El arrastrado de Pichetto habló sobre Venezuela

En un tuit publicado este sábado, Miguel Ángel Pichetto volvió a exhibir su corrimiento definitivo de cualquier tradición nacional y popular: avaló una invasión de Estados Unidos a Venezuela, la llamó “intervención americana” y despreció principios básicos del peronismo como la autodeterminación de los pueblos.

Por Roque Pérez para NLI

El ex senador y dirigente devenido en comentarista del orden global celebró, sin decirlo explícitamente, una invasión extranjera a un país soberano de América Latina. Lo hizo con un lenguaje cuidadosamente edulcorado, pero no por eso menos grave: habló de “intervención americana”, como si Estados Unidos fuera sinónimo del continente y no una potencia imperial con intereses concretos, sobre todo petroleros.

El primer problema del planteo de Pichetto es conceptual y político a la vez. No existe tal cosa como una “intervención americana”. América no invade: invade Estados Unidos. El uso de esa expresión no es ingenuo, busca diluir responsabilidades y legitimar una acción militar extranjera sobre un país latinoamericano bajo un falso consenso regional que no existe.

Pero el desliz —o sinceramiento— va más allá del lenguaje. Pichetto propone abandonar lo que llama “la visión ideológica de los setenta”, una forma habitual de descalificar toda doctrina que cuestione el intervencionismo de las potencias. En ese desprecio entra, de lleno, uno de los pilares históricos del peronismo: el principio de autodeterminación de los pueblos, consagrado tanto por Juan Domingo Perón como por el derecho internacional.

Autodeterminación, no tutelaje

Desde su origen, el peronismo sostuvo una política exterior basada en la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados y en la defensa de la soberanía política. Pichetto, que durante años se presentó como peronista, hoy parece alineado sin matices con la lógica del Departamento de Estado: los problemas de la región se “ordenan” con intervención externa.

No hay en su mensaje una sola mención al derecho del pueblo venezolano a resolver sus conflictos sin marines, bloqueos ni gobiernos impuestos. Tampoco una condena al historial de fracasos, violencia y saqueo que dejaron las intervenciones estadounidenses en América Latina, desde Guatemala hasta Irak, pasando por Panamá o Libia.

Occidente como excusa

Pichetto afirma que “nuestro país está inserto en occidente” y que por eso debe aceptar este nuevo orden. El razonamiento es lineal y peligroso: ser parte de Occidente implicaría obedecer sin chistar. No hay soberanía posible en ese esquema, solo subordinación. La historia argentina demuestra que cada vez que se aceptó ese lugar periférico, el resultado fue ajuste, endeudamiento y pérdida de autonomía.

El contraste es obsceno cuando, en el mismo tuit, el ex senador habla de defender la producción nacional, la industria y el trabajo. No se puede reivindicar soberanía económica mientras se aplaude la violación de la soberanía política de un país hermano. O se defiende la soberanía en serio, o se la usa como palabra vacía para la tribuna.

El peronismo que Pichetto abandonó

La defensa del interés nacional no es compatible con el aval a invasiones extranjeras ni con la naturalización del rol de gendarme global de Estados Unidos. Mucho menos con la idea de que América Latina necesita tutores armados para “ordenarse”.

Pichetto ya no discute desde el peronismo: discute contra él. Su tuit sobre Venezuela no es un error aislado, es la confirmación de una deriva ideológica que lo ubica cómodamente del lado de los que justifican el saqueo, la ocupación y la pérdida de soberanía en nombre de un supuesto realismo.

Llamar “americana” a una invasión estadounidense no es solo una imprecisión: es una toma de posición. Y deja en claro, una vez más, de qué lado está Pichetto cuando se trata de elegir entre los pueblos y el imperio.


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