Los orígenes del beso

¿Quién inventó el beso? ¿Un grupo de humanos tempranos en un fogón paleolítico? ¿Los romanos en pleno Coliseo? ¿O quizás somos recién llegados a una costumbre mucho más vieja, compartida con orangutanes, chimpancés, bonobos e incluso con nuestros primos extintos, los Neandertales?
Un equipo de investigación encabezado por Matilda Brindle, Catherine Talbot y Stuart West vino a patear el tablero evolutivo: el beso, tal como lo conocemos, podría tener más de 20 millones de años.

Por Alina C. Galifante para Noticias La Insuperable

El beso antes del beso

La imagen romántica de dos humanos juntando los labios es, evolutivamente hablando, una rareza. El trabajo científico parte de una definición amplia y no antropocéntrica: todo contacto oral-oral, dirigido, sin agresión ni intercambio de comida, acompañado de movimiento de labios o piezas bucales.

Bajo ese criterio, el beso deja de ser un invento cultural moderno y se transforma en un comportamiento repartido por todo el reino animal: hormigas, aves, albatros, osos polares, lobos, perros de las praderas, y un largo etcétera. Pero donde realmente abunda —y donde se puede estudiar con cierto rigor— es entre los primates afro-eurasiáticos.

Ahí aparece lo más jugoso: gorilas que sellan la paz con un toque bucal, chimpancés que usan el beso para reconciliarse, bonobos que convierten el gesto en un arte sensual, orangutanes que lo reservan para la familia, y humanos que lo combinamos con cultura, deseo y afecto.


La pregunta incómoda: ¿para qué sirve?

Porque si algo no cierra desde el punto de vista de la evolución es la aparente desventaja del beso: favorece la transmisión de enfermedades, implica proximidad extrema y expone la cara —una zona vulnerable— a otro individuo.

Entonces, ¿por qué seguimos haciéndolo?

La literatura científica plantea varias hipótesis:

  • Selección sexual: un beso podría funcionar como un test de salud y compatibilidad genética. El olfato, aunque no lo registremos, analiza microbiomas, señales inmunológicas y estado general del cuerpo.
  • Vínculo social: en especies cooperativas, acercar la boca es un acto de confianza. Entre bonobos y chimpancés suele resolver tensiones, reparar vínculos, o reforzar alianzas.
  • Aumento de la excitación pre-copulatoria: en algunos primates, el beso aparece en contextos claramente reproductivos.
  • Intercambio de microbios beneficiosos: una idea provocadora sugiere que ciertos microorganismos transmitidos en un beso fortalecen defensas inmunes compartidas.

Lo interesante es que ninguna de estas hipótesis excluye a las otras: el beso podría ser un cóctel evolutivo de todas ellas.


Kissing: el mapa primate

La revisión de Brindle y su equipo recorre registros en bonobos, chimpancés, gorilas orientales y occidentales, orangutanes de Borneo y de Sumatra, distintos grupos de macacos, langures y babuinos.

La conducta aparece con distintos sentidos:

  • En bonobos, con fuerte carga erótica y social.
  • En chimpancés, más breve, más tenso, y con un rol de reconciliación.
  • En gorilas, un gesto raro pero presente, tanto en contextos afectivos como en pausas durante interacciones sexuales.
  • En orangutanes, muy ocasional y usualmente vinculado al cuidado familiar.

Todo esto permite reconstruir un punto clave: el beso ya existía en el ancestro común de los grandes simios, en algún momento entre 21,5 y 16,9 millones de años atrás.


¿Besaban los Neandertales?

La evidencia no es directa —no hay fósiles de besos, por supuesto—, pero sí hay indicios microbiológicos compartidos entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis que apuntan a que, al menos ocasionalmente, el contacto boca a boca existió.

No sería extraño: si los grandes simios de hoy conservan la conducta, y si la raíz evolutiva es tan profunda, los Neandertales probablemente no fueron la excepción.


Un rompecabezas con piezas faltantes

El artículo reconoce un problema: los datos son poquísimos. El beso es raro, breve, muchas veces tabú de describir en papers etológicos, y en la literatura científica suele aparecer disfrazado de eufemismos. Por eso, el equipo no hizo un metaanálisis clásico sino una revisión dirigida, una especie de mapa preliminar destinado a guiar futuros estudios.

Aun así, el trabajo abre preguntas fascinantes:

  • ¿Qué condiciones ecológicas favorecen el beso?
  • ¿Qué especies lo perdieron en el camino evolutivo?
  • ¿El beso humano es biología, cultura o ambas cosas?
  • ¿Cómo inciden el tipo de dieta, la configuración social o el cuidado maternal?

¿El beso como ex-adaptación?

Otra línea de debate: el beso podría no haber surgido como beso, sino como transformación de otras conductas previas. Dos candidatas fuertes:

  • Premasticación: madres que pasan comida pre-masticada a crías.
  • Lactancia: en mamíferos, el contacto boca-pecho genera proximidad y podría haber derivado en formas de interacción oral más amplias.

Pero incluso si esas son las raíces, la pregunta evolutiva más importante sigue en pie: ¿por qué se conservó? Y ahí entran los vínculos, el sexo, la evaluación mutua, el apego.

El beso, entonces, aparece como un comportamiento sencillo pero cargado de biología compleja, un ritual íntimo que se plantó en la historia evolutiva mucho antes de que existiera la palabra “beso”.


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1 comentario

  1. Alina: OLVIDAS 1 TEORIA, PARA MI LA MAS PLAUSIBLE, Y MAS CERCANA QUE «neanderthals» Y GORILAS.- ¡LAS MUJERES ROMANAS! HACE 2.500/3.000 AÑOS LAS ESPOSAS DE SOLDADOS, CENTURIONES, ETC., BESABAN A SUS MARIDOS EN LA BOCA ¡NO POR ROMANCE! SINO PARA VERIFICAR OLOR A VINO, O LO QUE SEA ALCOHOL.- UNICA FORMA DE PREVENIR BORRACHERAS.-

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