Tras su secuestro y traslado forzado a Estados Unidos, Maduro armó una defensa de altísimo perfil en Nueva York: eligió a un abogado con llegada directa al corazón del poder estadounidense y antecedentes en causas que incomodaron a Washington.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

El secuestro de Maduro, realizado de manera sorpresiva mientras dormía junto a su esposa y seguida de un traslado de urgencia a Nueva York, abrió un frente judicial de alcance global. El líder chavista enfrenta un juicio por narcoterrorismo en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, con cargos graves impulsados por la Fiscalía General estadounidense.
Maduro contrató al abogado Barry Pollack para encabezar su equipo de defensa legal. Se trata de uno de los penalistas más reconocidos de Washington, con una trayectoria que combina litigios complejos, acuerdos políticos sensibles y una mirada crítica sobre el alcance extraterritorial de la justicia de Estados Unidos.
Pollack ya presentó el documento formal de comparecencia ante el juez Alvin Hellerstein, de 92 años, quien será el encargado de presidir el proceso. Su estudio jurídico está ubicado a escasos metros de la Casa Blanca, un dato que no pasa desapercibido en una causa atravesada por tensiones diplomáticas y disputas de poder.
Un defensor con llegada al poder
Barry Pollack ganó notoriedad internacional por haber sido una pieza clave en el acuerdo con la justicia estadounidense que permitió la liberación de Julian Assange, fundador de Wikileaks. Ese antecedente lo posicionó como un abogado capaz de moverse con soltura en causas donde el derecho penal se cruza con intereses geopolíticos.
En su carrera también figura el caso Enron, uno de los mayores fraudes financieros de la historia estadounidense. Allí, Pollack logró la absolución de uno de los pocos altos ejecutivos que no terminó condenado, un logro que reforzó su reputación como defensor en escenarios adversos.
En declaraciones recientes, el propio Pollack advirtió sobre la expansión de la jurisdicción global de Estados Unidos, una postura que hoy adquiere un peso particular al asumir la defensa de Maduro en un tribunal federal norteamericano.
Acusaciones, cargos y otras defensas
La Fiscalía acusa a Maduro de enriquecimiento ilícito y de haber liderado planes para introducir grandes volúmenes de cocaína en territorio estadounidense. Se trata de cuatro cargos que, de prosperar, podrían derivar en condenas severas y sentar un precedente político-judicial sin antecedentes recientes.
En paralelo, Cilia Flores, esposa de Maduro y detenida en la misma operación, también enfrenta acusaciones por narcoterrorismo. Su defensa quedó en manos de Mark E. Donnelly, un penalista radicado en Houston, con pasado en el Departamento de Justicia y amplia experiencia en delitos financieros y lavado de dinero.
El fiscal y el trasfondo político
Del otro lado del estrado estará Jay Clayton, actual fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York. Clayton fue presidente de la Securities and Exchange Commission (SEC) y ahora lidera la acusación que busca desmantelar lo que Estados Unidos presenta como una red de narcoterrorismo vinculada a la cúpula del poder venezolano.
La primera comparecencia de Maduro, prevista para este lunes, marcará el inicio de un juicio que excede largamente lo penal. El proceso promete convertirse en uno de los eventos judiciales con mayor impacto geopolítico de las últimas décadas, donde la figura del abogado defensor no es un detalle menor, sino una señal política en sí misma.
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