Estados Unidos, petróleo y tutela colonial: Venezuela como botín y Milei como vocero

Las palabras de Donald Trump sobre “administrar” Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro dejaron al descubierto una intervención sin eufemismos. El objetivo vuelve a ser el petróleo, mientras Milei actúa como vocero obediente de una estrategia que amenaza a toda América Latina.

Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

Estados Unidos ya no disimula
Cuando Donald Trump afirmó que Estados Unidos “va a administrar el país hasta que se pueda hacer una transición segura”, no cometió un exabrupto: explicitó un plan histórico. La idea de tutela externa sobre un Estado soberano remite a las peores prácticas del siglo XX, cuando Washington decidía gobiernos, economías y destinos en función de sus intereses estratégicos.

El contexto no es menor. Las declaraciones se produjeron luego del operativo que el gobierno venezolano denunció como el secuestro de Nicolás Maduro, un hecho de extrema gravedad institucional que fue rápidamente utilizado por sectores internacionales para justificar una escalada política y diplomática contra Caracas.

Petróleo, sanciones y control geopolítico
Detrás del discurso de “estabilidad” y “transición” se encuentra el verdadero motor de la ofensiva: el petróleo venezolano. Venezuela concentra una de las mayores reservas probadas del planeta, un recurso clave en un mundo atravesado por tensiones energéticas y disputas entre potencias.

Las sanciones económicas, el bloqueo financiero, el intento de imponer autoridades paralelas y ahora la amenaza de “administración” extranjera responden a una misma lógica: desplazar al Estado venezolano del control de sus recursos y abrir el camino a las corporaciones energéticas de Estados Unidos. La retórica humanitaria funciona como cobertura de una operación económica de gran escala.

Milei y la diplomacia de rodillas
En este escenario, la postura de Milei no sorprende, pero sí alarma. Lejos de defender el principio de no intervención o la soberanía regional, el gobierno argentino eligió alinearse sin condiciones con Washington, avalando de hecho una narrativa colonial que naturaliza la ocupación política de un país latinoamericano.

No hubo cuestionamientos a la idea de “administrar” Venezuela, ni advertencias sobre el peligro que implica ese precedente para la región. Milei volvió a demostrar que su política exterior no se define en Buenos Aires, sino en función de la agenda estadounidense, aun cuando eso implique debilitar la posición histórica de Argentina en América Latina.

Una amenaza que excede a Venezuela
La ofensiva sobre Venezuela no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia más amplia donde los recursos naturales, la energía y la disciplina geopolítica vuelven a ocupar el centro de la escena. Aceptar que una potencia extranjera administre un país es aceptar que la soberanía latinoamericana es negociable.

Hoy el blanco es Venezuela. Mañana puede ser cualquier otro país que no se subordine a los intereses de Estados Unidos. En ese tablero, el rol de Milei no es el de un actor soberano, sino el de una marioneta funcional a un proyecto ajeno, dispuesto a legitimar lo que otros deciden.


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