donde la responsabilidad por garantizar derechos básicos recaiga exclusivamente en las familias.
Home schooling sin límites: ¿libertad o abandono?
El borrador habilita el home schooling sin edad mínima, sin criterios y sin ningún tipo de supervisión seria. La escuela deja de ser un derecho y se convierte en un favor. Eso sí: los chicos deberán demostrar lo que aprenden mediante “exámenes periódicos”, como si la educación fuera un trámite administrativo y no un proceso integral, social, afectivo y colectivo.
Mientras tanto, Milei se frota las manos: menos chicos en la escuela significan menos presupuesto, menos inversión estatal y más espacio para el negocio privado de la educación a distancia.
Religión en escuelas públicas: un salto al siglo XIX
Como si fuera poco, el Gobierno habilita que las provincias dicten enseñanza religiosa confesional en las escuelas públicas, aunque “fuera del horario escolar”. Un truco conocido: declaran lo optativo, pero lo fomentan desde el Estado.
Después de destruir el Ministerio de Educación, Milei ahora pretende reintroducir dogmas en la escuela pública que tanto costó construir laica, plural y democrática.
Planes de estudio “propios”: carta blanca para empresas y fundaciones amigas
El proyecto permite que cada escuela diseñe planes de estudio propios, paralelos a los oficiales. En la práctica, esto abre la puerta para que fundaciones empresariales, ONGs ultraliberales o grupos religiosos—los mismos que aplauden cada recorte de Milei—controlen contenidos, evaluaciones y materiales formativos.
Mientras tanto, la educación pública queda fracturada, sin un marco común, sin igualdad de oportunidades y sin cohesión nacional.
Docentes a dedo: sin concursos, sin estabilidad y sin derechos
Uno de los aspectos más graves del borrador es la eliminación de los actos públicos y la apertura para que directivos o gobiernos seleccionen docentes “según criterios propios”. O sea: a dedo.
Esto rompe con décadas de transparencia y meritocracia real en el sistema educativo. Y no solo eso: la ley también habilita su despido discrecional, transformando a los docentes en trabajadores totalmente precarizados, sin carrera, sin estabilidad y sin voz.
El mensaje es claro: Milei quiere callar a los maestros, disciplinarlos y convertirlos en empleados descartables.
La educación como “servicio esencial”: disciplinamiento al estilo dictadura
Al declarar “esencial” la educación básica, Milei busca garantizar la “continuidad mínima del servicio educativo” incluso en días de paro. No se trata de cuidar a los alumnos: se trata de quitarle derechos a los docentes, impedir el ejercicio de la huelga y convertir cualquier reclamo laboral en un delito.
Un viejo anhelo de la derecha: escuelas abiertas, docentes pobres y silenciados.
Un proyecto improvisado que responde a intereses privados
El borrador recupera las ideas que Sturzenegger había metido a escondidas en la primera Ley Bases. No sorprende: la reforma educativa del Gobierno fue redactada con el mismo espíritu que su política económica—la destrucción planificada de lo público para beneficio de unos pocos.
Mientras las provincias se caen a pedazos y las universidades sobreviven como pueden, Milei se concentra en instalar una “libertad educativa” que no es más que la libertad de mercado para hacer negocios con la educación de nuestros hijos.
Epílogo: defender la educación es defender el futuro
Nada de esto es casual. La educación pública, inclusiva y gratuita siempre fue un obstáculo para los proyectos neoliberales. Forma ciudadanos críticos, organizados, capaces de exigir derechos.
Por eso Milei necesita debilitarla.
Pero también por eso debemos defenderla, con la misma convicción con la que generaciones anteriores la conquistaron.
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